Puertos Cicloturismo

Mont Ventoux, el gigante de la Provenza

Existen muchas leyendas en torno a las montañas. Si sirven de control a los pueblos o de barrera con otros valles, las historias giran en torno a esa mole de tierra y piedra cuya inmensidad se extiende sobre sus ojos por encima de todas las casas. Es el caso de nuestro protagonista, un puerto que necesita pocas presentaciones. El Mont Ventoux es una montaña de mitos, éxitos y fracasos. Y de viento, como su propio nombre indica. 

Hay varios accesos a este coloso. Desde la localidad de Bedoin puede ser el más conocido, con más de 20 kilómetros a una media que viaja entre el 7 y el 8%, con los últimos seis kilómetros absolutamente pelados, en un paisaje que recuerda más a la luna que a nuestro planeta. Hasta llegar allí, poblados bosques, una carretera lo suficientemente ancha como para que se atragante y tú, ciclista, te hagas bien pequeño. La pendiente rara vez pasa del 10%, pero raramente baja del 8. Es un sufrimiento constante, un esfuerzo de largo alcance. 

Cuando la vista alcanza el Chalet Reynard, se puede pensar que lo más duro ha pasado, pero es más bien lo contrario. Hasta coronar esperan unos kilómetros que, si bien tienen un punto de pendiente más bajo que los dos primeros tercios de ascenso, sí añade un elemento hasta que hasta ahora no habremos notado: el viento. De costado casi siempre, si sopla con violencia, puede haber problemas incluso para continuar la marcha. 

El último kilómetro es durísimo, aunque se disfrutan las vistas sobre la inmensidad de las planicies provenzales. Se corona junto a la torre que está en la cima, desde la que se inicia la vertiente opuesta de esta cruel montaña. No es tan dura como la que habremos ascendido, la más famosa, pero tiene mucha dificultad que pasa desapercibida. La parte final, pasada la estación de Mont Serein, recuerda a las clásicas semirrectas que llevan a la pancarta de puerto desde Bedoin. Poca protección del arbolado y riesgo de viento, si bien con mucha menor intensidad, al estar protegidos del mar por la propia montaña. 

Los descensos tienen su dificultad en la velocidad que se alcanza. El piso suele estar bien, pero en ocasiones hay que estar pendientes de que el deshielo no haya producido ningún desperfecto o bache. Teniendo en cuenta estos dos hechos, es cuestión de disfrutarla. 

Otra de las vertientes es la que alcanza Chalet Reynard. Es la menos dura de las tres, si bien ofrece dificultad y pestoseo que añadido a lo que nos exigirá ya de por sí la parte final, compone un muy buen puerto en el global. Combinar varias de ellas puede ser interesante si las fuerzas acompañan. Las pájaras están a la vuelta de la esquina, y aquí las ves venir, porque además no hay más referencia que la antena, que cada vez parece más lejana y cuya visión encima de tu cabeza hace aún más duro el ascenso en el componente psicológico. 

Escrito por Lucrecio Sánchez  (@Lucre_Sanchez)
Fotos: Laura Palacio (@laurina_cycling_culture)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.