Historia Ciclistas

“Purito” Rodríguez y el “colofón” de su carrera

“Qué colofón para su carrera”. Con esa frase celebraba el periodista Carlos de Andrés el momento en que Joaquim Rodríguez alzaba los brazos en el aeródromo del col de Mende en la 12ª etapa del Tour de Francia 2010. “Purito” tenía por entonces 31 años, y debutaba en el Tour de Francia logrando una prestigiosa victoria de etapa por delante de un ambicioso Alberto Contador, que luchaba por arañar segundos al por entonces maillot amarillo Andy Schleck.

El catalán, que había llegado ese año al Team Katusha procedente de un Caisse d’Epargne donde su gran nivel como puncheur había quedado ensombrecido por su eterno rival Alejandro Valverde, estaba muy lejos de alcanzar ese “colofón”.

Pese a ser aquel su primer Tour de Francia, a pocos sorprendía su victoria. Desde su debut en las filas del mítico conjunto ONCE de Manolo Saiz, había demostrado que iba sobrado de clase. Victorias de etapa en grandes carreras como Vuelta a España, París-Niza, Tirreno-Adriático o Vuelta al País Vasco, junto a generales como la Volta a Catalunya o puestos de honor en las clásicas de las Ardenas ya engalanaban un palmarés al alcance de muy pocos. Había pasado por los más grandes equipos españoles de comienzos del s.XXI (ONCE, Saunier Duval y Caisse d’Epargne). Un corredor fácilmente reconocible en el pelotón, pequeñito, de esos que se llaman “ratoneros”, buen escalador y con un final explosivo. Su descaro y su espíritu luchador le habían hecho ganarse ya el corazón de muchos aficionados.

Pero lo mejor estaba por llegar. 2010 era el año de su explosión definitiva, no del “colofón” de su carrera. En los Pirineos demostraría ser uno de los mejores escaladores de aquella Grande Boucle, en la que terminaría sexto en la general. Después, llegaba la Vuelta a España, en la que brilló con luz propia, ganando en Peña Cabarga y despertando del sueño de llevarse su primera grande cuando se hundía en la contrarreloj de Peñafiel perdiendo el maillot de líder y terminando cuarto en la general vencida por Vincenzo Nibali (a la postre tercero por la descalificación de Ezequiel Mosquera).

De 2011 en adelante, Joaquim Rodríguez, por fin líder sólido en un equipo entregado a su calidad, demuestra ser uno de los mejores corredores españoles de las últimas décadas. Repasar su palmarés es darse cuenta de la magnitud de un ciclista al que echamos mucho de menos, y que tuvo la mala suerte para él, o la inmensa fortuna para la historia de nuestro ciclismo, de coincidir con grandes como Alejandro Valverde, Alberto Contador o Samuel Sánchez. Una generación que dotó al deporte de nuestro país de un lugar preminente en la élite mundial.

Nueve etapas en la Vuelta a España, tres en el Tour, dos en el Giro, dos Il Lombardia, dos Voltas a Catalunya, una Vuelta al País Vasco, la Flecha Valona, pódiums en Giro de Italia y Vuelta a España (qué cerca se quedó de la maglia rosa en 2012, a solo 16 segundos de Hesjedal tras la contrarreloj del último día), medallas mundialistas como la amarga y comentada plata de Florencia en 2013, y un largo etcétera de momentos inolvidables de ciclismo de clase y raza de un auténtico killer.

Seis años después de aquel “colofón” de su carrera, Joaquim Rodríguez, y también en plena disputa del Tour de Francia, anunciaba que esa sería su última temporada como profesional, y el mundo del ciclismo se llenaba de halagos y reconocimiento a un fantástico deportista; víctima a veces de ese juego de odios y enfrentamientos que tanto gustan a los fabricantes de morbo. Inolvidables sus arrancadas en las grandes pendientes de muros y puertos, como inolvidables sus respuestas a la prensa, siempre llenas de frases para el recuerdo y análisis directos y certeros. Una habilidad para decir lo que piensa (y a veces para meterse en buenos fregados), que no ha abandonado después de su retirada, en su faceta de influencer y de comentarista invitado en más de una carrera (especialmente en la Vuelta a España junto al mismo Carlos de Andrés que había puesto ese colofón precipitado en 2010).

En los meses previos a colgar la bicicleta se quedó bastante cerca de un colofón real y memorable. Séptimo en el Tour de Francia, en el que coqueteó con la victoria de etapa, cuarto en una Clásica de San Sebastián que sorprende no ver en su palmarés, y un diploma olímpico agridulce en Rio 2016 (la medalla era una aspiración real). Cerraba su palmarés con 48 victorias y una huella que no dejó (ni deja) indiferente a nadie. Lejos de filias y fobias, el ciclismo español necesita corredores como él: protagonistas y antagonistas de un ciclismo de ganadores.

Escrito por Víctor Díaz Gavito (@VictorGavito)
Foto: Sirotti

Publicado originalmente en roadandmud.com

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