Ciclistas Historia

In memoriam Wouter Weylandt

Ayer arrancaba la edición 104. ª del Giro, la primera Gran Vuelta que se celebra en sus tradicionales fechas desde que se iniciara la pandemia del coronavirus.

Con la estratosférica victoria de Filippo Ganna en el prólogo de ayer, el italiano es el primer líder de la Corsa Rosa, el primer portador este año de la Maglia Rosa. Y así arranca el aniversario de la Maglia Rosa, en un año en que el maillot distintivo de la ronda italiana celebra los 90 años.

Pero no todas las efemérides de esta edición de la Corsa Rosa son positivas. También se cumplen (hoy) 10 años del fallecimiento de Wouter Weylandt.

Cuentan los que tuvieron el privilegio, más bien la oportunidad, de asistir al funeral del ciclista que la plaza, frente a la Iglesia de San Pedro en Sint-Pietersplein, estaba abarrotada de diversas personalidades y gente del ciclismo (en el templo religioso no debía caber ni un alfiler). No podía ser de otra manera en una ciudad, una zona geográfica y un país que viven el ciclismo con la devoción y fervor propios de una religión.

Y es que el belga era un hombre que se había hecho ya un nombre dentro del pelotón internacional. Sin ser un velocista de primera fila, sino sirviendo como gregario y parte del tren de otros velocistas, había sabido aprovechar las oportunidades que se le presentaron para labrarse un más que notable palmares en el que destacaban dos victorias en vueltas grandes: una en La Vuelta y otra en el Giro.

9 de mayo de 2011. Se disputaba la tercera etapa del del Giro de Italia 2011, entre Reggio Emilia y Rapallo, cuando el dorsal 108 de aquella edición (en la actualidad retirado por la organización) sufría una caída en el descenso del passo del Bocco, a menos de 20 kilómetros para la meta.

A pesar de recibir asistencia médica casi instantáneamente y de llevar puesto el casco, los médicos no conseguían salvar la vida del joven belga, que yacía inerte sobre la carretera. Las imágenes del ciclista belga tendido sobre el asfalto eran aterradoras. Pero no dejaron de emitirse… Ni en un primer momento las imágenes aéreas, ni posteriormente las instantáneas una vez conocida su defunción.

Como diría aquel día Nicole Millar a su marido David Millar (disponible en un artículo que les recomendamos leer) —maglia rosa tras la disputa de aquella fatídica etapa—: «No dejarían de grabarlo. ¿Por qué harían eso? No entiendo porqué lo harían. ¿Qué pasa con su novia? Dicen que está embarazada de cinco meses, como yo».

Y es que, como ya hemos comentado en algún otro artículo, en la comunicación y en el ciclismo solo vale la inmediatez, lo morboso o agitador, que genere rápidos clics o impresiones, sin importar el daño o dolor que se pueda causar, ni reparar en empatizar con la familia y entorno de la posible víctima.

En este y otros aspectos no han cambiado demasiado las cosas. Aunque el ciclismo ha cambiado notablemente desde los comienzos de la segunda década del siglo, la seguridad del ciclista no tanto, sigue siendo un tema controvertido y que a veces da la sensación de pasar inadvertido, o quedar relegado a un segundo plano en las altas esferas de este deporte. Y sobre todo, que tampoco generan la unión que debieran o merecieran en el seno del pelotón internacional. Esa unión que sí que pareció mostrar ante el fatídico desenlace que hoy recordamos.

Han pasado diez años, pero el dorsal centootto sigue presente en nosotros.

Escrito por Diego Martín (@MartinTheCaleb)

Foto: Sirotti

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