Opinión

Reflexión sobre el Tour 2022 y la épica del ciclismo: etapas cortas vs etapas largas

Es evidente, y no es la primera vez que lo proponemos, que el ciclismo debe afrontar ciertos cambios. Quizá de formato competitivo, quizá meramente de formato televisivo. Cualquiera puede ver que las retransmisiones en apenas nada han evolucionado desde la incorporación de las emisiones en directo. Un deporte emocionante a ratos, extremadamente tedioso en otros. En esas búsquedas caminan los organizadores, desesperados algunos por ver que su producto no termina de ofrecer todo su potencial, en parte por la lucha constante contra el conformismo y la optimización de sus intervalos de descanso en esa ardua función de conservación. El tedio y la transición son enemigos de la atracción de un mayor número de espectadores. 

Uno de los remedios más recurrentes en los últimos años es la implantación de las etapas cortas. Una patada a seguir que inició, al menos en su carrera por una revolución que en su caso estaba más que justificada por necesaria, la Vuelta a España de comienzos de siglo. Ésa que pasó de manos de Unipublic a Antena 3 y que nadie salvo la televisión pública quería emitir. Ahora en manos de la estabilidad de ASO y con el timón de Javier Guillén, han logrado tomar un rumbo rentable tras encontrar acomodo en un modelo que resulta efectivo y llamativo, si bien carece de varios referentes ciclistas clásicos, algo que constituye la mayor crítica a una prueba que reinventándose se ha convertido en la grande más entretenida de los últimos años por lo general. 

Esa metamorfosis ha funcionado porque, a decir verdad, la Vuelta no tenía una caracterización propia, más allá del buen tiempo de septiembre (desde 1995, que es cuando abandonó sus fechas primaverales). El caso del Tour es diferente. Su rol es el de ser la carrera que determina quién es el ciclista del año. Y no sólo por el resultado, sino por haber demostrado vencer tras tres semanas donde el calor extremo, las etapas llanas de la primera semana con la tensión añadida de querer ir bien ubicados, las crueles montañas que no permiten respiro alguno, kilometrajes altos, las contrarrelojes interminables donde se vacía el depósito… Muchos elementos que hacen inconfundible al Tour de Francia sobre las demás grandes. 

Cuando tocas varios de los pilares identitarios, el Tour parece menos Tour. Y en realidad lo es. Hay varios ciclistas que rondan el top-ten de las clasificaciones de las últimas ediciones que por naturaleza no deberían estar ubicados en dichos lugares de tratarse de un Tour clásico. ¿Cuántos escaladores que no lo hicieron habrían pasado el filtro actual para disputar el podio de París? Es justo decir que el Tour se parece poco a sí mismo en la actualidad. Si cerráramos los ojos y nos dijesen que sólo una etapa de la edición de 2022 supera los 200 kilómetros pensaríamos que se tratase de su hermana española. ¿O no? 

Es justo que Prudhomme y su séquito quieran luchar por modernizar su producto y buscar nuevas fórmulas para hacer de la mejor carrera del mundo la más vanguardista a su vez y evitar de paso algunos clichés que se están extendiendo como la pólvora de que el mes de julio es aburrido para ver ciclismo más allá de etapas sueltas que protagonicen los locos habituales en estos días, como los eslovenos o los Van. Nada más. Pero es justo en esa búsqueda donde se está perdiendo esencia, conexión con la historia, que es el gran sostén del Tour. 

El debate de etapas cortas y etapas largas es como debatir que los partidos de fútbol dejen de durar noventa minutos para reducirse a sesenta. Si hay un exceso de goles que acabe con la emoción de los partidos, quizá jueguen con una pelota cuadrada. O con dos balones para que haya más ocasiones de gol. ¿Alguien se imagina el tenis a un set para hacerlo más intenso? ¿O la Fórmula 1 a dos vueltas? ¿Qué tal una maratón de cinco kilómetros en pos de la salud de los corredores? El ciclismo es un deporte de fondo, de pasar horas sobre un sillín y pasar por distintas fases en un mismo lapso de quince minutos. Desde el optimismo más exacerbado al agotamiento físico y mental más extremo. Si tocamos la esencia de un deporte que es seguido por admirado, tenemos un problema, que dirían en el Apolo 13. Precisamente por esa visión de héroes este deporte es lo que es. Por eso el dopaje afectó (y afecta) tanto a su imagen y al seguimiento del ciclismo, porque resta mérito y credibilidad a las gestas vividas por todos, que es la base de su seguimiento. He ahí una reflexión. 

Que las etapas cortas vayan a resultar más espectaculares que las largas es una afirmación tan arriesgada como incierta. El espectáculo depende en un altísimo porcentaje de lo que el pelotón disponga. Las circunstancias, las consecuencias de éstas y los sucesos que vayan aconteciendo irán moldeando un mármol que algunas veces resulta más brillante que otras. Acortar el tiempo sobre la bicicleta podría ser como decir que un amplio plato de carne sabrá mejor si lo comemos en pequeñas cantidades, olvidando una premisa fundamental, y es que la carne deberá estar sabrosa, bien cocinada, etc. Si no lo está, va a ser indiferente comer más o menos: no nos va a gustar el plato. Llevado al terreno ciclista, una etapa corta no nos garantiza la electricidad de los movimientos. Es más, se ha demostrado por activa y por pasiva. Las largas tampoco nos garantizan nada. Eso sí, sí que garantizan la admiración del aficionado, más entendido u ocasional. Ése que decide dedicar tiempo a salir a la calle y realizar largas esperas para aplaudir a una serie de seres humanos que están realizando gestas. 

Si llevamos el esfuerzo por debajo del umbral que muchos admiradores son capaces de realizar en sus globeradas domingueras, tendremos un problema de concepto. Al igual que la reflexión de que las etapas del ciclismo femenino sean en algún caso más largas que las del masculino. Al igual que algunas etapas de categorías inferiores sean más largas que las de la competición más prestigiosa del mundo. ¿Te sentarías a ver en televisión a tu vecino pedaleando durante tres horas? ¿Por qué lo ibas a hacer por un grupo de ciclistas a los que en su mayoría no conoces? 

El Tour ha perdido su esencia, es algo evidente. Ya no hay aquellas contrarrelojes que marcaban el devenir de la carrera no ya en diferencias, sino en señalar quiénes son capaces de resistir la fatiga que produce un esfuerzo máximo individual de larga duración y aún así mantener una regularidad que le permita alzarse con el trofeo en París. Ni siquiera se conserva esa primera semana aburrida que hace de filtro de cara a las semanas dos y tres. O aquellas etapas de montaña con tres HC que te tienen delante de la tele desde por la mañana. Ahora con conectarse a la hora de comer es más que suficiente. 

Escrito por Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: Volta Catalunya / Namuss Films

2 Respuestas

  1. Joder George, parece que me hayas leído el pensamiento.

    Es exactamente lo que pienso, desde la primera coma a la última.

    Solo un matiz;

    Etapas cortas siempre las ha habido, desde tiempos inmemoriales, incluso de montaña. Así a bote pronto recuerdo un final en el Aubisque en los 70 que era el 2º sector, de poco más de 70 kms. Alguna etapa con final en AdH de poco más de 100 kms (la de Bugno del 90 o 91). Y seguro que buscando salen más.

    El problema es que se pervierte el debate entre blanco o negro. Nadie diría una palabra más alta que otra si la etapa del Granon tuviese 220 kms y la de AdH 120, o viceversa. Misma f´órmula para Pirineos. O un término medio tipo Vuelta 2021, con todas las etapas gordas entre 170 y 200 kms. Lo que no es admisible desde ningún prisma, y más tratándose del Tour, es que TODAS sean cortas o cortísimas, como tampoco lo sería el polo opuesto, meter 5 tappones de 230 kms.

    En este sentido, como dirían los italianos: «no capisco niente». No alcanzo a comprender esta deriva en los kilometrajes, muy marcada sobre todo en el último lustro, llegando a rozar el ridículo más absoluto. El mantra del dopaje ya no cuela por ningún sitio. El chauvinismo rancio de buscar un recorrido propicio para Alaphilippe quedó desmontado en 2020 y este año. Las presiones que puedan ejercer equipos y marcas, me cuesta mucho creerlo tratándose de la Grand Bouclé. Y de existir, no tendrían ningún recorrido.

    Solo me queda pensar en la mentalidad de una sociedad actual enferma hasta las trancas, la del todo rápido-rápido, respuestas inmediatas. La sociedad del «me aburro viendo una película de 2 horas», no digamos 3, aunque sea un peliculón. Comida rápida por doquier, compras rápidas, tecnologías de la inmediatez absoluta, enfermiza más bien. Adaptarse a los tiempos, aunque sean más oscuros que el sobaco de un grillo.

    Pero es que resulta que ni siquiera eso lo saben adaptar bien, poniendo puertos de inicio para que los «ocasionales» se enganchen desde el principio a, por lo menos, las etapas importantes. Solo la etapa del Alpe lleva el Galibier de salida. El resto, planicie hasta los últimos 70 kms. Si propones un producto de 3-4 horas porque 5 ó 6 son demasiadas para los tiempos que corren, por lo menos que esas 3-4 horas sean intensas desde el km 0. De lo contrario, te quedas en mitad de ninguna parte, que ya es difícil.

  2. Creo que los tiempos han cambiado, para bien o para mal. Es otro ciclismo, nada que ver con el de los años 80s (ya ni me atrevo a comparar con el de los años de Eddie Merck).
    Para mi las etapas de más de 200 kilómetros, con 3 HC + 1 primera y 1 segunda, son una salvajada. Si el Tour sólo tuviera 15 días, si que lo podría entender, pero en tres semanas de esfuerzo, pues no.
    Si os fijáis, en la última semana de Tour y Vuelta, las fuerzas ya no son (ni por asomo) las mismas que en la primera semana.

    Que en el Tour del Porvenir hay etapas de montaña de 130 km, es cierto, pero cuantas etapas tiene el Tour del Porvenir y cuantas etapas del Tour. No es comparable.

    Nos podrán gustar más las etapas épicas, pero eso forma parte de un pasado. Ahora bien, si cambiamos el formato de las grandes Vueltas a dos semanas, tal vez, si que tendrían cabida.
    Se que mi comentario, no es muy del agrado, de los «guardianes de las esencias, del Tour», pero he dicho lo que pensaba y que obviamente, todo es mejorable.
    Saludos

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