Historia Tour

La primera victoria de Contador en el Tour

Parece no tan lejano el día que Alberto Contador colgó la bicicleta. Era el año 2017, cuando coronando el Angliru logró su último éxito. Y en menuda cima lo fue a conseguir. Fue el momento de recopilar todas sus victorias como profesional, que alcanzaron un número bastante respetable: 68. Podían haber sido más por las que le anularon debido a su sanción (al menos doce, pudiendo haber dejado su listón en 80), un número que no está nada mal para un corredor que sin ser un gran sprinter o uno de los cuatro grandes dominadores del ciclismo sí ha sabido competir en todas las carreras en las que ha lucido un dorsal. Interesante también conocer cuántas ha perdido por un segundo, como casos de París-Niza o Vueltas a Andalucía.

En el Tour debutó en 2005. Ya venía pegando fuerte con aquella victoria en la contrarreloj del Tour de Polonia. Se hablaba de su evolución en aficionados, aunque el cavernoma que sufrió en la Vuelta Asturias le supuso un frenazo. Pese a ello, en 2007 firmó por el Discovery Channel de Johan Bruyneel, que era especialista en ganar el Tour. Hacerse con París-Niza de una forma espectacular le llevó a querer tomar la salida en el Tour de Francia como uno de los grandes tapados. Así, el madrileño se puso en la espalda el dorsal 112, a la sombra de Levi Leipheimer, el veterano corredor norteamericano que recibiría todas las miradas de prensa y rivales.

El de Pinto fue poco a poco caminando sobre las etapas, llegando a los Alpes en buena forma y con la carrera por romper. Londres le sonrió con un 15º puesto y tras la etapa de Tignes, donde había estado con los mejores pese a la salida de cadena en un momento inoportuno, se vio que iba a ser uno de los nombres propios de aquella edición del Tour. El Galibier iba a ver nacer un mito, con una serie de ataques que dejaron al pelotón y a los grandes favoritos hechos trizas. Incluso el maillot amarillo, que recaía sobre la espalda de Michael Rasmussen, tuvo cero oportunidades de seguirle la rueda.

Tras aquello, llegaron los Pirineos, donde la imagen más recordada fue su intentona en Peyresourde, con hasta cuatro ataques continuados y el éxtasis en los comentaristas que retransmitieron aquel día. Todo sucedió el día anterior, en una cima donde sólo habían triunfado dos ciclistas: Marco Pantani, en 1998, y Lance Armstrong, en 2002 y 2004. Ambos, por cierto, terminaron ganando el Tour en París. El mismo caso que un Alberto Contador que llegó por delante del líder en la cima de Plateau de Beille.

No ha sido precisamente ganador en el Tour. Cuando ha sido manifiestamente superior, le han permitido escapadas que no le permitían pelear el triunfo de etapa. Posteriormente cuando no peleaba la general, no ha podido imponerse. Una pescadilla que se mordía la cola que comenzó ese día, aquel 22 de julio de 2007. El tiempo estaba ciertamente nublado y pese a hacer calor, no era el calor típico del mes de julio en los Pirineos. Los aficionados abarrotaban las subidas a Pailheres (un puerto muy recomendable) y el final, donde esperaban ver si Alejandro Valverde, el más activo de los favoritos a ganar, o Cadel Evans, tal vez el más sólido candidato, podían romper la hegemonía del escalador danés de Rabobank.

Ese joven del maillot blanco pronto dejó poca duda que resolver. Con ataques constantes desde bien lejos de la cima, seleccionó a los sufrientes de la combinación con la crono del día anterior sobre 54 kilómetros en Albi. Durísimo esfuerzo que fue dejando fuera de combate a Kloden, a Evans, a Valverde… El periquismo resucitaba con Alberto dejándose caer a la parte trasera del grupo. Perico decía que el madrileño iba mal, que estaba pagando los esfuerzos. Sin embargo, a ocho kilómetros de la cima, ataca Leipheimer, tras un gran trabajo de Popovych. El ucraniano dejó el grupo hecho un solar y tras el ataque del americano, con 7.5 kilómetros a la meta, era el turno del español. Contador atacaba con Carlos Sastre a rueda y lanzaba las hostilidades, que no pararían hasta la línea de meta.

Rasmussen respondía con garbo y ambos se marcharían en busca de la cima. Mauricio Soler, colombiano, tenía su mejor año y se metía en la pelea con los dos grandes de esa edición. Un ataque de Contador que quedó sin respuesta dio opción al maillot amarillo a marcharse y unirse al maillot blanco. El madrileño resistió los acelerones del líder, hizo alguna aceleración por sí mismo para imponerse en solitario. Rasmussen ya no abandonó la cabeza porque Contador vio que no le iba a regalar la victoria y se depositó a su rueda. En la recta final fue implacable en el sprint y el de Discovery Channel ganó en una de las grandes cimas con 24 años y creándose un nuevo ídolo, demostrando que podía con el Tour y con las mejores figuras de esta carrera.

Escrito por Lucrecio Sánchez

Foto de portada: Sirotti

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