Femenino

Longo Borghini, la luz en la oscuridad

«Don’t curse the darkness, light a candle» es la frase con la que presenta su perfil de Twitter. Y realmente se puede considerar a Elisa una vela encendida en un mundo de oscuridad. A su talento ciclista, rebosante desde sus inicios en el profesionalismo, allá por el año 2012, con apenas veinte años a sus espaldas, hay que añadirle una serie de valores que ha demostrado. Lo fácil en el éxito es dejarse llevar, alimentar el ego, la propia persona, el mérito y el crédito.

En la eterna lucha por la equiparación de premios entre las categorías masculina y femenina, un grupo de aficionados recurrió al moderno crowdfunding para recaudar fondos e igualar el importe por la victoria en ambas categorías. Con los pies en la tierra, Elisa y su equipo, el Trek-Segafredo, tomaron la decisión de donar esos fondos adquiridos a proyectos para el impulso del ciclismo femenino. Una decisión digna de aplauso en un mundo repleto de egoísmo, de egocentrismo y de ego. Una luz en la oscuridad.

Hablamos de una ciclista que sabe bien lo que es el éxito, en el que lleva instalada durante una década. Hermana menor de los Longo Borghini, su hermano, Paolo compitió durante once temporadas, casi siempre en equipos italianos y, pese a acumular únicamente una victoria a lo largo de su carrera profesional, compitiendo en las tres grandes vueltas y mejores carreras del ciclismo.

Once años más joven, Elisa debutó de la mejor manera posible: ganando. No sólo fue una de las sensaciones del Giro de Italia, donde logró la maglia bianca de mejor joven y un noveno puesto en la general final que entre auténticas leyendas de este deporte como son Marianne Vos, Judith Arndt o Emma Pooley supo a victoria. Con gran capacidad para las contrarrelojes, ha acumulado nada menos que dos medallas de bronce en los Mundiales y cuatro títulos nacionales en la disciplina. Eso sí, sin desmerecer sus prestaciones en la ruta, donde se ha coronado dos veces como campeona de Italia. En los Mundiales también tiene dos metales de bronce en sendas pruebas de ruta.

Su evolución no sólo se reduce a los campeonatos. En el propio Giro de Italia, donde comenzó a sorprender a propios y a extraños, no ha dejado de mejorar. Dos presencias en los peldaños segundo y tercero del cajón hacen presagiar que muy pronto pisará el primero. Pese a que se pueda hablar de la calidad de sus rivales, no es menos cierto que sus rivales también pueden hablar de la suya. Y temerla. Con nueve participaciones, ya va siendo hora de ser profeta en casa y de recuperar una maglia rosa que no recae en las espaldas de una italiana desde 2008, cuando Luperini logró su quinto entorchado y se confirmó en los altares de la corsa rosa. Con el dominio holandés de los últimos años en la carrera transalpina, Elisa tiene reto por delante.

Donde también se ha prodigado con éxito es en las grandes clásicas. No sólo se hizo con la Strade Bianche (carrera de la que donó la recaudación para la equiparación antes mencionada), sino con un Tour de Flandes en el que fue muy superior precisamente a las holandesas. En los Juegos del Mediterráneo se impuso en su versión de ruta ante la española y local Ane Santesteban, a la que derrotó en Tarragona. España, por cierto, también se le da bien, como demuestra su victoria en la Emakumeen Bira.

Pese a que Amanda Spratt fue la favorita a hacerse con el título en la etapa final tras dos de liderato, Longo Borghini aprovechó ese último día para separarse de su rival con distancia suficiente como para llevarse la carrera por tan sólo dos segundos. Un suspiro en el que venció a una de sus rivales presentes y futuras en el Giro.

Escrito por: Lucrecio Sánchez (@Lucre_Sanchez)
Foto: Sirotti

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