Historia

Recordando a Paul Jesson

Con el reciente comienzo de la temporada en ruta 2022 en Nueva Zelanda, nos ha venido a la memoria el caso del ex ciclista Paul Jesson. Y es que este ciclista, también neozelandés, se adjudicó el entonces denominado Luxe Tour de seis etapas, disputado en este país oceánico, concretamente entre Auckland y Wellington, hace ya cuarenta y cuatro años, en 1978.

Paul Jesson era un chico con talento para el ciclismo. No solo eso. También tenía carácter y personalidad. Seguramente esto último más importante que lo primero para triunfar en el ciclismo europeo. Porque de esto hacía falta, y mucho, para saltar del otro lado del globo hasta Bélgica buscando hacer carrera en nuestro deporte.

En Nueva Zelanda dejó Paul a toda su familia, sus raíces y juventud, para buscar, con una mentalidad profesional ejemplar la fortuna y la gloria en las carreteras europeas. Eso fue con 23 años. Con la mencionada victoria en el Luxe Tour de 1978, Jesson ya se había manifestado como un buen especialista en carreras por etapas.

Durante su primera temporada como amateur en Bélgica ya venció en siete carreras. También se clasificó tercero en el Tríptico de las Ardenas. Inmediatamente detrás de él, cuarto, fuera del podio dejó Jesson a un tal Bert Oosterbosch.

En junio de 1979 el equipo belga Splendor decidió pasarlo a su plantilla profesional. Allí coincidió con Michel Pollentier y con el mismísimo Sean Kelly. Su mayor logro aquella campaña sería clasificarse en décimo octava posición en la Vuelta a Alemania.

En 1980 Jesson debutó en una de las tres grandes rondas por etapas, las que sobre el papel debían ser su especialidad. Lo hizo en la Vuelta a España que se llevaría Faustino Rupérez. En su equipo Splendor en el que también se alineaban Michel Pollentier, Johan De Muynck, Etienne De Wilde, Guido Van Calster, Claude Criquielion, Sean Kelly… Al volante de aquel equipazo, Albert De Kimpe. Siete etapas se llevó al zurrón la escuadra belga. Cinco con Sean Kelly, otra con Etienne De Wilde.

Paul Jesson consiguió en Santander, escapado, la que sería su única victoria en el campo profesional. Camino de la capital cántabra Jesson demostró su valía y clase. Era la décima etapa de la ronda española entre Burgos y Santander, tras cruzar los puertos del Portillo de la Sía y Alisas. Atacó Jesson en compañía del neerlandés Johan Van Der Meer. Su compañero Criquielion le dejaba marchar. Pero ni Pedro Torres, ni Bernard Thévenet ni Faustino Rupérez eran capaces de enganchar con el dúo de cabeza. En la recta de meta, Jesson batía fácilmente a Van Der Meer.

Jesson tenía por entonces 25 años. Había triunfado en una difícil etapa de montaña ante rivales de entidad. Su futuro era prometedor… Sin embargo, escasas semanas más tarde todo se truncó.

Antes del prólogo contra el reloj de la Dauphiné Liberé de 1980 Paul Jesson reconocía el trazado. Dio tres vueltas a un circuito en el que se  acabaría imponiendo Joop Zoetemelk. Se trataba de una crono individual de siete kilómetros en Evian les Bains. Pocos minutos más tarde tomaba la salida oficial. Al poco, el neozelandés se empotraba contra un coche mal aparcado en una curva. Durante el reconocimiento previo, aquel vehículo Lancia no estaba allí. Fue un brutal choque, con mucha sangre. Lo más preocupante, una herida en una rodilla, que estaba completamente machacada.

El tratamiento de urgencia al que Jesson fue sometido, a los pocos minutos del accidente, el tiempo demostró que no fue el más adecuado. Algunos días después de las primeras intervenciones la pierna se inflamó. Los médicos no sabían qué hacer y tardaron demasiado en tomar las decisiones. Finalmente Jesson fue trasladado a la clínica Universitaria de Lovaina, en Bélgica. El estado en el que el ciclista llegó allí era extremadamente grave. Y para salvar su vida, los especialistas no encontraron otro remedio que amputar la pierna a Jesson. Por lo menos, el ciclista siguió con vida.

Los médicos de la Clínica Universitaria de Lovaina acusaron a los franceses de negligencia. El ingreso de urgencia en el hospital francés se hizo cuando se estaba llevando a cabo el cambio de turnos. Y no se trató de forma adecuada la circulación sanguínea del ciclista. Apareció la gangrena y…

Regresó Paul Jesson a su país natal. Intentó iniciar una nueva vida, buscar trabajo…Pero sus intentos resultaron un fracaso. Así que de nuevo volvió a Bélgica. Vivió en casa de la señora Berneau, en Wommelgem. Aquella señora, por aquel entonces, acogía en su casa a ciclistas extranjeros que llegaban a Bélgica a labrarse su futuro como corredores ciclistas. Allá luchó Paul para no sentirse como un inútil. Por aprender a caminar. Y se emocionaba y lloraba cuando veía y hablaba con sus ex compañeros antes de las carreras.

En agosto de 1980 se llegó incluso a organizar un critérium de homenaje en Dinant, cerca de la fábrica de Splendor y donde vivía su patrocinador. Aquel día Jesson conoció a Eddy Merckx. Hubo representación de la embajada neozelandesa en Bruselas e incluso ondeó la bandera de su país. El homenaje se lo llevó, como no podía ser de otra manera, un ciclista de Splendor. Michel Pollentier fue el elegido. Pero el critérium no tuvo segunda edición. Recordaba también Jesson recibir un homenaje en una carrera en Holanda. En el pódium de aquella competencia, Sean Kelly entregó su ramo de flores de ganador a un emocionadísimo Paul Jesson.

Pero todo en Flandes le recordaba ciclismo. Un ciclismo que, para él, ya había terminado. Nuevamente regresaría Paul Jesson a su Nueva Zelanda natal. Trabajó como constructor de cuadros. Fue un encuentro fortuito el que le hizo volver a la competición: “Volví a casa, trabajé como mecánico durante ocho años, me casé y formé una familia con dos hijos”.

Continuaba relatando Jesson: “El difunto Graham Condon, un famoso paralímpico neozelandés, solía visitar el taller para que le construyeran las ruedas de su silla de ruedas. Un día me dijo: “¿Por qué no vuelves al ciclismo?”. Le contesté que no sabía que podía hacerlo. Después viajé a Europa para ver el Tour de Francia, con los hermanos Swart (una famosa familia de ciclistas neozelandeses). Stephen Swart llegó a correr el Tour de Francia para Motorola y también para ANC-Halfords en 1987. Me organizaron un circuito por los Campos Elíseos en el coche del equipo Motorola en la última etapa”.

“Aquello me inspiró tanto que, cuando volví a casa, me compré una bicicleta nueva y decidí que iba a intentar llegar a los Juegos Paralímpicos”.

“Me costó mucho trabajo, pero gané los Mundiales de 1998 para mi categoría en la persecución y la contrarreloj individual. Llegué a los Juegos Olímpicos de Sidney en 2000, pero solo quedé cuarto, lo que fue una decepción. Pero me entrené mucho para la Olimpiada de Atenas 2004 y gané el bronce en la competición en ruta, que era una prueba combinada, carrera en ruta y contrarreloj: fui segundo y sexto respectivamente, y eso me dio la medalla”.

Paralelamente a su trabajo como mecánico, Jesson también se convirtió en un masajista excelente y ha trabajado en las piernas de los mejores ciclistas de Nueva Zelanda, como el tres veces medallista de plata en los Juegos de la Commonwealth, Brian Fowler, y el ganador de los Juegos de la Commonwealth y del Tour de Southland, Graeme Miller.

Escrito por: Raúl Ansó Arrobarren (@ranbarren)
Foto extraída de la revista “El Ciclista”

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