Historia

Papá, yo también quiero ganar etapa en el Tour

Muchas son las familias ciclistas que han triunfado en el deporte del pedal a lo largo de su historia. Sagas de hermanos, madres, sobrinos, tíos, abuelos, padres, sobrinas… El amor por la bicicleta se transmite de generación en generación. En la más grande de las carreras, pocos hijos han podido reeditar las hazañas de sus progenitores. Hasta la fecha, cinco padres e hijos han podido coronarse con el triunfo parcial. Los repasamos a continuación:

Los Masson (Bélgica)

Émile Masson (1888-1973)

Nuestra lista empieza con este valón, paisano y amigo de dos ganadores del Tour de Francia como Firmin Lambot y Léon Scieur. Nacido en 1888 y profesional desde 1913, sufrió como tantos pioneros el parón por la Primera Guerra Mundial. Tras su regreso a la competición en 1919 llegarían sus mejores victorias. Su gran año en el Tour de Francia fue en 1922, ganando dos etapas. En su palmarés se incluyen también dos Vueltas a Bélgica, la Burdeos-París de 1923 o un tercer puesto en la Paris Roubaix de 1922.

La primera victoria de etapa llegaría en la jornada que unía Briançon con Ginebra. Tras superar en cabeza Galibier, Télégraphe y Aravis, era cazado en el último tramo por Hector Tiberghien, ciclista más rápido que él. Sin embargo, ante el mal estado del piso por las fuertes lluvias, los comisarios deciden que el ganador se dilucidará en una contrarreloj de una vuelta, beneficiando a nuestro protagonista. Al día siguiente repetiría triunfo, esta vez en un cara a cara al sprint ante el francés Joseph Mulder en Estrasburgo.

Émile Masson (1915-2011)

Si bueno fue el padre, más se puede decir del hijo. Nacido en 1915, Émile Masson «junior» fue uno de los mejores ciclistas belgas del periodo de entreguerras. Vencedor de la Flecha Valona en 1938 y de París-Roubaix en 1939, su única victoria de etapa en la Grande Boucle llegaría en el primer sector de la 17ª jornada de la edición de 1938, al imponerse al sprint en la meta de Belfort al alemán Otto Weckerling.

El estallido de la II Guerra Mundial cortó de raíz una carrera que prometía un palmarés a la altura de los grandes de la Historia. Como tantos otros, tuvo que jugarse la vida en el frente y llegó a ser prisionero durante el conflicto bélico. Sin embargo, logró volver al ciclismo en la postguerra. Y todavía con prestaciones de mucho nivel, como el doble campeonato nacional belga y la Budeos-París de 1946. Tras su retirada en 1951 se dedicó al periodismo, siendo además corresponsal de diferentes medios belgas en el Tour de Francia. Fallecía en enero de 2011 a los 95 años de edad.

Los Molinéris (Francia)

Pierre Molinéris (1920-2009)

Este gran escalador galo, con un palmarés de gran nivel, también vio su carrera truncada por el conflicto bélico. Profesional desde 1942, lograría sus mejores resultados tras la II Guerra Mundial. Curiosamente, al igual que los Masson, perteneció al poderoso equipo Alcyon. Entre sus victorias figuran tres etapas en Dauphiné Libéré y varios pódiums en carreras de gran prestigio, como el Giro de Lombardía o las generales de París Niza y la propia Dauphiné.

Pese a sus dotes en la montaña, la única victoria de Pierre Molinéris en la Grande Boucle llegaría en un escenario bastante opuesto al de las grandes escaladas. El ciclista de Niza se imponía en solitario en la meta de Roubaix en la cuarta etapa del Tour de 1952, beneficiado por la táctica conservadora de la poderosa selección italiana de Magni, Bartali y Coppi, a la postre vencedor final de la carrera.

Para conocer más sobre este interesante ciclista, recomendamos la pieza del Juan Ocaña en el blog de la AIHEC.

Jean-Luc Molinéris (1950-)

Uno de los grandes corredores de equipo de la historia de nuestro deporte, tanto en calidad como en cantidad. Molinéris hijo compartió escuadra y carreras con leyendas de la talla de Eddy Merckx, Luis Ocaña, Lucien Van Impe, Freddy Maertens, Bernard Thevenet, Lucien Aimar… Dedicado principalmente al servicio de sus líderes, lograba brillar en aquellas pruebas en las que gozaba de libertad, contando en su palmarés con dos ediciones de la Etoile de Bessèges.

Su victoria de etapa en el Tour de Francia llegaría en Harelbeke en 1974, en la sexta jornada. Un día de puro sabor belga, con ataques y contraataques incansables y un sinfín de pinchazos que hicieron sufrir de lo lindo a Eddy Merckx y Raymond Poulidor. El ataque bueno no llegaría hasta 20 kilómetros de meta. Jean-Luc lanzaba una serie de fogonazos que solo podría seguir Michel Pollentier. El francés se imponía en el sprint al que sería vencedor del Giro de 1977.

Los Nijdam (Países Bajos)

Henk Nijdam (1935-2009)

El neerlandés se destapó en la década de los 60 como una estrella de la pista, logrando dos campeonatos del mundo de persecución individual consecutivos en 1962 y 1963. Pese a ello, diversos problemas y desavenencias con la federación de su país le fueron orientando hacia la carretera, donde destacó como velocista y rodador. Además de las dos etapas del Tour, cuenta con cuatro victorias en la Vuelta a España, tres de ellas logradas en la edición de 1966

En la edición de 1964, en una etapa llana previa a los Alpes camino de Besançon, el equipo Televizier neerlandés aprovechaba la velocidad de Nijdam en el velódromo para lanzarlo en pos de la victoria después de neutralizar un sorprendente ataque a 10km de meta de Bahamontes, Galera, Poulidor y Stablinski. En 1966 la victoria llegaba en la localidad de Montluçon, resolviendo la fuga de la vigésima etapa en la que iban además el belga Boucquet y los españoles Valentín Uriona y Ginés García.

Jelle Nijdam (1963-)

Palabras mayores. De nuevo el hijo supera los hitos del padre. Jelle Nijdam es todo un clásico de las décadas de los 80 y 90 del pasado siglo. Un poderoso rodador con punta de velocidad e instinto asesino. Especialista además contra el crono, sobre manera en distancias cortas. Una capacidad de mantener el ritmo al máximo que le sirvió para acostumbrarse a ganar en fugas y en arreones sorprendentes en los últimos kilómetros. Un maestro de reventar volatas y de ganar pulsos al pelotón. Condiciones para granjearse un palmarés que supera las 60 victorias como profesional, entre ellas varias vueltas por etapas, la Amstel del 88, la Paris-Tours y la París-Bruselas del 89 o un doblete en Binche en los años 90 y 95. Cuenta también con una victoria en la Vuelta a España en la contrarreloj de Jerez de la Frontera de 1992.

Su idilio con el Tour de Francia le llevó a lograr seis victorias parciales en cinco ediciones consecutivas de la ronda gala, entre 1987 y 1991, algo al alcance de muy pocos ciclistas. Una racha que arrancó a lo grande en la etapa prólogo del 87 en Berlín, que le permitiría lucir el maillot amarillo por un día. Liévin en 1988, Wasquehal y Gap en su gran 1989, Vittel en 1990 y Valenciennes en 1991 también vieron al fantástico ciclista de Zundert alzando los brazos en la línea de meta.

Los Vasseur (Francia)

Alain Vasseur (1948-)

El corredor de Dunkerque parecía ser una de las grandes esperanzas del ciclismo galo. Llegaba a su primer Tour de Francia en 1970 con una magnífica carta de presentación para un corredor de su edad. Había ganado dos años antes la París-Roubaix Espoirs y dos etapas del Tour del Porvenir, y en su primer año de profesional había triunfado en casa en los Cuatro Días de Dunkerque y había firmado top10 en París-Niza. Su victoria de etapa llegaría en la octava jornada en el Felsberg belga, con el maillot del Bic como compañero del gran Luis Ocaña. Una fuga en solitario de más de 60 kilómetros en la que llegó a ser maillot amarillo virtual antes de que los coequipiers de Eddy Merckx redujeran su ventaja.

Pese a su fulgurante inicio en el profesionalismo, nunca volvió a repetir los resultados de esos primeros años, y acabaría colgando la bicicleta en 1974 después de seis temporadas en el Bic, equipo en el que coincidió con ciclistas de la talla de Anquetil, Aimar, Ocaña o Janssen.

Cedric Vasseur (1970-)

Aunque ya había ganado una etapa en el Tour del Porvenir y en Midi Libre en años anteriores, Cedric pasó a la fama a lo grande en el Tour de 1997. Una de esas hazañas que tanto gustan en el país galo. 150 kilómetros de fuga para entrar victorioso en La Châtre luciendo el maillot del mítico equipo GAN, que cambiaría ese día por un flamante y ensoñador amarillo de líder de la general. Y después, épica, sufrimiento, exprimir su sueño hasta donde las fuerzas pudieran. Su defensa del liderato en los Pirineos fue de esas que enardecen a los aficionados de casa. La túnica sagrada aguantó sobre sus espaldas hasta el golpe definitivo de Jan Ullrich en Andorra.

Un 1997 que le puso en el escaparate, llegando a ser gregario de Lance Armstrong en su segundo «no-Tour» en el 2000. Diez años después de su gran semana, en el Tour de 2007 y enfundado con los colores de Quickstep, pondría el broche de oro a su carrera repitiendo gloria en la etapa de Marsella, en la que se imponía al sprint a su compañero de fuga Sandy Casar. Convertido en un peso pesado del ciclismo galo, llegó a ser presidente de ACP y es ahora manager del equipo Cofidis.

Los van der Poel (Países Bajos)

Adrie van der Poel (1959-)

Adrianus Aloysius Jacobus “Adrie” van der Poel tuvo una carrera profesional tan larga como su nombre, siendo uno de los ciclistas más destacados del último cuarto del siglo XX. Veinte años batiéndose en la carretera, además de una importante trayectoria en el barro, alcanzando el campeonato del mundo de ciclocross en 1996. En su haber en ruta medio centenar de triunfos, entre los que se pueden encontrar monumentos como el Tour de Flandes de 1986 o la Lieja de 1988, así como muchas de las más grandes carreras de un día del calendario mundial, como la Clásica de San Sebastián 1985, París-Tours 1987 o la Amstel de 1990.

Aunque ya había vestido de amarillo un día en 1984 (algo que nunca pudo disfrutar el ídolo francés que se convertiría pocos años después en su suegro, el gran Raymond Poulidor), su primera victoria parcial en la Grande Boucle no llegaría hasta 1987. Era la novena etapa entre Orléans y Renazé. Ciclismo para fondistas de ese que se extingue, 260 kilómetros. La fuga buena se forma a poco más de 20 kilómetros de meta: De Rooij, Peeters, Garde, Amadio (lo que creó locura y confusión en tierras de los Madiot) y un van der Poel que no perdonó en el sprint por la victoria. Al año siguiente, en el Tour de Perico, Adrie lograría su segunda y última etapa, en Pau, al sprint. Se imponía a Etienne De Wilde y a otro “papá” famoso, el americano David Phinney.

Mathieu van der Poel (1995-)

El “Bicho” irrumpía en el ciclismo de ruta igual que en el ciclocross o en el mountain bike, revolucionándolo todo. Un ciclista que rompe esquemas a base de vatios y de locuras. Capaz de lanzarse a lo imposible porque se aburre o tiene frío, y de intentar coleccionar arcoíris en todas las disciplinas. Exhibiciones que parece empiezan a pasar factura en lo físico. Seguramente la carretera deba convertirse en su único foco, así que cuando vuelva volverá con tanta hambre que da miedo. Flandes, Amstel, Strade Bianche, más de 30 victorias con “solo” 27 años. Un palmarés impresionante, y más si sumamos su colección de títulos en otras especialidades.

En 2021 debutaba en el Tour con el objetivo de igualar a su padre vistiendo el amarillo para honrar también la leyenda de su abuelo Pou-Pou, que se había ido de este mundo sin poder ver a su nieto conseguir el sueño que a él tantas veces se le negó. Y solo tardaba un día en reventar muros. Precisamente en un muro, el de Bretaña, destrozaba a todo el pelotón para llevarse su primera etapa y vestir la túnica sagrada. Sabía que en los Alpes se acabaría su Tour, pero antes regaló momentos inolvidables vestido de amarillo. Una crono espectacular para un “novato” en la disciplina, y una jornada camino de Le Creusot que se convertía en una de las más grandes etapas de nuestro siglo. Por condiciones, si el físico lo permite, podría reventar los récords de todos los padres e hijos que han vestido esta lista de ganadores.

Escrito por Víctor Díaz Gavito (@VictorGavito)
Foto: PresseSports/Bernard Papon

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