Historia

Paulo Ferrerira, en honor de Agostinho

Profesional desde 1968, Joaquim Agostinho sentía que sus horas como ciclista en la élite estaban llegando a su fin. Así, en la temporada 1984 ya no militó en ningún equipo de primer nivel  Lo hacía en el club de sus amores futbolísticos, el entonces Sporting de Lisboa.

La vida deportiva de Agostinho estuvo determinada por su falta de pericia sobre la bicicleta. También su muerte. Agostinho no compitió en las categorías inferiores del ciclismo. Empezó muy tarde. Se saltó esa etapa fundamental, la de la niñez y juventud, en la que se adquiere la técnica de control sobre la bicicleta. Y bien que lo pagó. Porque sufrió muchas y terribles caídas durante su larguísima presencia en el pelotón internacional.

La última de ellas en la Vuelta  al Algarve de 1984 vistiendo la camisola de líder. A menos de un kilómetro de la meta en Quarteira, un perro se cruzó en su camino. Joaquim se fue al suelo golpeando su cabeza contra el asfalto. Sin embargo, se levantó y acabó la etapa. La persistencia de dolores de cabeza determinó su traslado a un hospital. Es ahí donde se comprobó la gravedad de las heridas, que incluía la fractura del hueso parietal por traumatismo cráneo encefálico. Joaquim Agostinho falleció diez días después, tras estar en coma. Conmoción en todo el país luso. Agostinho había sido sin lugar a dudas el mejor corredor de la historia de ese país.

Mes y medio más tarde su equipo tomaba la salida en el Tour de Francia. Le Grand Départ de aquel Tour estuvo marcada por los acontecimientos de unos meses atrás. La salida de Bernard Hinault del equipo Renault por la emergencia de Laurent Fignon, y por los enfrentamientos entre Cyrille Guimard y el bretón. Así, vivimos, sobre todo en las primeras etapas, una extraordinaria rivalidad y marcajes entre dos equipos. Por un lado, el Renault de Cyrille Guimard y Laurent Fignon. Por otro, La Vie Claire, el megaproyecto de Bernard Tapie, y con Bernard Hinault como jefe de filas.

El 3 de julio la etapa parte de Béthune y se dirige hasta Cergy-Pontoise. Son 207 kilómetros de recorrido bajo el sol. Adrie van der Poel, padre de Mathieu, del equipo Kwantum, viste el amarillo de líder.

En el kilómetro 7 un ciclista del Sporting de Lisboa, equipo patrocinado por entonces por la marca Raposeira, salta del pelotón. Luce un precioso maillot blanquiverde a listas horizontales. Se trata de un sprinter; su nombre: Paulo Ferreira. En el kilómetro 15, Maurice Le Guilloux, un co-equipier de Hinault en La Vie Claire, le alcanza. El estrecho marcaje al que se sometieron los dos grandes equipos franceses determinó que la Renault también debiera enviar a un embajador a aquella escapada. Se trataba del dorsal 2, Vincent Barteau, que en el kilómetro 22 empalma con la cabeza de carrera.

El equipo Kwantun de van der Poel se desentendió de aquello. El trío de cabeza llegó a acumular escandalosas diferencias sobre el pelotón. Aquello acabó convirtiéndose en una auténtica fuga-bidón.

El equipo Sporting Raposeira era muy modesto, en comparación con el resto de los que participaban en aquella edición del Tour. Sus ciclistas eran bastante desconocidos. También Ferreira, que ya había ganado carreras en su país merced a su velocidad: en el Gran Premio Jornal do Noticias, en la Vuelta al Alentejo. También en la Vuelta al Algarve de unas semanas atrás, donde había se había herido tan gravemente su compañero Agostinho. Pero seguía siendo un absoluto desconocido para el gran público. Seguramente también para sus compañeros de escapada y rivales para la resolución del triunfo.

Se preveía el desenlace. Liderato para Barteau, el mejor situado en la general. Etapa para Maurice Le Guilloux. Reparto típico y habitual. Pero el rápido Ferreira aguó la fiesta. Inteligentemente, guardó sus fuerzas para batir en un emocionante esprint a Barteau.

Paulo Ferreira se convirtió, en aquel momento, en el segundo ciclista luso en ganar una etapa en la ronda gala, tras Joaquim Agostinho. A lágrima viva, el emocionado Paulo le dedicaba la victoria, como se puede observar en el corto vídeo que ilustra este artículo y que recomendamos encarecidamente visionar.

El pelotón llegó pasados 19 minutos. Una diferencia que no era habitual ya en esos tiempos. La presencia en la escapada de los dos grandes equipos franceses determinó que ningún equipo, ni el del líder, se ocupase de aquello, y posibilitó que un tercer hombre, Ferreira, pudiese así homenajear al más célebre de los ciclistas lusos.

Escrito por: Raúl Ansó Arrobarren (@ranbarren)
Foto: Sirotti

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