Carreras Historia

La Vuelta a España de 1999 en Barcelona, otra cita con el esperpento

La gran salida de la Vuelta a España en la ciudad de Barcelona se ha visto rodeada de una gran polémica, con la lluvia como invitada especial no prevista al evento. En primer lugar, la cronometrada por equipos, la oscuridad que hizo acto de presencia antes de lo previsto junto a la tormenta que descargó en la Ciudad Condal, produjo reacciones negativas entre parte del pelotón participante contra el organizador, especialmente del vigente vencedor Remco Evenepoel, quien salió en último lugar junto a su equipo y pudo ser el más afectado. En la jornada del domingo entre Mataró y la capital catalana, la lluvia volvió a ser protagonista, y desde antes de comenzar la etapa se llegó al acuerdo de cortar los tiempos de cara a la clasificación a falta de 9 kilómetros a meta. Luego vinieron las esperpénticas imágenes de algunos integrantes del Jumbo-Visma parando el pelotón, que mejor no comentar en esta ocasión.

En 1999 la Vuelta llegaba a Barcelona después de su paso por los Pirineos, y anteriormente por una novedosa y terrible ascensión llamada Angliru. El día anterior camino de Rassos de Peguera el vencedor de la edición anterior, Abraham Olano, se vio obligado a abandonar después de ir arrastrando una lesión en una costilla por una caída en Asturias. El maillot oro, por entonces la prenda que reconocía al líder de la ronda española, marchaba desde Andorra en la espalda del germano Jan Ullrich que llevaba paso firme de proclamarse vencedor en Madrid, cosa que finalmente ocurrió. La etapa barcelonesa estaba compuesta de 8 vueltas a un circuito de 17,9 kilómetros, con la ascensión a Montjuic, aunque en este caso por la zona más suave. Un trazado digno de una clásica primaveral, y en el que los ciclistas de la clasificación general deberían estar bien atentos, buenos ingredientes para una bonita jornada de ciclismo en un escenario histórico.

La realidad fue totalmente distinta. Más de una hora antes de la salida una lluvia incesante caía sobre la ciudad de Barcelona, y varias fueron las voces que se alzaron en contra de salir a disputar la etapa. Un auténtico circo en los aledaños de la salida, con las emisoras de radio buscando a toda prisa protagonistas, y con declaraciones cruzadas de los diferentes directores deportivos, como Javier Mínguez del Vitalicio que aseguraba que en esas condiciones no se podía correr “con un descenso del 14% y pasos de cebra”. Otras voces como el gallego Álvaro Pino por entonces dirigiendo al conjunto Kelme, dejaban caer todo lo contrario, afirmando que peligro también hubo en días anteriores como en el descenso del Cordal o de la Cobertoria en la etapa del Angliru, incluso tuvo un importante enganchón dialectico con el presidente de la Asociación de Ciclistas Profesionales, José Rodríguez, que llegó a argumentar que “en el golf cuando llueve no juegan, y en el tenis igual”

Foto: Sirotti

La salida de aquella decimocuarta etapa de la Vuelta iba a comenzar con 45 minutos de retraso, y lo más importante, con el recorrido recortado. Tras la reunión entre directores, organización y jurado técnico se decide anular el tramo de subida y bajada a Montjuic, disputándose 10 vueltas de 13,5 kilómetros. Con todo esto, la mayoría de los corredores no parecían estar de acuerdo, y encabezados por Leonardo Piepoli y Marcel Wust, exigían que no se contabilizaran los tiempos. Por si fuera poco, el ritmo del pelotón era de auténtica vergüenza y se decide que sean 7 las vueltas a dar. Pero fue en la cuarta vuelta cuando el nefasto espectáculo subió de categoría, y los ciclistas se paraban en medio de la carretera cruzando las bicicletas. Poco después, y tras muchas discusiones entre los mismos, se reanudaba en parte la carrera, y Fabio Roscioli del Amica Chips figura en el palmarés como vencedor de este fantoche de etapa que dejaba la imagen del pelotón internacional por los suelos.

Luego vinieron las disculpas por parte del organizador, en este caso Unipublic, y su presidente Enrique Franco, que pedía perdón a los aficionados y a la ciudad de Barcelona por este bochornoso espectáculo “es vergonzoso que una ciudad que corta el trafico tantas horas, tenga semejante respuesta”. El público obviamente contrariado, abucheó al pelotón en su lamentable desfile por el lisiado circuito barcelonés, y la polémica continuó durante varios días, con comentarios altisonantes de corredores y sobre todo de directores, incluso Miguel Induráin que estaba por allí como invitado criticó la actitud de algunos corredores. Hay que resaltar que cuando las aguas comenzaban a volver a su cauce, muchos fueron los ciclistas que pidieron perdón por su actuación, destacando al que fue uno de los portavoces del motín, el germano Wust, que reconocía haberse equivocado. Por lo que se ve la relación de Barcelona con la Vuelta Ciclista a España no ha tenido toda la suerte que debería en las últimas décadas.

Escrito por: Alberto Díaz Caballero

Foto de portada: EFE

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