Historia

Pedro Delgado estrena el Mortirolo

Corre el año 1990. El Giro de Italia desciendo una montaña alpina de bastante dificultad, sin exageraciones en la subida, pero con excesivo drama en la bajada. Leonardo Sierra, a la postre ganador en la meta de Aprica, besó el suelo en múltiples ocasiones. La gran pendiente en combinación con constantes curvas con sensación de espiral y la lluvia fueron un suplicio para el venezolano. El grupo se lo tomó con calma, pero sobrevivió, pese a alguna caída, con Bugno al comando de la general vestido de rosa. 

Una locura de puerto que en sentido inverso iba a ser ascendido por primera vez en 1991. El italiano Chioccioli tiranizaría esa edición, dejando únicamente dos etapas sin ocupar la posición primera de la general que daba derecho a portar la maglia. El corredor del Del Tongo coronó el nuevo paso, que se erigiría en un mito a partir de 1994, cuando fue mitificado por Marco Pantani, Miguel Indurain y Evgeni Berzin. Camino de Aprica, donde vencería la etapa, Franco fue muy superior y terminó de sentenciar, si es que no lo había hecho ya, el Giro.

Pedro Delgado tomó la salida en aquel Giro. En su equipo, el Banesto, había aires de cambio con la evolución de Miguel Indurain hacia un muy buen ciclista, clasificado entre los diez primeros en el Tour del año anterior y llevar dos años consecutivos alzando los brazos en alta montaña. Por si fuera poco, el navarro se había exhibido en la Vuelta a España de 1991, donde quedó segundo por detrás de un fortísimo Melchor Mauri.

La idea del segoviano fue repetir el calendario que le llevaría al éxito en 1988, con participación en el Giro y posterior en el Tour, donde conquistaría en París su hasta la fecha único maillot amarillo. Entonces fue 7º en la general final, luchando contra la etapa más dura que jamás hayan vivido muchos corredores: la del Gavia. La nieve atenazó a todos los líderes, imaginemos lo que hizo con los que iban más justos. Un día terrorífico que es historia de este deporte. ‘Perico’ iba a seguir escribiendo la leyenda junto a la corsa rosa porque en 1991 se iba a estrenar el Passo del Mortirolo por su vertiente de Mazzo di Valtellina, la dura, la que se ha convertido en un símbolo del ciclismo.

No hizo una buena carrera, quizá dejándose llevar para no acusar falta de fuerzas en el Tour. Fue 15º en la clasificación general final, a más de media hora del ganador. Un rendimiento que no hacía justicia al español, como tampoco lo haría su Tour, en el que Indurain comenzaría su reinado, pasando el segoviano a un segundo plano.

Escrito por Lucrecio Sánchez

Foto: Sirotti

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