Opinión

Mohoric, van der Poel, San Remo y el lema de «impossible is nothing»

En un directo de Twitter que tuvimos con Sergio Fernández Yustos salió a relucir la opción de Matej Mohoric como posible outsider a la victoria en Vía Roma, en el primer ‘monumento’ de la temporada 2022. Todos coincidimos en reconocer la grandeza del esloveno (uno más) y su indudable olfato para observar con tiento el camino adecuado para llegar hasta la victoria. Pero en ningún caso, pese a incluirlo en una segunda o tercera línea de favoritos con la boca pequeña, nos creímos su candidatura a subir un escalón en su ya de por sí magnífica trayectoria. Crecido en brazos del Bahrain-Victorious y la ola eslovena en el ciclismo, surfeó como nadie las rampas en descenso del Poggio para alcanzar la orilla en primer lugar y levantar los brazos ya con los pies en tierra firme. Ese instante, ese cambio de guardia, ese pasadizo que se activa al pulsar un ladrillo. Ahí leyó Mohoric y dudaron los demás. El resultado, el esperable. Rozando las paredes con su estilizada técnica que es todo riesgo y precisión, incluso cuando su tubular sale de la calzada, fue demasiado para un Tadej Pogacar que en fases intentó seguir su estela, aunque con mucho más que perder. 

El recorrido de la Classicissima es el mismo, pero la actitud con la que se disputa es bien diferente de unos años a esta parte. El ánimo por que el mejor corredor del momento buscase con ahínco separarse de los favoritos fue uno de los mayores atractivos. Pogacar fue a la batalla sin tener muchas armas. Era la rueda más vigilada y previsible era su estrategia. Por tanto, en un terreno carente de las grandes montañas o cuestas de otras carreras, le fue complicado manifestar su superioridad. Los rivales, sabedores de que el terreno no era el más idóneo para un corredor muy potente, sí, pero más ducho en otro tipo de emboscadas, no sufrieron el bloqueo mental que el pánico les produce cuando Tadej arranca. Porque es pánico lo que sus rivales comienzan a mostrar. El ataque estaba anunciado. La respuesta era fácil de prever. 

El favoritismo de Van Aert sirvió para bien poco, como le suele pasar, falto de iniciativa, algo que achacan las voces más críticas con el belga, si es que se le puede buscar un ‘pero’ a este genio del pedal (ay, si Roglic corta al pelotón cuando Tadej y Wout estaban en las dos primeras posiciones del pelotón). Cuando de continuo debes achicar agua, sucede que el barco acaba por hundirse tarde o temprano. Cuando vives muchos naufragios por el mismo motivo, debes reflexionar en si es más conveniente esperar o en buscar la táctica para distraer a los enemigos y disfrazar sus opciones con disimulo, que hizo un van der Poel que por poco no da la sorpresa. El ‘Bicho’, como ya le apodan en redes sociales, fue tercero tras el francés Turgis, que le da un saco de puntos (y de moral) a un Total Energies en el que se esperaba más a un Sagan que ya se da por hecho que no va a volver. El neerlandés vivió momentos de duelo con su alter ego, Van Aert, rueda sobre rueda. Inseparables. 

Destacar el papel de Aranburu, que resistió bien las embestidas de galgos tan potentes y llegó 13º en la segunda unidad. Fue sin duda el mejor Movistar y volvió a demostrar que tiene un podio en esta carrera en las piernas. Veremos si también en la cabeza. Otros usual suspects como Pedersen y Matthews, abanderados de esa clase media con punta de velocidad, estuvieron en su sitio, un tanto ocultos entre tanto rascacielos. Muy destacable el papel del danés Kragh Andersen. Suya fue la mayor intentona en la cima del Poggio, quizá la más dura y sostenida. Mucho veneno este tipo de ciclistas de nivel medio al que nadie presta atención. 

Y es que fue el día de Eslovenia, país que cuela a tres ciclistas entre los diez primeros y cuatro en el top-20. Se añade, por cierto, a los países que han izado la bandera en San Remo, un territorio más conquistado por ese pequeño país europeo. También día de récords, como la subida más rápida a la Cipressa en los últimos veinte años. Un dato que deja entrever la velocidad a la que se disputó una prueba que en los últimos años está perdiendo la previsibilidad que sufría. El sprint ya no es una opción tan clara. Tampoco hay equipos tan potentes para controlar las llegadas. Tampoco hay velocistas tan claros. Y cada vez se alistan más francotiradores que terminan por leer con bastante más tino una carrera que es historia del ciclismo edición tras edición. 

Escrito por: Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: LaPresse/Gian Mattia D’Alberto/ RCS Sport

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