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Historias de la Vuelta: La leyenda de Eric Caritoux

“Cada carrera tiene sus leyendas, como la Liga y la Champions League”, afirmó Juanma Trueba, certero ex cronista de la Vuelta a España para AS. La Vuelta tiene las suyas, incluso alguna de ellas se extrapolan a la sabiduría popular, lo mismo que sucede con el ciclismo, fuente de expresiones en el repertorio lingüístico común. Lo que sucedió en la Vuelta a España de 1984 trascendió lo deportivo. Fue uno de esos golpes a los que el ciclismo español estaba tan acostumbrado, de dejarse comer la tostada por un ciclista foráneo al que nadie conocía y que o bien después pasó al anonimato o se convirtió en una gran estrella tras aquel suceso. En ambas clasificaciones se encontraba Eric Caritoux, el francés que se encontró con una victoria de tres semanas contra pronóstico.

Será mejor poner en contexto y hacer un pequeño flashback para aclarar ciertos conceptos. En la Vuelta de 1983 que tan brillantemente remontó Bernard Hinault, Alberto Fernández, apodado ‘El Galleta’ por ser natural de Aguilar de Campoo, localidad sede de una enorme fábrica de galletas de marca conocida, se clasificó tercero. Por si fuera poco, fue capaz de subir al podio en similar posición en el Giro de Italia. De nuevo ante rivales de primera como Saronni. Con este año redondo se presentaba en la salida de la Vuelta como uno de los ciclistas a tener en cuenta de cara a la clasificación general.

Pedro Delgado contaba entre los outsiders debido a su gran Tour de Francia un año antes. Dietzen, Gorospe, Moser o Saronni, coincidentes ambos archienemigos en la salida de Jerez de la Frontera, o Lejarreta serían en un principio los cabezas de cartel. No se pensaba en nadie más, ausentes otros grandes capos del pelotón internacional como Fignon o Hinault. Ya un veterano De Vlaeminck también se dejó ver, con victoria de etapa en Zaragoza, en una edición eminentemente belga por los diez triunfos de etapa a cargo de seis ciclistas diferentes.

El prólogo colocaba a Francesco Moser en cabeza. Duró en lo alto de la clasificación una semana exacta, lo que se tardó en llegar a la montaña de verdad. Fue en la dura subida a Rassos de Peguera donde el transalpino dejó paso a Pedro Delgado al frente de la prueba. El italiano viviría un Giro intenso en 1984 una vez terminó la Vuelta. En la cima barcelonesa se impuso un francés prácticamente desconocido. Sí, se llevó una etapa en la París-Niza, el Tour de Haut Var, pero nadie pensaba en él al nivel de protagonizar una victoria en una subida tan dura ante rivales de tanto peso como los escaladores españoles de la época. Caritoux se postulaba además en la lucha por la general, aunque todos los medios e incluidos sus rivales en la carretera pensaban que caería por su propio peso con el paso de los días.

Pero la Vuelta de la época era la Vuelta de la época, y los recorridos aún no tenían esa mala baba que ahora sí se elaboran de vez en cuando. El paseo entre Catalunya y Cantabria dio paso al regreso de una etapa mítica con un solo ascenso: los Lagos de Covadonga. Sus durísimas rampas aún resonaban en la memoria de los aficionados y los corredores que las sufrieron un año antes. De hecho, Alberto Fernández y Pedro Delgado estuvieron allí. Sabían que era el día para desbancar al líder y jugarse quizá entre ambos la clasificación general. El segoviano no tuvo el día y el palentino se encontró una resistencia que ni muchísimo menos se esperaba en el campeón francés pese a sus múltiples intentonas.

Ese día ganaba el alemán Raimund Dietzen, pero la noticia estaba en sus rivales, ya que Eric mantenía la camiseta amarilla de líder. Y vendrían los problemas para el español, ya que se veía incapaz de recortarle distancias al galo en ningún terreno. Ni la cronoescalada al Naranco, ganada por Gorospe, ni en Pajares al día siguiente camino de León. Ni en la Sierra de Guadarrama. Pasaban los días y la opción de que el francés se llevase la carrera era más una realidad que una ficción. El miedo se acabó apoderando de la viña (nunca mejor dicho) y se llegó a la última contrarreloj, celebrada en Torrejón de Ardoz el penúltimo día de Vuelta.

Gorospe haría bueno el pronóstico y se llevaría la etapa, pero lo importante iba a estar en la pelea por la clasificación general. Parecía que en 33 kilómetros debía ser más completo el español frente a un corredor que debutaba en la Vuelta y que apenas corría su segunda gran vuelta en lo que iba de trayectoria. Alberto estaba en la flor de su trayectoria, rozando la treintena, mientras que Caritoux era cinco años más joven. Ese peso de llegar en esa posición ante toda la presión que supone ganar una gran vuelta le podía pasar factura. Y así fue.

Eran apenas 36″ los que tenía de renta. Según dijo el francés, Mínguez, entonces director de ‘El Galleta’ intentó comprarle la Vuelta. Desmentido por el veterano director y sea como fuere, todo parecía indicar que una de las sensaciones del nuevo ciclismo español era el gran favorito pese a la resistencia que había ofrecido el de Carpentras durante el resto de etapas. Cuentan las crónicas de la etapa que el rival del español tuvo que soportar paraguazos, insultos, golpes o piedras durante su periplo hacia Madrid. Lo que los aficionados no sabían era que Caritoux, de 23 años entonces, había decidido que quería apoderarse de su trocito de leyenda. Tampoco él lo sabría.

La cuestión es que esa contrarreloj final iba a aguar la fiesta a muchos que se las prometían tan felices. Alberto Fernández recortó distancia sobre Eric, por supuesto. Era un corredor mucho más completo y tenía todo a su favor. Sin embargo, uno, dos, tres, cuatro… seis segundos le faltaron por remontar ante el virtual ganador de la Vuelta a España de 1984. Fue un jarro de agua fría, una bofetada del destino. La leyenda iba a abrazar al galo, que obtuvo en aquel mes de mayo su mejor victoria como ciclista profesional.

El resto de la historia lo sabrán. Al acudir a la recogida de un premio por parte de la organización de la Vuelta, Alberto Fernández sufrió una accidente de tráfico que terminó con su vida. También con la de su esposa. A raíz que aquel tráfico y triste episodio del mes de diciembre, la Vuelta decidió que su nombre honraría el trofeo por pasar en primer lugar a través de la cima más alta de la carrera. La Cima Alberto Fernández ha llegado hasta nuestros días.

¿Y Caritoux? Eric hizo carrera. Nunca llegó a rendir al mismo nivel, pese a que aún sería sexto en la edición posterior, ganada por Pedro Delgado también sorprendentemente, al que arrebató el liderato en la etapa de los Lagos. En el Tour nunca triunfó, aunque tuvo la ocasión de disputarlo en doce ediciones ininterrumpidas entre 1983 y 1994. También fue campeón de Francia en dos ocasiones. Después de colgar la bicicleta se dedicó a los viñedos al pie del Mont Ventoux. Curioso que se rodease de montañas. No podía tener más sabor a ciclismo.

Para la posteridad ha quedado el mito de Caritoux, que no es otra cosa que verse sorprendido contra pronóstico y perder lo que pensabas estaba ganado de antemano. Ha habido más casos como el del francés como en 1990 el de Giovanetti, que se subió al liderato y ya no hubo manera de bajarle. O como el de un semi desconocido Melcior Mauri, que ganó la Vuelta a España a Miguel Indurain viniendo de la nada en las grandes vueltas. Es cierto que después estos dos corredores sí hicieron una carrera muy meritoria y repleta de éxitos. Pero lo del ganador de la Vuelta de 1984 fue tremendamente especial.

Escrito por Lucrecio Sánchez

Fotos: Sirotti

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