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Jonas Vingegaard, el ciclista nacido fuera de su generación

El danés Jonas Vingegaard es el ganador del Tour de Francia en ejercicio, pese a que muchos después de la pasada París Niza le hayan enterrado como máximo candidato a revalidar el título que tan brillantemente consiguió en el mes de julio de 2022. Es un escalador magnífico, de clase y con mucha categoría. Sus primeros pinitos en una gran vuelta fueron controlando la subida al Angliru ante todos los favoritos, que esperaban a que el danés cediese para iniciar las hostilidades. Ese ciclista desconocido que sorprendió a propios y a extraños dejó una magnífica tarjeta de presentación que una temporada después confirmó con sus buenas prestaciones en la Vuelta al País Vasco, lo que le valió entrar en el ocho del Tour de Francia.

Allí fue segundo, toda vez que su líder había abandonado la carrera y que los galones tenían que recalar en alguien. Aún así, fue para ser tenido en cuenta el latigazo en el Mont Ventoux sin respuesta, que fue el germen de su victoria un año después sobre el esloveno Pogačar. Sin serlo, ya era el líder del Jumbo Visma, un galardón al que respondió con creces y que en este 2023 sigue confirmando con la jerarquía que el propio equipo ha demostrado al ubicarle en el centro de las operaciones de la temporada. Por ejemplo, enviando a Roglič al Giro para basar toda la fuerza del conjunto neerlandés en el ciclista de Dinamarca. Ideas claras, ninguna duda, confianza total en su mejor opción de cara al Tour de Francia.

En ese sentido, su forma de organizar el calendario, más basada en rendir en los grandes objetivos como pudieran ser los líderes de antaño, que corrían a mucha menor intensidad los meses previos al Tour y gastaban cuantas menos energías posibles de cara a la gran cita francesa. Vingegaard pertenece más a ese club de ciclistas de objetivos de tres semanas en lugar de estas batallas totales y globales que sus compañeros de generación plantean. Tan pronto están disputando una gran vuelta como se disputan mano a mano una clásica. Jonas es un escalador puro, con mejor manejo contrarreloj que aquellos delgados estilistas que sufrían el viento en la cara con pavor. Ahora tampoco hay cronos tan largas, todo se juega en montaña.

Por ello, por ese centro en los objetivos y no estar en la disputa de cada carrera, este ciclista parece fuera de generación, con hábitos mucho más cercanos a los líderes de los años 2000 que a los actuales. Con aquello de variar un poco el chip lo ha ido intentando en París Niza del mismo modo que en O Gran Camiño, para ir afinando forma y comprobar que la preparación sigue yendo en la dirección adecuada. Un cambio de paradigma en el pelotón que no parece ir mucho con él, menos de mostrarse y más de guardarse para el objetivo del equipo, el cometido que tiene el danés en 2023, que es pelear por ganar en París.

Incluso el plantearse correr otras grandes como pueda ser el caso de su compañero Primoz Roglič, campeón de tres ediciones de la Vuelta a España. Su foco está puesto en una carrera y es una forma de proceder comprensible y que tiene todo el sentido por las cualidades ciclistas que posee y porque así ha sido durante muchos años. El problema ha sido el cambio de paradigma en los demás, ese giro de intenciones en sus rivales, que han abrazado la bandera de un ciclismo diferente, de buscar alargar el número de días al año en los que ser competitivos y mostrarse durante más tiempo.

Vingegaard, de otra escuela, no tendrá más opción que adaptarse. Porque ese ciclismo de reservar y ceder el terreno a actores secundarios no está de moda y no lo estará durante un tiempo. Él empuja en otra dirección, con casi desconexión tras su victoria en el Tour en 2022, algo difícilmente imaginable en todos estos ciclistas que buscan victorias en las clásicas italianas, el Mundial, Canadá o incluso la Vuelta después de un mes de julio que pueda ser más o menos exitoso. Si corren, es para ganar, no para preparar. Esa escuela de todocampistas se aleja de la filosofía de Jonas, más tradicional en sus formas.

Escrito por Lucrecio Sánchez

Fotos: ASO / Vialatte

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