Historia

Hinault, nace una estrella

Bernard Hinault nació en Yffiniac, Bretaña, el 14 de noviembre de 1954 y fue terco desde pequeño, no paró hasta hacerse ciclista, y una vez ciclista varios eran sus sueños: el campeonato francés, el Tour de Francia y el Campeonato del Mundo. Con el tiempo fue aumentando su odio hacia una carrera que no por más odiada era menos ansiada por él, la Paris Roubaix.

Y así es como un chaval que decía a su madre en los días de verano mientras jugaba con la bicicleta «¿Ves?, seré otro Merckx», se fue convirtiendo en un campeón.

Pasaba al profesionalismo en 1975 con el equipo Gitane, Jean Stablinsky firmaba a un Hinault al que el terreno amateur se le quedaba muy chico.

Sería sin embargo con la retirada de Cyrille Guimard en 1976 a causa de sus problemas en las rodillas, y pasar este a ser el manager del equipo, cuando Hinault empezó a despegar, siendo la temporada 77 la de su consagración definitiva en la élite del ciclismo mundial.

Sin embargo, Hinault ya había hecho un buen mundial 76 en Ostuni, Italia, que ganaría Maertens, haciendo 6º y 2º en el esprint del grupo tras Merckx. En palabras de Hinault, podría haber ganado el mundial si la selección francesa hubiera estado en torno a él.

Y era en la época de las clásicas donde el joven francés se iba a consagrar, ganando en cinco días la Gante Wevelgem y la Lieja Bastogne Lieja. Una Lieja Bastogne Lieja que dejaba imágenes realmente para el imaginario ciclista

Con un Merckx que tomaba las riendas en la persecución de Hinault, y un Hinault que asumía galones como todo un veterano y que ganaba en el Boulevard Sauveniere a Dierickx con un grupo de elegidos entrando poco después.

Había batido a una pléyade de estrellas casi en su primer intento, pero Guimard lo reservaba, no iba a correr el Tour del 77 a pesar de la presión que los medios franceses ejercían sobre Guimard.

Ese Tour lo ganaría Thevenet, su segundo y último Tour. También sería el último Tour de un Merckx que sólo podía ser 6º en la general tras sufrir una debacle importante en la etapa reina de la edición en el Alpe D´Huez.

Pero daba igual, Hinault había ganado el Dauphiné Liberé antes del Tour, dejando claro de qué pasta estaba hecho. Dejaba segundo a Thevenet (a la postre ganador del Tour) y 3º a Van Impe ,ganador del Tour 76 y animador y 3º en la edición del 77. Quedaba además en la retina de los aficionados una imagen espectacular de un Hinault que se había salido en una curva del descenso del col de Porte pero que volvía a la carretera para defender su liderato (la sombra de la caída de un prometedor Riviere en 1960 siguiendo a Nencini había planeado sobre Hinault).

 Y en estas Hinault tenía claro que él quería ser campeón del mundo, y tocaba en San Cristóbal, Venezuela, e Hinault hizo una buena carrera, pero no pudo pasar del 8º puesto.

Empezaba la temporada 78 con un Hinault consagrado en la élite y apodado el Tejón, » The Badger». Todos esperaban verlo en el Tour y comprobar si la evolución de este joven francés era la esperada. El año anterior había quedado 3º en el Superprestige y ya surgían voces que lo veían como el heredero de Eddy Merckx.

Y el Tejón no iba a decepcionar. Empezaba la temporada imponiéndose en el Criterium Internacional y se adentraba en un mundo desconocido para él, la dupla Flandes – Roubaix.

Hinault acabó 11º en Roubaix , pero dijo que no volvería a pisar esa especie de guerra que era Flandes. Y a Roubaix volvería para ganarla, pero sólo porque así se le escucharía más cuando dijera que no era normal meter a los ciclistas por esos caminos de piedras.

La noticia, sin embargo, en estas fechas era la retirada definitiva del ciclismo del más grande, el Caníbal, Eddy Merckx

Se pasaba página en el mundo del ciclismo y la nueva página parecía la de un Hinault que se marcaba como reto en este 78 el Tour. Hinault decidió correr la Vuelta para prepararlo. Obviamente ganó la Vuelta y 5 etapas, si bien tuvo más que palabras con los ciclistas españoles durante la prueba. A nadie le gusta que le avasallen en su propia casa. Además, la última etapa en San Sebastián fue suspendida por altercados de índole política, que harían que no se volviera a pisar suelo vasco en la Vuelta desde entonces.

Llegaba ahora el turno del Campeonato nacional, otro de los sueños del francés, que quería vestir la tricolor en el Tour, y vaya cómo lo hizo. El Tejón tomó el mando de la carrera desde el principio, atacó al final de la prueba y llegó en solitario en una exhibición que, según sus palabras, le dejó totalmente vacío y que estuvo a punto de hacerle perder el campeonato, pues llegó a meta apajarado.

Y en estas comenzaba el Tour, con un Hinault que era favorito a todo. Y todo transcurría según su plan previsto. Ganaba la primera contrarreloj larga y se colocaba 4º a menos de 4 minutos del líder Bruyere, pero primero de los favoritos (destacar que la ventaja de Bruyere venía dada por la contrarreloj por equipos de 153 km entre Evreux y Caen donde el Ti Raleigh, ganador, y el C&A de Bruyere habían aventajado a las demás escuadras en más de 4 minutos).

Se afrontaban los Pirineos y Bruyere aguantaba con 1 minuto sobre un Hinault que ya opositaba todo. Y en esto llegaba una de las etapas más recordadas de la edición. Los corredores estaban hartos de traslados, dobles sectores, malos hoteles y trato en general por parte de la organización., y en la siguiente etapa que llegaba a Valence de Agen se plantaron y llegaron a meta andando.

La ira del alcalde fue total y se enfrentó a los ciclistas, que estaban liderados, no por ningún veterano como Maertens, Van Impe o Zoetemelk, sino por el joven insolente francés. Sí, él, Bernard Hinault. Un Hinault que mandaba callar al alcalde para que le dejara hablar y le exponía las quejas de los corredores. «Señor alcalde, cuando le hablo, se calla,  ya tendrá tiempo para responder después».

«Si yo me muevo, vosotros os movéis «. El Tejón había hablado, se había convertido casi sin saberlo en el nuevo capo del pelotón ciclista, y sólo contaba 23 años. El relevo de Merckx parecía efectivamente en marcha.

Sin embargo, no todo fue fácil para Hinault, que fallaba en la contrarreloj al Puy de Dome, y que veía posteriormente como Pollentier ganaba y se ponía de líder en el Alpe d’Huez, si bien era descalificado por el affaire de la manzana con la orina, y el liderato pasaba a Zoetemelk.

El holandés mantenía el liderato por un exiguo margen, que Hinault, en una exhibición portentosa, le arrebataría en la última contrarreloj en Nancy a dos días del final. Ya tenía su primer Tour, ya estaba en la Historia con letras de oro. Y esto no había hecho mas que empezar.

En el Campeonato del Mundo volvía a hacer una buena clasificación, 5º puesto pero sin victoria. En este final de temporada ganaba por segunda vez (consecutiva además) el G.P. de las Naciones y acababa 2º en el Superprestige tras Moser. Pero todos sabían que él era ya el número 1.

En el 79 arrasaría en el Tour ganando 7 etapas, incluyendo las 4 contrarrelojes y la etapa de los Campos Elíseos, tras llegar escapado con Zoetemelk (si bien este dio positivo tras la etapa y fue penalizado con 10 minutos) en uno de los mejores fin de fiesta que se recuerdan.

Ganaba el Tejón su segundo Tour consecutivo, cosa que sólo habían hecho Merckx, Anquetil y Bobet tras la Segunda Guerra Mundial. Cerraba una temporada muy buena , tras vencer en Lombardía, Dauphiné y Flecha Valona; y de nuevo en el G.P. de las Naciones, por tercera vez consecutiva (solo Anquetil y Magne lo habían logrado consecutivamente tres veces). Además se hacía con el Super Prestige Pernod.

Para el año 80 se avecinaban nuevos retos, correría por primera vez el Giro de Italia para intentar convertirse en el segundo francés, tras Anquetil, en ganarlo. Aunque sus miras estaban como siempre en el Tour y sobre todo en el Campeonato del Mundo que se iba a celebrar en un duro circuito en casa, en Sallanches, Francia.

Y empezaba la temporada de 1980 con un número 1 en el ciclismo, que iba a intentar algo muy difícil como la Triple Corona: el doblete Giro y Tour (sólo alcanzado por Coppi, Anquetil y Merckx) y el mundial de casa. Si eso ocurriera sería el único junto a Merckx, que lo hizo en el 74, en la historia del ciclismo a día 1 de enero de 1987.

Era un plan muy ambicioso, y todavía más cuando el francés se embarcaba en una loca aventura para ganar su segunda Lieja. Era un día infernal, aún más que el de su primera Lieja. Tras una hora de esfuerzo la mitad del pelotón había abandonado, y solo Hinault y Le Guillaux quedaban del equipo de Guimard, el Renault Elf Gitane. Los pocos corredores que resistían iban abrigados hasta arriba. Hinault no era menos

Quería abandonar, pero Le Guillaux logró convencerlo, y al llegar a Bastogne, todavía lejos en la meta, el tiempo mejoró. Ya no hacía tanto frío y no nevaba, llovía. Quedaban algo más de 100 kilómetros para la meta y estaban escapados Pevenage y Ludo Peeters. Era sólo un espejismo, un respiro que daba la meteorología. Pronto empeoraría.

Hinault seguía pasándolo muy mal debido al frío, y decidió que la mejor forma de olvidar el frío era pedalear, y se lanzó a una alocada persecución.

Aceleró en Stockeu y cazó a los escapados en Haute Levee. Aunque en realidad no los cazó, los dejó clavados y se marchó a meta, en una de las mayores exhibiciones, si no la mayor ,de la historia de La Doyenne.

Quedaban 80 kilómetros para meta e Hinault se marchaba en solitario. Las referencias desde el coche eran alentadoras (en caso contrario quizás hubiera abandonado). Era terrible, el frío y la nieve hacían del día una auténtica tortura. La ventaja aumentaba, 3, 4, 5 minutos sobre los escasos perseguidores, ya que la mayoría de corredores había buscado auxilio en sus coches de equipo, donde una manta y una bebida caliente calmara su dolor. Pero Hinault seguía, casi por inconsciencia, acercándose en solitario a Lieja.

Casi no quedaban ciclistas, iba a ser un día que iba a perdurar en los aficionados belgas e Hinault iba a dejar su huella, aunque quizás esto le podía costar caro.

El pensamiento de Hinault era de dolor, pero se animaba diciéndose que si él lo estaba pasando así, los demás debían estarlo pasando aún peor. Su referencia eran los surcos que dejaban los coches entre la nieve. Era todo épico, todo agonístico. Pero él era el número 1 , y era uno de los mayores genios que ha dado este deporte, así que no quedaba otra que tirar para adelante y ganar.

Llegaba Hinault a Lieja, el tiempo era ahora más benévolo, incluso algún rayo de sol se asomaba entre las nubes, pero nada tapaba lo que acababa de ocurrir, una de las grandes hazañas de la historia

Hinault ganaba en el Boulevar Sauviniere, tras mas de 7 horas sobre la bicicleta y co una ventaja superior a los  9 minutos sobre Kuiper. De los 170 ciclistas que tomaron la salida , solo 21 llegaron a meta.

El 20 de Abril de 1980 pasaba al libro de oro de la Lieja y del ciclismo.
Sin embargo Hinault sufriría las consecuencias, tardó unas 3 semanas en recuperar la movilidad en sus manos y las rodillas empezaban a darle problemas.

Y en estas se embarcó en su primer Giro de Italia.

Era un Giro de Italia donde la dureza hacía acto de presencia en menor cantidad que otras épocas. Vivíamos la época de Saronni y Moser, y Torriani daba al pueblo lo que este pedía, gladiadores italianos sobre un terreno que les favoreciera.

Sin embargo, Hinault no iba a regalar el Giro. Quería ganarlo, y lo dio todo. Aún así, a 3 días de la conclusión el italiano Panizza era el líder con Hinault a poco más de 1 minuto. Llegaba la etapa reina, con Palade y Stelvio y llegada a Sondrio. Era el día elegido por Guimard para desplegar todo su genio. Los puertos estaba muy lejos de meta pero no había otra, y Guimard e Hinault lo sabían.

El equipo Renault movió la carrera desde el principio, filtrando corredores por delante. Finalmente Bernadeau llegaba al Stelvio con mucha ventaja y preparado a ayudar a su líder.

Por detrás Hinault forzaba, atacaba, hasta quedarse con Prim, Panizza y Battaglin. Seguía atacando y Battaglin y Prim cedían. Finalmente el líder Panizza no podía seguir la rueda del Tejón mientras este volaba en los últimos kilómetros del Stelvio entre paredes de nieve. Coronaba a poco más de 3 minutos de Bernadeau, que le esperaba y hacían el tramo llano hasta Sondrio a gran velocidad. En Sondrio, Hinault dejaba ganar a su compañero de equipo y se ponía líder tras aventajar a Panizza, Prim, Baronchelli y Battaglin en 4 minutos y medio.

Curiosamente había un malentendido entre ambos tras hablar con la prensa. Bernadeau decía que Hinault le había dejado gran porque no tenía nada que demostrar, mientras el Tejón, visiblemente enfadado, contestaba a esas palabras diciendo que había dejado ganar a su compañero porque este había trabajado mucho y lo merecía.

Ganaba pues su primer Giro e iba a por su tercer Tour, a por el doblete. Además Hinault se convertía en el primer ciclista que conseguía ganar las tres grandes rondas en el primer intento, y en el segundo francés en ganar la corsa italiana. Ya era uno de los más grandes.

Y llegaba julio y el Tour de Francia. Las cosas parecían ir bien para un Hinault que ganaba el prólogo, la primera contrarreloj y la etapa de Lille, en la que se atravesaban varios tramos de pavés. Sin embargo, la que era su tercera victoria de etapa y la que le consolidaba como máximo favorito a la victoria, hacía que las molestias en la rodilla izquierda aparecieran.
Hinault sufría, y 2 días después en la CRE de Beavois casi no era útil al equipo. La prensa se daba cuenta y las preguntas acechaban. Hinault optó por decir que todo estaba controlado, pero él y Guimard sabían que no podría seguir así.

En la contrarreloj larga previa a los Pirineos se vestía de líder, pero sólo podía ser 5º a más de minuto y medio de Zoetemelk. A pesar de expresar ante la prensa su esperanza en que la rodilla iba mejorando, 2 días más tarde el Tejón abandonaba el Tour ante la sorpresa de la prensa, a la cual se le había ocultado la noticia por parte del Renault. Empezaban los Pirineos, y la etapa de Luchon era muy dura para una rodilla que en caso de no parar podía sacrificar el gran reto de Hinault, el mundial de Sallanches (e incluso su carrera). Los excesos de la Lieja quizás pasaban factura a Hinault.

El Tour lo ganaba el neerlandés Zoetemelk, que lograba así su gran triunfo tras muchos segundos puestos.

Afortunadamente los escáneres no decían nada preocupante e Hinault, con algún virus por medio, se dedicó a descansar y preparar el Mundial. Ya no podría igualar la triple corona de Merckx, pero aún podía igualar a Anquetil y Merckx como únicos corredores en ganar Vuleta, Giro , Tour y Mundial.

Y llegaba el 31 de Agosto de 1980, en los Alpes, en Sallanches, en un recorrido duro, un circuito de apenas 13,4 km al que habían de dar un total de 20 vueltas para totalizar 268 km. En el circuito la dura cota de Domancy con algo menos de 3 kilómetros y más de un 8% de media, con muchos tramos de más de dos dígitos.

Los favoritos eran los franceses con Hinault al frente, los italianos con Saronni o Moser, los belgas con De Vlaeminck, De Muynck o Criquelion y los holandeses con Zoetemelk a la cabeza.

Amaneció un día frío y con algo de lluvia. Sin embargo, eso no hacía mella en un Hinault que tras sus dos Liejas, o su escapada en Sondrio del Giro estaba hecho a todo. Pasó las primeras vueltas el Tejón controlando la carrera y saliendo en primera persona a los ataques peligrosos. Es a unas 8 vueltas del final cuando se selecciona la carrera, y a 6 vueltas del final cuando Hinault decide tomar cartas en el asunto y se marcha con Baroncheli, Millar, Pollentier y Marcussen. A 5 vueltas del final se quedaba Pollentier y la ventaja del grupo ascendía a casi 50 segundos sobre un primer » grupo» y casi 2 sobre otro.

A falta de tres vueltas hay reagrupamiento por detrás y la ventaja asciende a casi 2 minutos. En las siguientes dos vueltas Hinault siguió forzando y Marcussen primero y Millar después terminaban cediendo ( si bien la carrera del jovencísimo escocés era muy meritoria).

Finalmente, y a 2 vueltas del final, le entraban por primera vez dudas al Tejón. Baronchelli le aguantaba y no le daba ningún relevo, ¿ podría ganarle?

Las dudas se despejaban en la última vuelta, cuando Hinault dejaba tirado al italiano en la Cote de Domancy, entrando en meta con  1 minuto de ventaja en una de las mayores exhibiciones jamás vistas en la historia de los mundiales, si no la que más.

El esprint del grupo lo gana el español Juan Fernández a casi 4 minutos y medio del nuevo campeón del mundo, Bernard Hinault. El Tejón estaba radiante en el pódium, cerraba una temporada difícil tras su abandono en el Tour con una victoria muy merecida

Solamente quince corredores conseguían cruzar la línea de meta de los que iniciaron la prueba.

Dos semanas después caía en el Criterium des As y la temporada acababa. Afortunadamente, no había nada roto, simplemente descanso y a pensar en el futuro.

Y ahora, ¿qué? Pues para Hinault había todavía una espina clavada, y era la Paris Roubaix. Ganarla con el maillot de campeón del mundo podría ser algo grande y eso era lo que quería Hinault. Ya en este año 80 había sido 4º tras Moser, Duclos-Lassalle and Thurau.

La temporada 81 empezaba y el reto de ganar en Roubaix como lo había hecho Merckx en el 68 y en 73 con el arcoíris, o ser el primer francés en ganar en Roubaix, 25 años después de Louison Bobet, un doble reto muy sugerente para el Tejón.

Aún así algo empezaba a no ir del todo bien entre Guimard e Hinault. El tejón había contratado a un intermediario para que negociara sus contratos con Renault, sin pasar por Guimard y esto enfrió la relación.

En Roubaix Hinault se sentía fuerte, por la mañana había dicho a sus compañeros ( al igual que meses antes en Sallanches) que presentía que iba a ganar. Se sentía tremendamente fuerte y el » Infierno del Norte» no iba a poder esta vez con él.

Salían 147 ciclistas de Compiegne, donde los franceses habían hecho firmar el armisticio a los alemanes en la 1ª Guerra Mundial en 1918, y donde estos les habían hecho firmar la capitulación en la Segunda Guerra Mundial en 1940. En dirección Roubaix durante 268 kilómetros, y con un buen número de favoritos, De Wolf, Demeyer, De Vlaeminck, Moser, Hinault, Duclos-Lasalle, Kelly, etc.

La carrera era dura, como solía, con muchas caídas y problemas mecánicos. Era el Infierno del Norte, con razón, no era un invento, y bien sabía esto Hinault. Había que apretar los dientes y sufrir como un perro para poder alcanzar la gloria en el velódromo.

La fuga de la jornada era protagonizada por Graham Jones, Bernadeau,Cattaneo, Vichot and Danguillaume. A 50 kilómetros de meta Duclos Lasalle y De Vlaeminck contraatacaban y se marchaban , con un grupo perseguidor formado por Demeyer, Moser, Hinault, Kelly,etc
Sin embargo la mala suerte en forma de caídas se cebaba con ambos y eran cazados, en el momento a 18 kilómetros del final en el que Kuiper formaba el grupo bueno, el que lucharía por la victoria, con Moser, Van Calster, De Vlaeminck, Demeyer e Hinault

Aún así, no sería de color de rosa para Hinault, que ya había caído 7 veces durante la carrera y que volvía a caer al cruzársele un perro negro a quince kilómetros de la llegada. Se reponía el francés y el grupo relevaba para llegar al velódromo.

Hinault atacaba a 8 kilómetros de la meta, no seguro de su punta de velocidad antes tales contendientes. Sin embargo, Kuiper, trabajando para De Vlaeminck, lo reducía y todo parecía quedar para el esprint en el velódromo.

El momento cumbre estaba por llegar. Entraban al velódromo con Hinault tercero y percibía éste que por la dirección del viento tenía que pasar primero por la línea de meta. Y así lo hizo, pasaba en primera posición, sonaba la campana, podía ser suya…

Aprovechaba el viento a favor de los últimos 200 metros y esprintaba, a lo grande, por delante de de Vlaeminck y Moser, en uno de los días más felices de su vida. Van Calster había intentado un interior, Moser forzaba y De Vlaeminck apuraba sus opciones pero terminaba sentándose. Hinault, un francés, 25 años después, en Roubaix, y vengando a Bobet.

En julio el Caimán volvía a triunfar en el Tour, repitiendo el año siguiente. La química entre él y Guimard desaparecía. En el año 83, con dos jóvenes cachorros en sus filas como Lemond y Fignon, el Renault era un equipo muy potente y Guimard no quiso renovar a un Hinault que había ganado la vuelta con mucho sufrimiento y que no disputaba el Tour por problemas de rodilla.

Lemond ganaba el Mundial 83 y Fignon el Tour. Hinault marchaba a la Vie Claire con Paul Koechli y Bernard Tapie y empezaba una nueva historia.

Dos años después, en noviembre de 1986, Hinault se retiraba. Tras Merckx, el más grande, o quizás Coppi. Quién sabe. Lo que sí es verdad, es que en un ciclismo cada vez más controlado Hinault ha sabido demostrar toda la garra y todo el coraje.

El coraje de un campeón.

Artículo cedido por Pedro García Redondo
Publicado originalmente en CyclingHistory
Foto: Sirotti

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