Puertos Cicloturismo

Pico Almadén: a la conquista de los cielos del Santo Reino

Mágina, escalonado vergel

Al sur de la campiña, tras la marejada de olivos que tapiza las lomas, se yergue altanera la Sierra Mágina, techo de la provincia de Jaén.

Su abrupta mole, que se separa en distintas cumbres, supera los 2000 m. de altitud de forma tan brusca que a simple vista podemos apreciar los distintos pisos de vegetación que colorean la montaña y cómo aquella se distribuye según la altitud, ocupando cada comunidad vegetal las zonas que le son más propicias conforme a las condiciones del clima y de la tierra.

Así, en las zonas bajas encontramos el denominado piso mesomediterráneo donde se dan temperaturas elevadas y la vegetación natural está formada por encinas y pino carrasco acompañados de romero, coscoja y cornicabra. Sin embargo, los cultivos, principalmente el olivar, han ganado terreno; a mayor altitud, donde las temperaturas invernales se recrudecen, encontramos el piso supramediterráneo, ocupado por un bosque de encinas, quejigos y arce de Montpellier, entremezclado con matorrales y pastos; por último, en las cotas más altas, desde los 1.700-1.750 m. de altitud hasta las cumbres, nos introduciremos en el piso oromediterráneo. Ésta es una línea perfectamente visible en la ladera del propio Pico Almadén, de modo que ascendiendo por su pista observaremos el punto en que la arboleda desaparece y a partir del cual sólo sobreviven los matorrales: sabinas, enebros, piornos, gramíneas… Un tipo de vegetación capaz de adaptarse a las duras condiciones climáticas de la zona.

Estas variada vegetación es sólo una de las múltiples bondades que el Parque Natural de Sierra Mágina pone en la mano de todo cicloturista que se disponga a afrontar este ascenso que, junto con La Pandera y El Yelmo, conforma un temible -pero imprescindible- tridente de colosos jienenses.

Pico Almadén, audentis Fortuna iuvat

Dureza: ****
Belleza: *****
Tráfico: *

Puertos los hay de muchas características, aunque básicamente los podríamos reducir de una manera sencilla a dos tipos: los duros y los muy duros. Pero el Pico Almadén, incluido dentro del segundo grupo, cuenta con una particularidad que lo diferencia de otros aparentemente similares, un “puntito asesino” que te mortifica a medida en que vas devorando (si es que no te devoran ellas a ti) sus rampas: la tierra.

Puertos con pista de tierra habrá una multitud a lo largo y ancho de la piel de toro, pero híbridos de asfalto y tierra transitable con ruedas finas y, además, con las características de este Pico Almadén no creemos que tantos: 28 km. de subida –casi la mitad de tierra- y varios por encima del 10%, rampas de hasta el 15%, más de 1.500 m. de desnivel acumulado y 2.038 m. de altitud son datos a tener en consideración.

En las primeras estribaciones del puerto lo único notable es el volumen de tráfico que habremos de padecer, ya que Mancha Real es uno de los municipios más prósperos de Andalucía, contando no sólo con una evidente industria oleícola, sino también con una maderera, otra de maquinaria e incluso otra relacionada con el incipiente mundo de la informática. A la entrada del pueblo nos desviaremos en un cruce perfectamente señalizado en que se nos indica “Peña del Águila” y “Sierra Mágina”, por lo que no existe pérdida: sólo hay que seguir lo más recto posible.

Un corto descenso ya entre casas y retomamos el ascenso por las callejuelas del pueblo. Poco a poco la pendiente se va incrementando y cuando abandonamos la localidad se ha situado por encima del 7% sin visos de que pueda bajar. Dejamos atrás las últimas casas para adentrarnos en un pinar que termina por ser nuestro único compañero. A la derecha un cartel nos indica que nos hallamos en el monte “Peña del Águila” y nos informa sobre la repoblación del lugar. Este paraje está catalogado como Zona de Especial Conservación y se postula como candidato a formar parte de la futura ampliación del Parque Natural por el que transitaremos en cotas más altas.

La vegetación nos envuelve por completo disipando de un plumazo esas primeras sensaciones pesimistas que nos había transmitido la subida en su fase inicial.

En plena faena, con rampas del 14-15%, pasamos junto a un camino que nace a nuestra izquierda y que nos lleva a la denominada Cueva de los Murciélagos, una importante oquedad que es posible visitar a pie. Pronto trazaremos una de las pocas herraduras del puerto, a izquierdas, que nos permitirá unas magníficas vistas sobre el pueblo cuando la vegetación ralee. De hecho, poco después de un área recreativa y una fuente, nos vamos a encontrar un magnífico mirador desde donde podemos divisar el característico paisaje de lomas y olivos con pueblos encaramados y, por supuesto, Mancha Real en primer término.

Es precisamente este último el que nos llama poderosamente la atención, ya que podemos observar la recta disposición de sus calles, como si hubieran sido trazadas por escuadra y cartabón: aunque los hallazgos en el término municipal datan la presencia humana entre los milenios cuarto y quinto a. C., la fundación de la ciudad (con el nombre de La Manchuela) no se fecha hasta la época de Carlos V (1537) convirtiéndose en villa más tarde allá por 1573 por orden de Felipe II. El perfecto trazado de sus calles obedece milimétricamente al código de urbanismo y ordenación territorial dispuesto por el rey, una réplica del antiguo trazado ortogonal o hipodámico.

Sin embargo, nos ocupan empresas de mayor envergadura, por lo menos en lo meramente ciclístico, ya que nos disponemos a atravesar el tramo de mayor dificultad del puerto. Se trata de prácticamente 1,5 km. en que la pendiente media arroja unas cifras cercanas al 12%.

Pero todo es llegar a una nueva herradura –esta vez a izquierdas- y la pendiente decrece hasta convertirse en un falso llano. La umbría propiciada por el pinar, eso sí, no se reduce un ápice. Ahora atravesamos verdaderamente la Peña del Águila y, de hecho, una pista a izquierda nos lo indica. Aunque es de suponer que se refiere a un mirador con ese nombre que regala vistas hacia la Loma y toda la Campiña.

El descansillo se consuma en un corto descenso que da paso a los dos últimos kilómetros de puerto asfaltado. Un vasto pinar tañe la nota predominante en este concierto de largas rectas de subida hasta el Mojón Blanco. Y aún precisaremos de interpretar acordes al 7% de media en nuestra particular sinfonía a pedales.

Acabado el asfalto, comienza la aventura: las imponentes moles de la Sierra Mágina, Magna para los romanos, aguijonean nuestra osadía: audentis Fortuna iuuat será nuestro lema desde este momento.

Y este atrevimiento se verá recompensado con creces. La pista no es precisamente una alfombra de color púrpura, pero sí que nos permite transitar sin problemas, ya sea por la rodadura de los coches, ya por los laterales donde la presencia de las molestas piedrecillas se atenúa. El tramo inicial, al ser en bajada, lo recibimos con cierto agrado, encontrándonos pronto frente por frente con las antenas del Almadén, aún distantes.

Los repetidores son uno de esos denominados males necesarios para la sociedad moderna. Su presencia distorsiona la imagen que un Parque Natural debe ofrecer al visitante. En cambio, hay que notar que su ubicación en el Almadén no es baladí y, ni mucho menos, reciente, por no decir que a estos apéndices metálicos le debemos la construcción y mantenimiento de la pista: como la cobertura televisiva durante los años sesenta no era demasiado buena, el gobierno aprobó la instalación de una antena de gran potencia en la cima del Almadén, precisándose para ello, como es natural, de una pista de acceso.

Se aprovecharon y adecuaron un par de ellas ya existentes (una es por la que estamos transitando nosotros) y se trazó de nuevas el tramo final hasta la cumbre, cuya inauguración se fecha el 7 de noviembre de 1969, hace ya más de 50 años.

Aún en descenso, podemos ver el trazado zigzagueante de la carretera en las faldas del pico y, sobre todo, el cambio de vegetación a que nos hemos referido anteriormente.

Después de algo más de tres kilómetros favorables, el paso por una barrera canadiense (la segunda de un total de ocho) da inicio a los 10,4 km. finales de ascenso, cuya pendiente media se sitúa en el 7,3%. Lo que notamos más, si cabe, que la cuesta en sí, es la pista, ya que no se trata del tipo de piso adecuado a las características de nuestra bici (mejor para gravel o BTT).

Atravesamos el bosque mixto a que nos hemos referido al inicio y tan pronto nuestra mirada se topa con unos riscos bastante imponentes como vemos la carretera dibujando una zeta en la ladera allá en lo alto. No será raro que alguna cabra montés o algún ciervo se cruce en nuestro camino.

Los kilómetros se hacen largos, tal vez porque la pista nos impide avanzar más rápido, pero cuando hemos ganado altura las vistas son inmejorables: el Aznatín de Albánchez y el Monteagudo entre los cuales se cuela, serpenteando, la carretera del puerto de Albanchez; al pie del Aznatín se asienta el pintoresco pueblo de Torres, con sus casas enjalbegadas. Por encima de los 2.000 m. de altitud despunta el cerro Cárceles, separado del pico Almadén por un collado natural que es atravesado por el puerto de la Mata a más de 1.650 m.  Detrás, se impone la ingente mole kárstica del cerro Mágina, con sus 2.164 m. el más alto de toda la provincia y el que confiere (o quizás recibe) su nombre a estas sierras.

Llegados a la zona de las zetas, con el pelaje de la montaña afeitado, rodando por las largas rectas entre herraduras nada nos impedirá contemplar a rapaces como el águila real, mientras nos acercamos a las antenas. Pero antes de coronar la carretera rodea el cerro a modo de espiral, regalándonos unas nuevas y excepcionales panorámicas de 360º. En días claros la vista se pierde hacia Sierra Nevada o Sierra Morena por citar puntos cardinales opuestos.

Ya en la cima, junto al segundo grupo de antenas, durante un buen lapso nos concedemos el placer de asomarnos a una y otra vertiente para contemplar cuán minúsculos parecen los pueblecillos en las lomas, llanos y laderas de los montes cercanos: cuando uno se encarama a los hombros de un gigante, el mundo allá abajo le parece un poco menos grande.

Escrito por Miguel Baeza y Martín Cerván
Fotos: Martín Cerván
Altimetría: Andalucía Cicloturismo

Incluido en el nº4 de HC

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