Ciclistas

José Rujano, el «Pantanino» inconsistente

En plena disputa de la 57ª edición de la Vuelta al Táchira, una de las grandes de América por historia y tradición, queremos recordar al ciclista que mantiene el récord de victorias en la gran ronda venezolana. Un escalador fugaz que escribió páginas de ciclismo inolvidable en las carreteras italianas para convertirse en el mejor ciclista de la historia de su país. Una nación venezolana que tenía a Leonardo Sierra como gran y casi único referente hasta entonces. José Humberto Rujano, una especie de híbrido entre los grandes escarabajos colombianos y los raciales trepadores transalpinos. No en vano, llegó a ser conocido como “Pantanino”, a imagen de su gran ídolo, con el que compartía inspiración en las cumbres y amplitud en pabellones auriculares.

Cuando Rujano llega a Europa, cómo no de la mano del mago Gianni Savio, es un perfecto desconocido. Es cierto que ya había ganado en dos ocasiones la Vuelta al Táchira, hazaña importante para un corredor joven, pero las carreras del otro lado del charco pasaban muy desapercibidas a los ojos del aficionado de esa vieja Europa que tardó (y tarda) tanto en quitarse la venda de los ojos y ver más allá.

Apabullar en el calendario latinoamericano no tiene por qué ser garantía de éxito en las grandes rondas del ciclismo mundial. Muchos han sido los que han notado el cambio y han sufrido problemas de adaptación. Pero en casa del sabio Savio suelen tener mano para hacer esa transición de manera natural. Y el pequeño Rujano lo demostró dejando a todo el mundo ojiplático. Su Giro de 2005 entraba directamente en la historia como una de las presentaciones en sociedad más impactantes de aquellos locos, extraños y dudosos años 2000. Su meteórica última semana lo mostraba como el escalador más en forma del momento ante símbolos del ciclismo italiano como Paolo Savoldelli o Gilberto Simoni. La hazaña en Finestre camino de Sestriere, en una etapa para el recuerdo, le hizo rozar con las manos el primer Giro de Italia para Sudamérica. Se afianzaba en el pódium, se llevaba la etapa reina y la maglia verde de la montaña. “El Cóndor” se quedaría a menos de un minuto de la maglia rosa de Savoldelli en una Corsa Rosa con 80 kilómetros de lucha contra el crono. ¿Había llegado el futuro rey de los Alpes y Dolomitas?

La respuesta empezó a verse más bien pronto. En el Giro 2006 da la espantada en la 13ª etapa. Parece que los choques con el patrón empezaban a recrudecerse. Los cantos de sirena de la “Champions League” hacían difícil su permanencia en el equipo de Savio. Así, se larga a mitad de temporada con otro gran hechicero, el inefable Patrick Lefevere. Pero el zorro belga nunca ha tenido para los escaladores esa mano alquimista que tiene con velocistas y clasicómanos, y el espíritu rebelde e indomable del pequeño ciclista de Santa Cruz de Mora no estaba hecho para la legión de Patrick.

Tampoco Unibet fue hogar adecuado para Rujano, pasando sin pena ni gloria por esa especie de “ONU del ciclismo” en palabras de Luis Pasamontes. La llama del Giro 2005 se estaba apagando a la misma velocidad que se había encendido. Pero algunos seguían teniendo fe (en ese equipo la fe siempre ha sido rasgo definitorio) y llegaba una nueva oportunidad en el Caisse d’Epargne de Eusebio Unzué. Algunos brotes verdes en forma de chispazos en el Giro y en pruebas menores del calendario español, pero sin el brillo de antaño. ¿Estábamos ante otro “one hit wonder” que tanto veíamos en aquellos años?

Con una hoja de servicios tan pobre ya no valía vivir del recuerdo. Era el momento de volver atrás, reflexionar y reconvertirse. Y como si de un regreso al futuro se tratase, Rujano repetía su historia casi de manera calcada. Recalificado en el ciclismo local, de la mano de la Gobernación de Zulia, se convertía en dominador del calendario americano. En 2010 llegaría su tercera Vuelta al Táchira y su regreso a Europa con el modesto ISD-Neri italiano. Sin Giro a la vista, sus buenas actuaciones en la Settimana Coppi e Bartali y el Giro del Trentino daban algún viso de esperanza.

Pero hacía falta brasa para reavivar ese fuego. Y otra vez, como si de un “remake” se tratara, aparecía de nuevo el sensei Gianni Savio para recuperar la fuerza de su discípulo. Con Androni volvía al Giro, ese del Contador scatenato al que el chuletón borró de los libros de historia. Y el pequeño condorito volvía a sentirse “Rujaneitor”. Segundo en el Etna, etapa en Grossglockner por delante del pistolero de Pinto… Y de nuevo una exhibición en su etapa mágica, camino de Sestriere previo paso por Finestre para dar el salto al séptimo/sexto (elige tu propia aventura para decidirlo) puesto final. Aunque la etapa era para un incansable Kriyienka, “Pantanino” volvía a volar libre. Abanderaba el ciclismo de su patria y se convertía en icono chavista, coqueteando incluso con la creación de un equipo venezolano en la élite.

Con Savio todo parecía más fácil. 2012 se presentaba como otra prueba más de que la historia de amor entre Rujano e Italia había venido para quedarse. Buena aproximación a la Corsa Rosa, como siempre de menos a más, con el objetivo claro de llegar a la última semana, su semana, metido en carrera. Pero, oh sorpresa, de nuevo choque de trenes entre patrón y vedette. Perdido en la intranscendencia de la carrera, vuelve a retirarse y a alejarse del equipo italiano. Nuevos conflictos, problemas contractuales y batallas mediáticas.

Otra vez el pez sale del agua y se da cuenta de que ahí no puede respirar. Vacansoleil 2013 fue el último intento de regeneración y de nuevo se convirtió en un fiasco monumental. Empezaban a salir sospechas de dopaje que le dejaban sin Giro y con la credibilidad muy minada. Así se cerraban las puertas europeas de un ciclista especial, para lo bueno (poco pero grandioso) y para lo malo.

Aun así, al “Cóndor” le quedaba cuerda para rato en el ciclismo de casa. Comprometido con su tierra y con el desarrollo de jóvenes ciclistas de la mano de su Fundación, seguía dando guerra en el calendario continental. En 2015 se convertía en el gran campeón de la historia de la Vuelta al Táchira con su cuarto entorchado.

Reaparecía en 2019, apuntando incluso al regreso a Europa con el objetivo de la Vuelta a España entre sus cejas. Aunque la bravuconada se quedara en nada, en la Vuelta a San Juan de 2020 aún quiso asomar entre los grandes. Quizás la pandemia tampoco ayudó, pero ya estaba claro que su tiempo había pasado.

Todavía el pasado año lograba saltar a los titulares por compartir pelotón con su hijo Jeison en la carrera tachirense. Un ciclista especial del que se recordarán sus luces y sus sombras, y que dio salsa y picante al Giro de Italia, donde llegó a ser ídolo. Rujano, Cóndor, Pantanino, Rujaneitor… El ciclista de las mil caras que llevó a Venezuela a la gloria.  

Escrito por Víctor Díaz Gavito (@VictorGavito)
Foto: RCS Sport

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