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Peio Bilbao, Landa, el ruido y las nueces

De la mano de Euskaltel, reflejados en el color naranja que inundó las cunetas de gran parte del calendario, surgieron dos talentos que han seguido trayectorias muy similares y, a la vez, diametralmente opuestas. Mikel Landa lanzó las campanas al vuelo con su levedad en las infernales rampas de las Lagunas de Neila. Su victoria espoleó a los futurólogos, si bien aquel día de agosto todos (incluido él) descubrimos que había calidad para rato y que había que anotar ese hombre en los horizontes por explorar. 

Por otra parte, Peio no ha tenido esa fuerza de titular, esa expectación a su alrededor. Ambos unieron sus futuros cuando la formación vasca se tomó un respiro indefinido, fichando por un Astana en el que de nuevo se repitió la historia. Mikel brilló demasiado, Peio fue carburando, de menos a más, sin ruido. La marcha de Landa a Sky y Movistar permitió que los dos hicieran carreras separadas por un tiempo. Bilbao aprovechó para encontrar su lugar. Un lugar que se hizo grande y se diferenció de su compañero/amigo en que los frutos que nadie esperaba iban llegando, mientras que los de Mikel no terminaban de aparecer, tan altas que fueron las expectativas. 

Hay un día concreto en que ambos fueron rivales y caras de una misma moneda. El Movistar de Carapaz trabajando para que el escalador de Murgía entrase en el podio y venciese la última etapa de montaña con meta en Croce d’Aune. Sin embargo, por el camino se cruzó un ciclista que vestía el azul celeste de Astana, alguien que ya había saboreado la gloria en la etapa de L’Aquila y conocía el camino. Bilbao ganó a Landa, sin saber aún que una temporada después volverían a ser compañeros, quién lo pensaría en ese momento. 

En el transcurso de aquellos días los colores de Bahrain los defendía un Vincenzo Nibali al que siempre gustó dar la cara, mostrar, proponer. Buen exponente del ciclismo que gusta, que lanza, que ilusiona. Eso que representan nuestros dos protagonistas. Con la baja del transalpino de cara al curso 2020, el plan tenía que girar, que buscar nuevas fórmulas. 

Bahrain reclutó a los dos escaladores vascos. La expectativa, de nuevo, estaba sobre Mikel. Bilbao pasaba de puntillas como un refuerzo de complemento. Después de ver su Giro sin el teórico jefe de filas, ¿quién no piensa que la historia vuelva a repetirse y Peio, fiel a Landa, no hay duda, encuentre mejores sensaciones que el tercer clasificado de 2015? Ya nadie se aventura a denegar esa opción, el foco se está moviendo. Quizás eso aliente a Mikel a dar algún paso adelante. Es curioso cómo somos los humanos, cómo la luz brillante nos deslumbra, nos hace perder la noción de nosotros. 

Y en esas nos encontramos, con una dupla que hará o no un gran Giro, que volverá a unirse para el Tour, que velará por los intereses de un Bahrain que ha firmado estabilidad y cimiento con ellos dos. ¿Más allá? Ojalá haya opción de que brillen juntos y se cieguen el uno al otro. Sería un buen síntoma además del buen ciclismo que practican, normalmente con tácticas osadas y propuestas en positivo. Una dupla de la que esperar y disfrutar. 

Escrito por: Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: Sirotti

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