Historia

Los V de Indurain

Un ciclista del que hay mucho y nada que decir, ya que todos conocemos el palmarés y los logros del navarro. Miguel Indurain, contando con las suspensiones, continúa siendo el único corredor capaz de conquistar cinco Tours de forma consecutiva. Y es únicamente esa parte de su trayectoria la que vamos a repasar. Uno de esos nombres elevados al Olimpo del ciclismo y amparo de la historia. 

Miguel ya venía destacando en el Tour. A sus victorias de etapa (en montaña, por cierto) había que añadir una clasificación general en la que ya se estaba encaramando a los primeros puestos y en la que se veía una clara progresión. El segundo puesto en la Vuelta a España de 1991 ya le había situado a la altura de un cuestionado Pedro Delgado en el liderazgo del equipo. Con la idea de seguir apoyando al segoviano y conservar esta segunda bala en la recámara para utilizar, Banesto no se iba a imaginar lo que iba a surgir de aquel Tour de 1991. 

Todo comenzó en Alençon, ciudad que acogía una larga contrarreloj individual en la que el gran favorito a la victoria final, LeMond, vencedor de las dos últimas ediciones, también lo era para imponerse en la cronometrada y asestar así un golpe de efecto a la clasificación. Y así fue, el americano se vistió de líder, pero el vencedor de la etapa fue un espigado ciclista que respondía al nombre de Miguel Indurain. El Tour entraba en España, con etapa finalizada en Jaca. La falta de ataques provocó muchas críticas en la prensa española. La etapa reina, entre Jaca y la inédita cima de Val Louron, iba a cambiar las tornas. Coronado el Tourmalet, Chiappucci e Indurain se marchan cuesta abajo en una fuga que fructificaría y dejaría fuera de juego a sus rivales. Para el italiano la etapa, para el español el amarillo. Un maillot que ya no abandonaría hasta París

En 1992, tras haber conquistado el Giro de Italia, el navarro se enfrentaba a un Tour raro en su diseño. Salía de España, de San Sebastián, e incluía un leve paso por los Pirineos en las primeras etapas. Pavé, media montaña y los Alpes como gran plato final. A ellos llegaría Indurain aún con el gallinero revuelto por las múltiples escapadas y aventuras que tuvieron lugar en ese Tour. En la crono de Luxemburgo, eso sí, dio un auténtico recital, anticipando al segundo clasificado en tres minutos. Una marcianada que dejó la general tiritando. En los Alpes tendría que enfrentar los ataques de Claudio Chiappucci, culminados por una etapa que llegaba a Sestrieres (Italia) en la que una pájara del navarro y un día súper del transalpino pondría contra las cuerdas la fortaleza del nuevo maillot amarillo, que de nuevo aguantaría hasta París. 

El tercero vendría también después de la conquista del Giro de Italia, su segundo doblete consecutivo. Rominger sería su rival, que intentó de todas las formas posibles separarse del español, sin éxito. La más célebre intentona tuvo lugar en el Tourmalet, donde atacó en el ascenso para lanzarse como un kamikaze en la bajada. No sabía que Indurain tenía feeling con esa montaña. Le terminó alcanzando de forma sorprendente, recortándole un minuto en una bajada que el suizo realizó a tumba abierta. No habría dudas y el español conquistaría su tercer Tour consecutivo. 

Para el cuarto asalto al amarillo, la organización había diseñado un menú indigesto para Indurain. Una crono sustituida por una cronoescalada y mucha montaña, algunas de las más duras, como el Mont Ventoux, alejada de meta. Sin embargo, entre la exhibición de Bergerac (‘Tirano de Bergerac’, le apodaron los medios internacionales) y la de Hautacam, primera llegada en alto, el Tour quedó visto para sentencia. Solo Pantani en el ‘monte pelado’ y Ugrumov en la cronoescalada pusieron algo de picante, lejos ya en una general que el Banesto dominó a su antojo. 

El quinto y último Tour consecutivo de este extraterrestre saldría de la Bretaña, aplicando la maldición de todos aquellos ganadores cuyos últimas ediciones del Tour con victoria tomaron la salida en la región gala. Indurain iba a firmar su obra maestra. Camino de Lieja, con algunas cotas por el camino y en la previa a la contrarreloj, sorprendía a propios y a extraños realizando un ataque que le hizo ganar un minuto. Los equipos rivales no pudieron echarle mano pese a ir con todo. En la crono se vistió de amarillo y al día siguiente, en La Plagne, pese a la larga escapada de un Zulle que llegó a ser líder virtual, fue soltando uno a uno a todos los integrantes del pelotón, destrozado en primera persona por el de Banesto. Llegó segundo a meta, con aplastamiento del resto de enemigos. 

La ONCE prepararía un ataque a gran escala el día de Mende, 14 de julio, donde Jalabert encontró su hueco en la historia. Pusieron en jaque al Banesto, pero Indurain resolvió finalmente la papeleta como suele, de forma espectacular. Los Pirineos quedaron algo ensombrecidos por el fallecimiento de Fabio Casartelli en el descenso del Portet d’Aspet. Una tragedia que sobrecogió al mundo del ciclismo y que eclipsó la quinta victoria consecutiva en un hecho histórico que dura hasta nuestros días como un récord imbatido. 

Escrito por HC Wanders (@hc_wanders)
Foto: Sirotti

Una respuesta

  1. Buen artículo sobre nombres que habrá que tener en cuenta en el futuro

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