Ciclistas Profesional

Pierre Rolland, el escalador clásico de la escuela francesa

Nacido en el valle del Loira, donde las grandes montañas brillan por su ausencia, el ya veterano ciclista Rolland vive días de creciente olvido entre el fragor de nuevas batallas peleadas por soldados más jóvenes, esbeltos y que arremolinan una mayor atención a su alrededor. Eran días de búsqueda, de perdición, aquellos en los que Pierre se encargaba de arruinar tardes de gloria a los mandamases de los pelotones, de sumarse a momentos históricos que los libros afirmaban que no le correspondían. No era su lugar, no era su momento. El hecho es que no había otro. El destino abre oportunidades sin ocasión de un cambio de fecha. Lo tomas o lo dejas. 

Pierre lo tomó. Aquella promesa de quien todos hablaban. Uno más en el pelotón de futuras estrellas francesas que soñaban con ser aplaudidos en cada curva de los puertos más míticos del Tour, la religión mayoritaria en su patria. La cultura de la caravana, de la incesante espera bajo un sol de justicia. Los renacidos de una generación que iba para histórica y quedó en lo que quiso y pudo Voeckler, su compañero de maillot y uno de los eclipses principales que sufrió en su día. 

Aún así, hizo carrera, una buena carrera. Siempre será el hombre que arrebató la gloria a Alberto Contador en Alpe d’Huez, cuando el héroe derrotado puso patas arriba el Tour, escribiendo sobre letras de oro una galopada histórica por las laderas de ascenso y descenso del Galibier. El aborto del ataque y el posterior canto del cisne en la cima de las veintiuna curvas fue de lo más hermoso de la última década. Ciclismo imprevisible, ciclistas irreductibles. Me puedes ganar. Pero nunca lo harás con facilidad. 

Un lema que puso en práctica Rolland. Alcanzado por el ovetense y campeón olímpico, Samuel Sánchez, y el mencionado campeón madrileño, no sólo tuvo arrestos de resistir sus envites. Sino que fue capaz de no hacerse pequeño, de no verse aplastado por la historia y la lógica para alzar los brazos en un momento que le reportará un recuerdo de por vida en una de las más míticas herraduras del ciclismo, la 16, a compartir con Zoetemelk en una meta en el coloso alpino que había ya acogido el día anterior la llegada. Ese pedazo de historia no fue fruto del azar, del inmenso placer del destino de ubicar a cualquiera ante la decisión de ser grande o pequeño. No. Pierre fue buen corredor, hizo buena carrera, como decíamos. Venía prometiendo y progresando bien, siendo eco de aquellas voces cuidadosas que le comparaban con los Virenque, Leblanc y cía. A la sombra de Voeckler y sus gestos no se estaba tan mal. Ese día de gloria perdería el amarillo su compañero, hasta ese instante gran favorito a levantar los brazos en París como primer ganador galo desde Hinault. El destino trajo una decisión a Thomas, pero en este caso eligió la opción que le llevó a la categoría de «y sis». 

El reincidente top ten en el Tour 2011 y 2012 muestra la calidad ciclista del actual corredor del B&B. Muy interesante fue también su cuarta plaza en el Giro de Italia de 2014, cuando sólo un minuto y medio le separó de la tercera plaza del podio, ocupada por el italiano en aquel momento emergente Fabio Aru. Y no hubo más. Se especializó en cazas interesantes y vueltas de categoría menor. Ser la esperanza francesa le hizo flaco favor y no le permitió levantar el ancla de las generales del Tour para ser libre y despegar hacia la fama y el gusto de disfrutar de las montañas a su forma, la de escalador de raza, clásico en la escuela francesa. Clase, gesto y carácter. 

Después quedó en un tercer plano, ya traspasado por las generaciones que le robaron la flecha que le apuntaba de pleno. Pasó a ser ese animador inconstante que hoy es. Buscando seguir siendo quien fue a cargo de un suspiro de nostalgia en quienes vivimos su ascenso y descenso de un coloso llamado estrellato del ciclismo profesional. Su trayectoria bien vale un recuerdo importante, donde ya quisieran muchos haber estado. Un momento de leyenda al que se autoinvitó sin llamar al timbre. En el que decidió ser grande en lugar de pequeño. 

Escrito por: Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: Laurane Habasque / B&B Hotels

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