Ciclistas Historia

La atemporalidad de Joaquim Agostinho

Uno de los nombres eternos del ciclismo portugués es Joaquim Agostinho, un ciclista carismático que dejó más pobre el deporte nacional con su temprana muerte en 1984, a la edad de 41 años. Este 10 de mayo se cumplen 39 años de su muerte.

João Lobo Antunes, cirujano portugués, en una de sus últimas entrevistas en 2016, se refirió en la revista “+VIDA” el hecho que lo marcó en su vida profesional: “Quizás el episodio más dramático que viví como médico fue el accidente de Joaquim Agostinho y la trágica decepción de no haber podido hacer más. Verle en Urgencias, todavía con el maillot del Sporting, es una imagen inolvidable. Lo llevé al quirófano sin anestesista y lo operé sin haberle hecho un TAC, tal era la urgencia y convicción del diagnóstico, que era correcto. Justo cuando terminé la operación, vi por la ventana el arcoiris y pensé que iba a vivir. En aquellos días, nos agarrábamos a la esperanza de cualquier cosa que fuera un buen augurio.”

Sin embargo, el buen augurio no se materializó y Joaquim Agostinho nos dejó 10 días después de la caída cerca de la línea de meta de la quinta etapa de la Volta ao Algarve, cuando un perro se le cruzó en su camino. Aquel 30 de abril de 1984, Agostinho terminó la etapa vestido de líder y se negó a abandonar la carrera, pero finalmente fue trasladado al Hospital de Loulé. Al deteriorarse su estado salud, fue trasladado al Hospital de Faro y de allí al Hospital CUF de Lisboa, donde había servicio de Neurocirugía. Antes de llegar a Lisboa, viajó 300 km en ambulancia, ya que en ese momento no existía el transporte de pacientes en helicóptero. Después de diez días en coma, la vida de Agostinho llegó a su fin, dejando un vasto legado de recuerdos y una enorme tristeza en Portugal.

Nacido en Torres Vedras el 7 de abril de 1943, comenzó y terminó su carrera en el Sporting Clube de Portugal. Se incorporó al equipo en 1968 gracias al contacto de João Roque, ganador de la Vuelta a Portugal de 1963. Además de para el Sporting, corrió para otros equipos importantes de la época, como Frimatic, Hoover, Magniflex, Bic, Teka, Flandria, Puch y Sem-France Loire.

Foto 2 – Estatua-Memorial Joaquim Agostinho en Torres Vedras, Portugal, via Wikimedia

En su segundo año como ciclista profesional, pese a tener algunas dudas, Agostinho aceptó participar en la carrera ciclista internacional más importante: el Tour de Francia. En aquel año de 1969, el debut estuvo jalonado por dos victorias por etapas y un notable 8º puesto en la general final, destacando el diario L’Equipe de la época: “Une attraction dans le Tour: le Portugais Joaquim Agostinho” [Una atracción en el Tour : el portugués Joaquim Agostinho].

Tras el gran año en Portugal y la siguiente temporada de estrellato en el extranjero, Agostinho cautivó definitivamente el corazón de los portugueses al ganar la Vuelta a Portugal durante tres años consecutivos (1970-1972) y levantar los brazos en la mítica etapa de Torre en 1971 y 1973. El héroe de las dos ruedas escribió una historia repleta de victorias con sus pedaladas, sumando un total de 96 triunfos a lo largo de su carrera.

A la vez que en Portugal cosechaba seis títulos consecutivos de campeón nacional en ruta (1968-1973), en el exterior estuvo presente en el Tour de Francia 13 veces, siempre en los primeros puestos y ganando cinco etapas, entre ellas la legendaria llegada al Alpe d’Huez en 1979, sin olvidar el tercer lugar en el podio de París en 1978 y 1979, junto a Bernard Hinault. Los logros de Agostinho en el Tour le hicieron merecedor de una estatua de bronce en su honor en la curva 14 de la subida al Alpe d’Huez. Pero no fue sólo en el Tour donde Agostinho se hizo famoso en el extranjero: también ganó la etapa Solothurn-Balmberg en la Vuelta a Suiza de 1972 y, corriendo para el potente Bic francés, estuvo cerca de ganar la Vuelta a España de 1974, año en el que logró la etapa de Cangas de Onis y terminó segundo en la general final, a sólo 11 segundos de Jose Manuel Fuente y por delante del teórico líder del equipo, Luis Ocaña, cuarto.

De trabajar en el campo a ciclista profesional, la vida de Joaquim Agostinho nunca fue fácil y, aun rodeado de victorias, el carismático héroe estuvo cerca de abandonar su pasión por el deporte cuando se quedó sin equipo en 1976, pero finalmente fichó por el conjunto español Teka. La conexión de Agostinho con el ciclismo se prolongó hasta los 41 años, cuando volvió al Sporting para terminar su carrera profesional donde la había comenzado. Lamentablemente, Agostinho no solo dio por finalizada allí su carrera, sino que también le arrebataron la vida mientras brillaba como líder en el Algarve.

Foto 3: Rinaldo Nocentini alcanzó la gloria de ganar el Trofeo Joaquim Agostinho en 2016 para el equipo Sporting-Tavira (© Helena Dias)

La atemporalidad de Agostinho se mantiene en la memoria de cada una de sus conquistas, en cada logro histórico, en cada imagen de las carreteras repletas de aficionados aplaudiendo al verlo pasar o en el antiguo Estadio José de Alvalade, de su Sporting Clube de Portugal, rebosante de gente para aplaudirle. También en todas las calles de Portugal que llevan su nombre, alrededor de una veintena.

La imagen de Agostinho es atemporal, ni muere ni se desvanece, sino que se perpetúa en la memoria de toda la afición y de cada ciclista del pelotón que recorre las carreteras en busca de alcanzar las mismas hazañas u otras en su honor, como sucede con todos los años en el Grande Prémio Internacional de Torres Vedras, que después de su muerte pasó a llamarse también Troféu Joaquim Agostinho.

En su tierra natal se conserva aún un importante legado para el ciclismo nacional luso. Además de la Academia Joaquim Agostinho, que incluye equipos ciclistas de desarrollo masculinos y femeninos, cada año Torres Vedras premia al ganador del prestigioso Troféu.

Entre los momentos que pasan a la historia, sin duda hay uno que destaca por su simbología. En la edición de 2016, año en el que el Sporting Clube de Portugal volvió al ciclismo, fue precisamente el equipo Sporting-Tavira el que ganó el Trofeo gracias al italiano Rinaldo Nocentini, un ciclista que llegó a vestir el maillot amarillo. del Tour y con una larga trayectoria en WorldTour. Y como cada año desde 1989, el vencedor depositó la corona de flores sobre la estatua de Joaquim Agostinho por este Trofeo, que más que una carrera es un homenaje al ídolo y genio de la bicicleta, inmortal en la memoria portuguesa, una fuerza de la naturaleza: el carismático Joaquim Agostinho.

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Escrito por Helena Dias

Foto de portada: Agostinho en 1973 con los colores de Bic. Cromo de Panini, Italia, via Wikipedia

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