Opinión

La vuelta de Contador y el efecto Armstrong

Resulta que Alberto Contador confesó a La Gazzetta dello Sport que durante alguna fase de la pandemia valoró la posibilidad de regresar al pelotón profesional para correr el Giro de Italia 2020. Siempre según palabras que recoge el diario italiano, el madrileño argumentaba dicho pensamiento a través de sus datos de entrenamiento, muy similares a los que lograba cuando se encontraba en activo, hace no tantas temporadas. Confirma así lo que en su momento fue un rumor que por infundado parecía más un anhelo de los aficionados por ver al ‘Cid Campeador’ de vuelta para romper pelotones a lomos de su bicicleta. 

Su afirmación recuerda a las que realizó Lance Armstrong para anunciar su vuelta al mundo del ciclismo. Un regreso que tuvo lugar precisamente en el equipo del pinteño, con toda la repercusión mediática y deportiva que tuvo sobre el panorama ciclista y las consecuencias que reportó a la estructura próxima a Alberto Contador y su séquito. Un proyecto que parecía sólido alrededor del dominador de las grandes vueltas en ese momento y que finalmente produjo una división entre los que continuaron con el español y los que marcharon al equipo que desarrolló el americano con sus gurús de confianza, que, por otra parte, fueron por lo general los corredores más poderosos y relevantes. 

Las consecuencias para Armstrong, que decía que sus registros en Alpe d’Huez eran días antes mejores que los de Carlos Sastre en la mítica cima alpina en la propia carrera, son por todos conocidas. Una exhibición del corredor abulense que le permitió anotarse su primera y única victoria en una carrera de tres semanas, lo que terminó de animar al texano, al que atraía ese tipo de retos del más difícil todavía, tan clásico en el estereotipo de la cultura estadounidense. Si Sastre es capaz con esos datos, yo más -pensó-. 

Y fue una vuelta meritoria, con podio en el Tour de Francia incluido. Pero, visto con perspectiva, fue un error grave de cálculo. Además de despertar a sus viejos enemigos, creó unos cuantos nuevos, empujados por una interpretación fanfarrona de los motivos que le empujaron a una segunda parte de su carrera. El resultado fue la bancarrota económica y moral, el agotamiento de un personaje que tiranizó el ciclismo y que acabó tiranizado por el deporte que le encumbró. Las segundas partes nunca fueron buenas. Mucho peores si además en la primera dejas tantas cuentas pendientes. 

Por motivos diferentes, los coqueteos de Contador con su vuelta al ciclismo pueden no ser buena idea. Hay un dicho al que Alberto se aferró en su día y era que dejar las cosas en buen momento es una idea recomendable. El recuerdo que quedará del español es como una auténtica leyenda del ataque. Así firmó el epitafio a su carrera deportiva levantando los brazos nada menos que en una de las cimas más míticas del ciclismo: el Angliru. Si ese planteamiento de regresar al pelotón fue real, mejor que se quede en una anécdota para sus allegados. Hacerlo público no va a generar opiniones muy beneficiosas para su imagen. 

Ya sigue ligado al primer plano del ciclismo con su aportación a los comentarios de Eurosport, lo cual debería ser suficiente para matar un gusanillo que a los pedales mata de otra manera, como debe ser para un exciclista profesional, está claro. Si la competición es lo que quiere volver a retomar, existen otra clase de retos alejados de esos focos que fueron los suyos en su día. Hay que saber marcharse, pero también habrá que empezar a pensar que hay que saber no volver. Debe ser una gran tentación que Eolo-Kometa esté ahí y tener la posibilidad de dar el paso. Pero hay que saber controlar ese impulso y dejar el momento a otros. Precisamente algo que a él no le permitieron en quizá el momento más álgido de toda su carrera con el ya comentado intrusismo de Armstrong. 

Escrito por Lucrecio Sánchez  (@Lucre_Sanchez)
Foto: Sirotti

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