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¿Qué podemos esperar de Mikel Landa en 2022?

La inevitable pregunta. Tras un 2021 para olvidar, el vasco renovó contrato con su actual conjunto, el Bahrain-Victorious, que todavía deposita sus esperanzas sobre Mikel. Es cierto que el crédito se le agota, tras nuevas decepciones por parte del ciclista vasco de cara a los objetivos del año siendo el gran líder y la gran apuesta de un equipo tan potente como éste. Pero no es menos cierto que la consistencia mostrada por Landa en carreras, como por ejemplo, el Tour de Francia, donde encadena cuatro puestos en el top-siete en sus últimas cuatro participaciones, es excelente.

Su querencia habitual por el Giro de Italia, la que le dio a conocer al gran público, nos hace pensar que en 2022 repetirá en la ronda transalpina. Dependerá también de cómo configure el equipo el reparto de los objetivos y las metas a cumplir, ya que su otrora gregario, Jack Haig, podría partir con un nivel similar de galones en las grandes vueltas en las que tome la salida coincidiendo con Mikel. Lo mismo se puede decir del emergente Gino Mader.

En caso de tomar la partida en Italia, Landa debería tener en consideración la necesidad o no de exponerse a caídas en las etapas llanas. Necesita llegar en muy buena condición, pero también aprender que es preferible sacrificar unos segundos a luchar posición en el pelotón con otros ciclistas mucho más experimentados o cualificados que él para esa misión. Ese paso a paso más que nunca se convertirá en un día a día para evitar defraudar una vez más a sus aficionados, a un ‘landismo’ que parece perder adeptos en el debate tras estos accidentes que sufre.

Centrar el tiro en el Tour de Francia puede ser una buena idea, dadas sus prestaciones en la prueba. Aunque tendrá que afrontar las duras etapas del pavés y de nerviosismo en el norte de Francia y Dinamarca, que al ser precisamente las primeras no supondrán precisamente un remanso de paz y tranquilidad. El histórico de caídas y accidentes de los últimos años en estas jornadas avalan una posible preocupación por este aspecto en el ciclista de Murguía. De nuevo, quizá sea más interesante ceder tiempo a sufrir un potencial abandono en un terreno que se ha cobrado como víctimas incluso a auténticos especialistas en ese tipo de clásicas.

La opción Vuelta a España siempre es un comodín, si bien no es la grande que más le atraiga ni la que mejor se le dé a un escalador que ya ganó la etapa reina de la edición 2015, siendo un puntal para la victoria de su compañero Fabio Aru. La explosividad que exigen las numerosas llegadas en alto no son un atractivo para un ciclista de trayecto más diésel y ataques de fondo. Aún así, puede ser la única de las tres que le hiciera sufrir una menor tensión en ese filtro de las primeras jornadas.

Llegada esta indecisión por cuál podría ser la estrategia a seguir de cara a 2022, planteo una cuestión: ¿y si se permitiese el lujo de dejar de mirar las clasificaciones generales? ¿Y si decidiese ser el escalador que lleva dentro sin complejos ni traumas? Tal vez tuviésemos al corredor que nos ha levantado del asiento en tantas y tantas ocasiones cuando no ha tenido ninguna opción al podio final. En definitiva, una decisión que va más allá del calendario y de cómo rellenarlo de fechas, sino de filosofía sobre cómo afrontarlas.

Escrito por Lucrecio Sánchez (@Lucre_Sanchez)

Foto: Luis Angel Gomez / Photo Gomez Sport

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