Historia

La Plagne’87: Stephen Roche vs Pedro Delgado

La historia de Pedro Delgado es bien conocida. Sus ataques en alta montaña y la forma en la que el infortunio, a veces de forma original, le ha sacudido le hicieron un personaje muy popular y apreciado no sólo entre los aficionados españoles, sino a nivel internacional. Las gestas logradas en su querido Tour de Francia, así como sus victorias en la Vuelta, la carrera de casa, catapultaron su fama y le convirtieron en uno de los ciclistas más queridos de la historia del deporte español. Su continuidad en las retransmisiones deportivas una vez puso punto final a su trayectoria profesional sólo ha hecho aumentar la costumbre por un segoviano que ha llevado la imagen del Acueducto más allá de lo que nunca se hubiese imaginado. 

Los intentos de Perico por intentar ganar el Tour se sucedieron desde aquella famosa cronoescalada al Puy de Dome, donde tanto Ángel Arroyo como él se destaparon ante el gran público. Corría el año 1983, época en la que gigantes como Hinault y Fignon tiranizaban una carrera a la que los españoles le tenían pánico. Tanto es así que no había una generación capaz de luchar la victoria desde que Fuente y Ocaña cedieran el testigo una década antes. 

Ganador ya de una Vuelta a España gracias a la mítica etapa que llegaba a Segovia, tanto una clavícula rota como el fallecimiento de su madre parecían haberle alejado de dos buenas oportunidades de subir al podio de París. Sin embargo, 1987 presentaba 25 etapas de un recorrido muy montañoso, donde la contrarreloj tenía gran peso, con nada menos que cinco etapas en la disciplina (prólogo en Berlín, crono por equipos de 40 kilómetros, casi 90 en Futuroscope, más de 36 de cronoescalada al Mont Ventoux y la última, de unos 38). La montaña también tenía importancia, con unos Alpes ubicados al final y durísimos. Ese combo de resistencia y fondo hizo que aprovechando las ausencias de grandes dominadores como Hinault (retirado) o LeMond (alcanzado por un accidente de caza que le impediría estar en dos ediciones del Tour) tanto el español como un emergente Stephen Roche, que fue 3º tan sólo dos años antes, se ubicarían en vanguardia de la carrera. 

El segoviano se alzaría con el maillot amarillo en la cima de las cimas, el Alpe d’Huez. La leyenda decía hasta entonces que quien saliera con la preciada prenda a sus espaldas de la cima alpina ganaría el Tour. Pedro sería la excepción que confirmó la regla, aunque aún no lo sabía. Delgado tendría que seguir atacando para batir al vencedor en ejercicio del Giro de Italia en la última contrarreloj y llegar con el liderato tras aquella jornada. Así se salió de Bourg d’Oisans, con el líder buscando movimientos ya en el primero de los puertos, el durísimo Galibier, ascendido por su cara más amable. La Madeleine prendió más fuego, con el irlandés fugado, pero sería la subida final la que pasaría a la historia. 

Un cruel ataque de Delgado dejaría a Roche tocado y hundido. Las referencias daban una ventaja de un minuto aproximadamente sobre Stephen. Tirado por su a la postre archienemigo Fabio Parra y persiguiendo a Fignon y Fuerte, quizá el español pagó el esfuerzo a rueda del colombiano y ello le hizo evaporar toda la diferencia con su gran enemigo por la general. A base de golpe de riñón luchó por obtener toda aquella ventaja que le hiciese llegar con garantías a la penúltima jornada, una crono en las calles de Dijon. 

El de Carrera a punto estuvo de dar alcance en la meta a Pedro, que vio allí cómo se le complicaba un Tour que estaba tocando con la punta de los dedos. Roche quedaba a menos de medio minuto. Un esfuerzo que necesitó de oxígeno en la cima de La Plagne. Imágenes que pasaron a la historia del ciclismo. 

En la crono es por todos conocido lo que sucedió. Roche completó su doblete, hito histórico que ensalzó con su victoria en el Campeonato del Mundo ese mismo 1987. Un año mágico para el irlandés, que dejó a Delgado con la miel en los labios. El pesimismo envolvía las opciones de éste de cara al futuro, pero un regreso a las filas del Reynolds español le revitalizaría para, esta vez sí, alzarse con el título en París. 

Escrito por: Lucrecio Sánchez (@Lucre_Sanchez)
Foto: Sirotto

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