Historia Vuelta

Marino Lejarreta destroza a Hinault en los Lagos de Covadonga (1983)

Era una Vuelta a España especial, era indudable. La televisión iba a hacer acto de presencia en directo, como nunca antes. Por si fuera poco, el recorrido de la carrera incluía etapas muy interesantes, como la pirenaica que terminaba en Vielha tras tres colosos como Creueta, Cantó y Bonaigua, la inclusión de una gran etapa en la Sierra de Ávila y el estreno por todo lo alto de una cima que iba a significar mucho para la Vuelta durante décadas: los Lagos de Covadonga.

La participación era interesante ya por la aportación de los ciclistas españoles. En la línea de salida de Almusafes se citaron nombres como Saronni, Kuiper o Dietzen en el panorama extranjero y los españoles Alberto Fernández, Ángel Arroyo, Marino Lejarreta o Pedro Delgado. Todos ellos iban a estrenar una corriente de escaladores españoles que iba a dar qué hablar durante muchos años, hasta comienzos de los 90, donde Miguel Indurain tomó el relevo en solitario.

La carrera comenzó divertida en esos primeros días. Fignon se imponía en una etapa, Hinault se vestía de líder al día siguiente, en la primera llegada en alto pirenaica, y camino del Valle de Arán Lejarreta se iba a deshacer del galo para enfundarse el maillot. La contrarreloj de Panticosa, una bonita subida en las inmediaciones de Sabiñánigo y Formigal, aumentó la ventaja para el vasco, que parecía iba a cosechar su segunda grande tras conquistar la Vuelta en 1982 al ser descalificado Ángel Arroyo en el último momento.

Julián Gorospe y Alberto Fernández se harían con el liderato camino de Soria y Logroño respectivamente. Así, sin más, se llegó a la etapa más esperada, con un final de etapa desconocido, que evocaba a Don Pelayo y la Reconquista y que era el símbolo de Asturias, si bien desde ese momento ese papel de Santina se refrendó aún más. La Virgen de Covadonga y los Dioses del ciclismo se empeñaron en que el mito se quedase para siempre, y así fue.

Era el día en el que se esperaba que Bernard Hinault diese la Vuelta a la vuelta y comenzase a tomar el papel dominante que se esperaba de él. No sólo no fue así, sino que los españoles le dieron revés tras revés e hicieron que el temido ‘Tejón’ se fuese calentito al hotel. El estreno del palmarés del puerto fue inmejorable, con la historia de Marino Lejarreta machacando al francés e imponiéndose en una cima que desde ese día pasaría a la leyenda. Hinault mitificó la subida y quedó para siempre como los ‘Lagos de Hinault’, en alusión al Lago de Enol que los ciclistas se encuentran en la cima una vez coronan el último de los repechos.

La belleza del lugar y las durísimas rampas, más aún en la época con la falta de desarrollos que existía en comparación con nuestros días, hicieron lo demás. Los Lagos de Covadonga no iban a faltar en ninguna edición de la Vuelta hasta 1988. De hecho, únicamente las ediciones de 1990, 1995, 1998 y 1999 contaron con la ausencia del coloso. Lejarreta tenía su victoria más mítica y los Lagos un ganador de época que representó el alzamiento de una generación que no sólo daría problemas en la Vuelta a los rivales extranjeros, sino que aterrizarían ese mismo año en el Tour con la moral por las nubes por esta victoria.

La historia posterior de la carrera la conocemos todos. Gorospe cogió el liderato en la contrarreloj de Valladolid (ganada por Hinault) y en las inmediaciones de Ávila el ganador del Tour de Francia iba a ser implacable. Atacó con todo en Serranillos y el líder se hundió, no pudo seguir su rueda. Desmoralizado, perdería la Vuelta. Bernard Hinault se marchaba por delante con la compañía de Belda y Lejarreta, que no pudieron hacer nada por arrebatarle en el Velódromo la victoria de etapa.

El ciclista del Renault-Elf se haría así con su segunda victoria en la ronda española, tras auparse con el trofeo de ganador en 1978, que a su vez era su debut en la Vuelta y en una carrera de tres semanas. De hecho, el francés no ha bajado de la segunda posición en las doce que ha terminado (dos segundos puestos, diez primeros y un abandono del Tour en 1980). Un auténtico genio.

Un genio que no pudo con una montaña que traía algo de moral a la Vuelta, que siempre se encontraba varios pasos por detrás de la alta montaña del Giro o del Tour. Una montaña, al menos, era capaz de competir con esos monstruos de los Alpes y los Pirineos de tú a tú, con una enorme repercusión en todo el mundo.

Escrito por Lucrecio Sánchez

Foto de portada: Sirotti

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