Historia

Recuerdos sobre Fabio Casartelli, el ángel caído

Nadie puede esperar algo así. Encender la tele aquel 18 de julio de 1995 y que a los cinco minutos aparezca el campeón olímpico tendido con un amplio charco de sangre esparcido por el resto de la carretera no es algo que se vea todos los días. Hoy día se tiene más pudor en mostrar ese momento en el que la vida se cruza en el deporte para mostrarnos la suerte que tenemos por el ahora. Por suerte, muchos años después, sigue siendo el último fallecimiento en el Tour de Francia, con la doble desgracia de que una generación entera expectante por ver a Indurain completar su manita de títulos fuese testigo de esta absoluta tragedia. 

Un monumento recuerda aquel día. Los primeros años el pelotón se paraba a homenajear al italiano y depositar un ramo de flores clamando por la suerte de haber conservado hasta ese punto la integridad física. El de Motorola fue directo contra un quitamiedos (vaya ironía de nombre), con la duda de qué habría pasado de haber llevado casco. Es un debate que se recuperó con la desaparición de Andrei Kivilev y que estableció la obligatoriedad del casco. ¿Qué hubiese pasado con Fabio aquella tarde de haber existido esa norma? Difícil saberlo. Difícil dejar de preguntárselo cada vez que la serpiente multicolor atraviesa el descenso del Portet d’Aspet, el lugar donde todo sucedió. 

En Cauterets no se recordará quién ganó, ni si se subía el Tourmalet o el Aubisque para llegar hasta allí. El Tour había terminado. Se neutralizó la siguiente etapa y se permitió a los ciclistas que aún estaban en carrera del equipo Motorola llegar con adelanto a la meta como homenaje. Aún así, la dedicatoria pudo ser real unos días después, con el polémico después y en aquel momento ex campeón del mundo, Lance Armstrong, como protagonista. Resolvió una escapada para llegar en solitario y saborear el dolor por la pérdida de su compañero. Una emotiva y bonita forma de cerrar un Tour que tuvo de por sí muchas historias que contar. Quizá demasiadas. 

24 primaveras en aquel momento y la ilusión de poder terminar un Tour de Francia, ya que su única participación hasta la fecha terminó con un pronto abandono en la séptima etapa, con meta en Futuroscope. Un ciclista conocido por colgarse el oro olímpico al cuello y que ese día terminó por saltar a los titulares de todos los periódicos del planeta. El directo impactó tanto a todos los que se sentaron a ver aquella etapa que era imposible no concederle el espacio que esa pesadilla ocupaba en nuestras mentes. Absolutamente descorazonador. Se puede comparar a otros casos como el del piloto brasileño Ayrton Sena o de Marco Simoncelli. No quiero decir que se sienta más una muerte que otra, que unas tengan más importancia o que algunas deban o no tener mayor o menor relevancia, sino que el poder del directo, el inevitable shock marcará todavía más. 

El monumento a Casartelli es un recordatorio al ciclista italiano, por supuesto. Miles de cicloturistas al año se retratan junto a él y de esa forma recordarán su existencia. Es más, recordarán algo muy valioso y es a tener todas las precauciones en los descensos, a valorar la seguridad por encima de todo. Que al menos el fallecimiento de Fabio no sea en balde y que tanto los profesionales como los que sueñan con serlo o haberlo sido no se olviden de que el ciclismo exige una serie de riesgos que hay que asumir. Sin embargo, se debe intentar que estos sean los mínimos posibles. Por él. 

Texto: Lucrecio Sánchez  (@Lucre_Sanchez)
Foto: Sirotti

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