Opinión

Los españoles en el Giro 2022

La imagen de Juanpe López aporreando el manillar al cruzar la meta en el Etna representa el momento más icónico de la historia de los españoles en el Giro 2022. No se imaginaba el lebrijano ser el virtual nuevo líder de la carrera. La rabieta de perder una etapa ― que se había trabajado brillantemente ―, quedó compensada cuando sus compañeros de equipo, abrazándolo, le informaron de que era la nueva maglia rosa.

Desde ese momento, el entusiasmo, el tesón y un excelente trabajo del Trek consolidaron una maglia rosa por la que nadie daba un duro. El paréntesis montañoso de varias jornadas y la tónica de cálculo de los favoritos que presidiría el resto de Giro, afianzaron el liderato, a pesar de la corta diferencia de tiempo que existía entre los tres primeros. Todo apuntaba a que los Abruzos con el Blockhaus finiquitaría el sueño rosa. Pero no fue así, Juanpe López fue creciendo, ganándose el respeto de propios y extraños, con algún menosprecio reprochable como el de Rui Costa. La RAE entró en escena queriendo corregir su apelativo, mientras a Carapaz se le veía cada vez más ansioso y atacaba a la búsqueda de cualquier pequeña bonificación, pero Juanpe se mantuvo firme, con la N y con la maglia rosa. Diez días la lució.

Una decena que invita a soñar con este joven corredor. A destacar su desparpajo y personalidad. Algo que no se entrena. Su juventud agradece la experiencia de liderar todo un Giro de Italia. Una vivencia que seguro ayudará a acelerar una madurez ciclista en vías de consolidación. Sin lugar a dudas, una excelente noticia para el ciclismo español.

Pello Bilbao conoce bien el Giro. No en vano hizo un quinto puesto en el 2020. Llegaba a la carrera con excelentes credenciales y desde el primer día se dejó ver con los mejores. Pero había un líder definido en el Bahrain, también vasco, que se había conjurado para, de una vez por todas, alcanzar el gran objetivo desde aquel tercer puesto en el 2015. Este Giro pasará a la historia como aquel en el cual Landa pudo ganar y no ganó. Su estado de forma era indudable. Los infortunios pasaron a ser anécdota, superada la primera semana sin percances, Mikel Landa se situaba en una inmejorable posición para dar el salto al liderato. Nos quedará la duda de si esta situación pudo condicionar la capacidad de movimientos y atrevimiento de Pello Bilbao. Particularmente, despejo la duda a favor de la tesis del condicionamiento. Bilbao logró un meritorio Top 5, aunque, de haber corrido sin jerarquías, seguro que nos hubiera regalado alguna alegría.

Quizá la que se echó en falta a su compañero Mikel Landa.  En la segunda semana la ola de optimismo en torno al corredor fue creciendo. Contador lo proclamó favorito con todas las garantías y él mismo no negaba que su ambición pudiera llegar a tener su recompensa. Llegaban los Alpes, Aprica, el Mortirolo , la etapa de Lavarone, los famosos Passos de la Marmolada, y el “landismo” veía crecer el número de feligreses. Sin embargo, sobrevolaba la duda de la crono en Verona. El minuto que separaba a Landa de Carapaz impulsaba la obligación de atacar. Era condición indispensable que Landa atacara y sacara distancia sobre Carapaz y Hindley si quería optar a ganar este Giro.

El ataque nunca llegó. Esta ocasión no fue una caída ni un fallo mecánico. Simplemente, Landa no pudo. Aguantó en el momento cumbre del Giro. Cuando Hindley y Kanma le hicieron la envolvente a Carapaz. Se le vio darlo todo y superar al ecuatoriano en los últimos kilómetros, arañando unos segundos y asegurándose el puesto de podio. Comparto la opinión de quiénes creen que Landa nunca ganará una gran vuelta. Javier Mínguez le sentenció del mismo modo hace años. Alguna premisa no escrita se interpreta de este ciclista. Que, sin ganar, despierta pasiones. Que sin ser un superclase, tiene carisma y goza del respeto de la afición. Algo que no se compra con etapas, ni con dinero, lo que, traducido en términos periodísticos, ser un ciclista con duende. Un astro que brilla con intermitencias.

Resta comentar el papel del Movistar. La elección del plantel indicaba que Valverde era el único con misión definida. Arropado por su lugarteniente Rojas y con jóvenes escuderos como Antonio Pedrero, el murciano rondó muchos días la victoria de etapa, situándose en la escapada correcta. Galones que le sirvieron para optar al Top 10 durante todo el Giro. La victoria de etapa y acabar entre los diez primeros eran la idea; ni una cosa ni la otra. No pasó desapercibido el veterano ciclista, pero sí que dejó intuir que el crepúsculo de su carrera, en lo que concierne a las grandes vueltas, ha comenzado, y como el ocaso del día no tiene marcha atrás. El fracaso del colombiano Ivan Sosa es metafórico.

Todo lo anterior invita al balance del Movistar. Muy lejos de ser protagonistas, han pasado desapercibidos como si de un equipo de soporte se tratara. Dando así continuidad a la tónica de lo que lleva de temporada. El conjunto telefónico se lo jugará todo en el  Tour de Francia y en La Vuelta. La duda que se plantea es si lo hará para luchar por la general o se decantará por la búsqueda de victorias de etapas. Lo que es evidente, es que el Movistar de Valverde se va acabando, y el relevo del longevo ciclista no se sabe si está entre sus compañeros o en el Ineos Grenadier.  El Tour de Francia tiene la primera palabra.

Escrito por: Fernando Gilet (@FernandoGilet)
Foto: Sprint Cycling Agency / Movistar Team 

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