Opinión Historia

Más allá del récord no récord de Roberto Heras

Ubicaremos la historia en primer lugar. Roberto Heras alza los brazos sobre los cielos de Madrid en cuatro ocasiones como vencedor absoluto de la Vuelta a España. Hasta allí llegó derrotando la adversidad de una feroz caída que llenó de grapas su rodilla y doblegando a un ruso, Denis Menchov, al que durante dos semanas apenas se vieron fisuras. Consiguió el más difícil todavía tras una jugada maestra de su equipo, un Liberty Seguros que impuso su superioridad ante un Rabobank absolutamente desarbolado y a merced de las tácticas de su líder, que camino de Brañillín-Pajares cometió varios errores que le costarían subir a lo más alto del podio final. 

Heras cumplía así un sueño, algo que nadie imaginaba cuando bailaba la bicicleta asomando entre los mejores por aquellos lejanos años ’90. El escalador que hacía temblar a Lance y fue firmado a golpe de talonario fue el gran dominador y protagonista de estas tres semanas de septiembre durante los comienzos de siglo, igualando el récord establecido por Tony Rominger en tres victorias, además consecutivas. Y lo hizo sacándole el máximo partido a unas normalmente exiguas etapas de alta montaña y haciendo frente a una amplia ración de contrarreloj que haría a cualquier vueltómano de hoy día tirar la toalla y poner el grito donde Roberto ponía los brazos: en el cielo. 

Semanas después de culminar la gesta, se anuncia el positivo del salmantino, confirmado en el contranálisis. El título termina pasando a manos del segundo clasificado, un Denis Menchov al que se vistió con el maillot de líder en Málaga, en la salida de la Vuelta del año siguiente, en una pequeña ceremonia que intenta reparar el daño causado por el tan sonado caso. Pero ahí no termina la historia. Tras un largo litigio, Heras logra que se le dé la razón y se le otorgue de nuevo, en primavera de 2017, la Vuelta que le fue arrebatada doce años atrás. 

No es un caso aislado, puesto que recientemente le fue otorgado un título a Chris Froome tras el análisis de una muestra de Juanjo Cobo, el maillot rojo en Madrid. El caso de Landis y el Tour de Pereiro. Los siete de Armstrong, el Tour de Andy Schleck… la historia del ciclismo está salpicada, por desgracia, de casos que, además de dañar la imagen de su deporte, confunden aún más a los que todavía siguen delante del televisor para disfrutar del ciclismo. ¿Quién ganó la Vuelta 2011? Hay imágenes que un palmarés corregido no puede borrar, que un aficionado que las vivió no puede borrar. Y el poder de una imagen sigue siendo, por lo general, más potente que el de una palabra. 

No es por la vertiente del dopaje por donde quería llevar la historia, aunque es justo ponerlo en antecedentes y contexto. La lacra de la trampa es algo innegable, que está ahí y que no podemos borrar ni obviar (tampoco repetir hasta la saciedad). Pero, ¿se puede gestionar el efecto de todos estos huracanes de alguna otra manera? En un deporte que vive en gran medida de su historia y grandeza en el paso de generación a generación, de héroes a los que después los jóvenes quieren emular. Si hay un hueco en el palmarés de siete años en el Tour de Francia, sin entrar a juzgar si es justo o no, cada uno tendrá su forma de verlo, hay que valorar el doble daño que se realiza. 

Si ya los motivos para realizar ese borrado de la memoria no fueran lo suficientemente dañinos, arrebatarle unas cuantas páginas a un deporte que vive de la épica me parece cuanto menos cuestionable. Desconozco cuál sería la medida alternativa que despoje de un menor número de razones la margarita de los aficionados presentes y futuros. Lo que sí sé es que estos bailes de títulos tampoco son positivos para la imagen de un deporte que arrebata así uno de los momentos más bonitos, la culminación de un día a día llevado a cabo durante muchos años para recibir el aplauso y reconocimiento que la otorgación de una gran vuelta por esta otra vía no permite. 

Habrá que plantearse qué está fallando (o pasando) para que estas resoluciones tengan lugar años después. La prevención es la mejor arma, pero habría que preguntarse si realmente interesa cambiar las cosas, prevenir daños, por parte de quien puede cambiarlo. O si la hipocresía va a ser norma habitual como patada adelante una vez tras otra. Con Roglic buscando su récord, su tercer reinado en la Vuelta, uno ya no sabe si empataría en la cima con Rominger y Heras, sólo con el suizo, con ninguno… 

En fin, un resquicio más de crecimiento y mejora por explorar. ¿Se explorará o se recurrirá -como siempre- a esperar que el viento se lleve las sombras entre tempestad y tempestad? 

Escrito por: Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: Sirotti

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