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La pérdida de perspectiva del Tour

Perspectiva es la palabra. En un mundo loco devorado por una pandemia de consecuencias aún desconocidas, el ciclismo profesional se sumerge en nuevas y continuas crisis ante las que nadie entre los que deben tomar decisiones parece estar atento.

Los talentos se concentran en los mejores equipos. Movistar, Ineos, Jumbo tienen equipos ‘b’ que ya soñarían el 80% de los equipos World Tour. Nos estamos perdiendo tantos duelos por el camino… Quién no recuerda a Froome frenado en 2012 por ser compañero del maillot amarillo. La falta de competitividad conduce al tedio. Y el tedio a la falta de espectadores.

El fútbol sufre un problema de naturaleza similar. Los equipos con mayor presupuesto han adquirido a las estrellas de los equipos más modestos. Con el fair play financiero no se sabe si se solucionará, pero es innegable que al menos se ha detectado el problema y se le está intentando poner remedio.
¿Qué hace el ciclismo ante esto? Absolutamente nada. El Tour, que no deja de ser el mayor escaparate del mundo de la bici, es tiranizado año tras año por equipos muy superiores al resto.

Para paliar esta falta de alternativas se retocan los recorridos para buscar flaquezas en los líderes y movimiento en los pelotones. Pero se ha llegado al punto de desdibujar lo que supone (o suponía) ganar un Tour de Francia.

Antaño los escaladores sufrían en el llano y se pasaban los inviernos preparando las contrarrelojes en el túnel del viento. Gaul, Bahamontes, Pantani o el propio Chiappucci serían hoy ganadores de varias carreras de tres semanas vista su superioridad en las subidas. Hoy no hay grandes contrarrelojes, no hay etapas llanas, se paran los pelotones si hay una caída, un pinchazo, o una circunstancia ajena a la carrera. Se ha sustituido la épica por el buenismo mal entendido. El Tour suponía otorgar el carné de ciclista a quien lo finalizaba. Hoy diseña etapas que un cicloturista podría perfectamente completar a un nivel más que aceptable. Mejoran los materiales, las carreteras, las técnicas, pero se proponen etapas que no ponen a prueba el fondo de los participantes. Y el Tour ha sido siempre una carrera de fondo.

De todos modos, hay más problemas graves que afectan al espectáculo. No es posible que un sexto puesto en el Tour sin aparecer en pantalla obtenga más rentabilidad
contractual que un ciclista que se muestra y arriesga día a día.

Ante este problema, ¿qué ha hecho el ciclismo? Reducir el número de corredores de nueve a ocho. Con siete potenciales ganadores de gran vuelta como gregarios, el control del pelotón es imposible, como todo el mundo sabe. Mientras tanto, imploraremos a que  nuevas ideas tomen las riendas de un deporte que necesita repensarse sin perder lo que lo ha hecho grande. 

Escrito por: Lucrecio Sánchez

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