Ciclistas HC

La consagración de Brandon McNulty

UAE tenía motivos para temblar. El brote de Covid que estaba asolando al equipo desde el propio seno del mismo estaba produciendo bajas del ocho inicial hasta que únicamente tres gregarios se quedaron con el líder, Tadej Pogacar, para intentar por todos los medios no claudicar ante el omnipotente Jumbo-Visma de Jonas Vingegaard y Wout Van Aert. Las piezas eran importantes en un esquema diseñado cual partida de ajedrez, con bajas de uno y otro lado, filtrados en las escapadas para ser usados como peones de ataque o defensa. Alfiles que de un modo u otro estarían en los momentos importantes para ser lanzadores o amortiguadores (véase Sepp Kuss en el lado del Jumbo) de arrancadas interestelares como las que se intercambiaron Tadeo y Jonas a lo largo, sobre todo, de los Pirineos.

Cuatro ciclistas querían obrar el milagro. Transformar un segundo puesto más que digno por la ofensividad con la que estaba encarando su jefe de filas la derrota en un primero que le llevase directo aún más a la leyenda. La empresa era complicada, pero las hadas hicieron su efecto y al menos igualaron la contienda. Los UAE convertidos en una especie de Sísifo camino de Peyragudes, cuya rampa de despegue iba a suponer supuestamente el lanzamiento del esloveno en busca de recortar distancias con el maillot jaune. No iba a ser posible más allá de la bonificación, pero hasta ese último giro previo a la imponente rampa que era coronada por la línea de meta llegó con el legendario dúo batido en constante duelo el norteamericano Brandon McNulty.

El tablero estaba equilibrado. En la arrancada salvaje de Bjerg en el lado amable de Hourquette d’Ancizan, el ritmo tornó en salvaje en la cima con un ataque de Pogacar que iba más dirigido a la bajada que a la subida. Ante la respuesta equilibrada del Jumbo fue el turno de subir a ritmo Val Louron a la espalda de McNulty, un fiel gregario a lo largo del Tour que estaba de dulce. No quedaba otra, había que fiar todo al ritmo del americano, que era buenísimo. Kuss se quedaba por el camino, al igual que el resto de gregarios del líder. Por fin, Vingegaard estaba solo ante el peligro. Ni siquiera el superhéroe Van Aert podía llegar al rescate.

El ritmo seguía trepando el Peyresourde de forma increíble, dejando claro quiénes eran los masters del universo y que un gregario del UAE era capaz de vapulear a toda la pléyade de aspirantes al tercer cajón del podio para estar con los jefes en punta. Cabeza de carrera, cabeceando, rendido pero sin cejar en su empeño. Todo porque esta vez el despegue no iba a tener lugar. Las fuerzas se habían ido quedando por el camino y el esloveno iba únicamente a sembrar para recoger quizá ese día, quizás al día siguiente, quizá nunca. Como así fue. El ritmo pajarero acabó en el aeropuerto, que vio a Jonas ser superado por Tadej. Duelo en tablas.

Tres victorias en 2022, una en París-Niza, un cuasi top ten en Dauphiné, un vigésimo puesto en la general final del Tour. Si echamos la vista atrás, el de Phoenix, compañero además de quinta de su líder, ya había despuntado, por ejemplo, en la Itzulia de 2021. Su liderato fue defendido por Pogacar hasta la extenuación camino de Arrate el último día en dura pugna con Primoz Roglic, que les derrotó en meta. Entonces ya estaba Vingegaard por allá, con cara de no haber roto un plato y escondido tras la sombra del otro esloveno. Un golpe maestro del Jumbo-Visma que aprendió bien la lección sobre cómo ganar a un ciclista aparentemente tan superior como en el caso del doble ganador del Tour.

Tuvo otro día de gloria en los Juegos Olímpicos de Tokio. El ataque de Richard Carapaz, que fue con todo a por el oro, sólo recibió la respuesta de un enorme McNulty, que tuvo que ceder ante el empuje del entonces tercer clasificado en el Tour de Francia. Fue superado por más ciclistas y tuvo que conformarse con el dichoso diploma que a nadie gusta, pero no es menos cierto que la actitud y, sobre todo, la aptitud de Brandon habían quedado probadas más que de sobra en un contexto de grandes estrellas del pedal.

El Tour 2022 supone su consagración no ya como un hombre-Tour, algo que podía estar medianamente claro después de conocer su capacidad escaladora y sus dotes contra el crono. Sino que es capaz de llegar a estar con los mejores, con la creme de la creme. Ése es su nivel. En próximos envites queda claro que Tadej seguirá siendo el amo y señor del equipo. Por algo ha firmado un contrato estratosférico y de larga duración rara avis en ciclismo hasta nuestros días. Con él una cohorte de grandes ciclistas que pretenderá recuperar el cetro del ciclismo mundial, es decir, el Tour de Francia, en 2023. Pero que también quiere reinar en el ambicioso mundo de las vueltas por etapas.

McNulty ya está listo para dar el salto y subir en el escalafón dentro del equipo, donde quizá se encontraba un Marc Soler un tanto desdibujado y un fiable y cada vez más reforzado Joao Almeida, que se encamina a hacer un buen papel en la próxima Vuelta a España como cabeza de cartel del equipo de ‘Matxin’. Así, de ese modo, y pese a que seguro estarán pensando en fichajes para hacerse todavía más fuertes, el ciclista estadounidense cuenta en los planes para tener sus galones y contar con sus oportunidades de brillar. Toda vez que se necesiten sus servicios para arrimar el hombro y así recuperar el maillot amarillo para los hombros del todopoderoso esloveno.

Incluso en una división de tareas como puedan ser el Giro o la Vuelta del próximo curso, puede entrar en la rotación de líderes. De momento, por lo que parece, ha ganado buen terreno a otras opciones en las que de salida el equipo confiaba más.

Escrito por Lucrecio Sánchez

Fotos: ASO / Broadway / Ballet

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.