Historia Vuelta

Historias de la Vuelta: la fatídica edición de 1996 (el abandono de Indurain)

Valencia acogía al pelotón en la que sería la segunda edición en el mes de septiembre. La temporada había transcurrido normal, con un Giro de Italia espectacular con emoción hasta el último día de montaña y Abraham Olano cediendo la maglia en el Mortirolo, siguiendo ese paralelismo con Indurain que tanto daño le haría en un futuro entonces no muy lejano. El Tour había sido para Bjarne Riijs, con el público español compungido y el corazón en un puño en cada arrancada del danés. Indurain, el imbatible, estaba siendo derrotado. La impotencia se apoderaba de cada gesto, más aún cuando se le vio llegar a su casa, a Pamplona, absolutamente desfondado y fuera de la lucha por la carrera. Ese Tour fue muy duro de digerir, pero ver a Miguel en acción en los Juegos Olímpicos de Atlanta ganar con suficiencia aquel oro resucitó los ánimos por volver a ver al navarro a lomos de una bicicleta.

Raúl Ansó trató de forma espléndida el tema del divorcio entre Miguel Indurain y José Miguel Echávarri y toda la cúpula del Banesto en una serie de artículos. Pero gran parte de la desconexión por ambas partes vino por la participación en esta Vuelta. El ciclista no quería tomar la salida en Valencia, estaba mentalmente muy quemado y sentía que necesitaba descansar. Había sido un año psicológicamente muy estresante para el quíntuple campeón del Tour. Banesto le obligó a hacer algo a lo que se había negado sistemáticamente durante sus cinco años de reinado, ya que correr la Vuelta, al celebrarse en el mes de abril, pondría en jaque la preparación para el mes de julio. Además de los acuerdos con el Giro de Italia que le hacían sacrificar la primavera con la corsa rosa. La Vuelta siempre había quedado de lado, pero era el año para intentarlo, ya que tanto el recorrido, que era excesivamente fácil y cuya general iba a depender en gran medida de la disputa de las contrarrelojes.

Finalmente, el navarro no se pudo negar y tomó la salida con el dorsal 21. Fue una carrera de mucho nervio en esos primeros diez días de absoluto llano. De hecho, en una de las etapas, con meta en Albacete, se formó un abanico de salida y se eliminó de la general a Tony Rominger y Fernando Escartín, que no terminaba de tener feeling con la carrera. Indurain salvaba el día ante una salvaje ONCE que pintaba a dominadora del transcurso de las tres semanas como en la edición anterior.

El público se echó a la calle para aplaudir a su ídolo. Rara vez se ha visto más gente en las cunetas en la Vuelta a España. La histeria por ver a Miguel recorrer España fue increíble. Llegó la contrarreloj entre El Tiemblo y Ávila. Eran 46 kilómetros con un puerto de segunda, el de La Paramera, por el camino. Terreno Indurain. Tony Rominger, ya eliminado, se llevó la etapa con 58′. Zulle fue segundo a escasos 17″ de su compatriota. Indurain, tercero a 23″. Realmente, era un empate técnico entre ambos, pero es cierto que Miguel no estaba acostumbrado a no imponer su ley en las cronos. Fue una pequeña decepción para el público, que esperaba que el de Banesto volviese a ser el de sus mejores días, algo que ya no iba a ser posible.

Llegaba la montaña asturiana, con una etapa de pequeños puertecitos y meta en el clásico Alto del Naranco. Un Indurain visiblemente débil, al parecer enfermo, perdió un minuto más con Alex Zulle, el líder, que dio un golpe de mano más al dejar de rueda a Laurent Dufaux, el gran rival. El de Festina sería segundo en Madrid seguido de Tony Rominger, completando un histórico podio suizo. El campeón de tres ediciones de la Vuelta cedió seis minutos en el abanico de Albacete. Sino tal vez hubiese estado peleando la carrera con el de la ONCE.

Los Lagos de Covadonga iban a ser el algodón definitivo. Era la etapa reina, la que iba a dictar si sí o si no. Indurain, sin que los demás lo supiésemos, ya estaba fuera de carrera. Se descolgó al paso por el Mirador del Fito y ante el shock general se bajó de la bicicleta al llegar al mítico desde entonces Hotel El Capitán. Allí le esperaba un auxiliar, cuyo hijo es hoy ciclista profesional, y entre una nube de fotógrafos y cámaras desapareció en el interior de la instalación. Sin saberlo, Indurain se había acabado. Nunca jamás volvería a ponerse un dorsal como ciclista profesional. Anunciaría su retirada el 2 de enero de 1997.

La Vuelta prosiguió, como no podía ser de otra forma, con victoria para Laurent Jalabert en los Lagos de Covadonga, llegando de la mano con Zulle, el maillot amarillo. En Cruz de la Demanda sentenció la Vuelta, dando otro golpe de autoridad, y sufrió un tanto en Cerler, pero ya tenía demasiada distancia como para ponerse nerviosos en la ONCE.

Sí que pandió el cúnico en la etapa de Ávila, con Serranillos y Navalmoral por el camino. Una infección estomacal debilitó al equipo del líder hasta la extenuación y ello fue aprovechado por Laurent Dufaux para auparse a la segunda plaza de la general y poner en peligro el dominio del conjunto de Manolo Saiz. Zulle resistió bien y ganaría así la que sería su primera (que no única) Vuelta a España.

Escrito por Lucrecio Sánchez

Foto de portada: EFE

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