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Roglic y Carapaz abren la caja de Pandora

Lo inescrutable sucedió. El ciclismo es mucho más que una sensación de montañas y maremagnums de estados de forma. Como diría aquél, el ciclismo es un estado mental. La psique cuenta y mucho a la hora de afrontar un reto de tanta envergadura. Es el plus que te hace crecer o disminuir a la hora de dar el 200% en una subida. Por este motivo era muy importante la subida a La Pandera. Evenepoel tenía la moral comida a los rivales, que estaban a merced del ritmo que propuso lo que duró Harper, gregario de Roglic y del ritmo que posteriormente marcaba Quick Step. Algo debió ver el esloveno en su gran rival que lanzó un ataque duro. Constante, sin ser un gran cambio de ritmo. Adelantó por la izquierda, miro atrás y ya no volvió a echar un ojo al maillot rojo. Remco empezó a poner ritmo como otros días, pero no le respondían las fuerzas como en otros asaltos. Finalmente, era presa del pánico y se vio adelantado por todos los favoritos.

Remco ha debido ver videos de la ascensión que hizo este mismo puerto en 2009, cuando portaba el maillot oro (último, por cierto). Lo mejor en subidas de este tipo es ir de menos a más. Y eso mismo haremos nosotros. Enric hizo lo contrario, se cebó en intentar cazar a Primoz Roglic y acabó pagando el esfuerzo. Si el puerto dura un kilómetro más, el líder de echa el guante. Sucedió lo mismo en la cronómetro de Alicante. Tuvo suerte de que fuesen únicamente 30 kilómetros. En una gran vuelta de dos cronos de 40-50 kilómetros como las de antaño, el balear soñaría con rozar el top ten. Con esas piernas, llegando a la altura de Roglic, con la dificultad que ello entraña, disfrutó a rueda en lugar de buscar adelantar al esloveno y probar algo. No ya por ganar la Vuelta (asumimos todos que no van a intentarlo), sino por asegurar el podio y ganarle distancia a un ciclista que es claro rival por el cajón. Cuando Primoz se quitó el lastre del español y éste se quedó de su rueda, fue al final alcanzado por Carlos Rodríguez, un debutante en una carrera de tres semanas, 21 años a sus espaldas. Enric se puso a su rueda, dando la sensación de que el que está viviendo su madurez deportiva era el granadino. ¿Será él quien le arrebate el puesto de podio en Madrid?

Carapaz resistía unos segundos por delante. Y con Roglic, que había abierto distancia con Evenepoel, circulaba un durísimo Miguel Ángel López. El colombiano lo había pasado mal en alguna fase del ascenso. Según se acercaba la cima, el de Jumbo-Visma se fue creciendo, pero el de Astana también. Un auténtico escalador que llega en el momento adecuado. Ganar va a ser muy complicado para él, pero ahora le viene un terreno especialmente favorable a sus condiciones de gran grimpeur. Sierra Nevada y su altitud le esperan. Él sí es valiente y va a jugar seguro sus cartas. El podio va a estar muy abierto. Si en una etapa unipuerto algunos han sido capaces de romper todo en mil pedazos, la etapa granadina, que es más propicia para buscar romper el pelotón, promete.

Sierra Nevada tiene tres puntos calientes de verdad. No es una etapa larga, no es una etapa excesivamente dura en tanto en cuanto únicamente incluye dos subidas de entidad y se echa en falta alguna más. Pero terreno tiene para hacer daño. Es, digamos, el día ‘D’. Monachil (aka Purche) es el primer asalto. Es un puerto durísimo que siempre que ha sido incluido en el menú ha deparado una barbaridad de situaciones. Desde la exhibición de Santi Pérez en el año de su estreno a la pérdida de la clasificación general por parte de Valverde en 2006 a manos de Vinokourov. La subida y la bajada jugaron un papel fundamental. Astana le tendió una trampa al murciano y éste entró al capote totalmente. Un dos contra uno de manual que acabó con los kazajos coronándose precisamente en La Pandera. En 2009 el polaco Sylvester Szmyd dejó el grupo en seis, todos los capos a excepción de Samuel Sánchez, a la postre segundo en Madrid. Aún quedaba la subida hasta Sierra Nevada y en la cima de Monachil pinchó Cadel Evans, que fue el gran damnificado del día y dejó desde ese momento de pelear por ganar la Vuelta.

El último ejemplo del ‘efecto Purche’ sucedió en 2017. Un ciclista de los implicados en la clasificación general se miró con Alberto Contador. No hizo falta más. Lejos de meta lanzaron un ataque durísimo que si no llega a ser por el trabajazo de los Sky, hubiese puesto la Vuelta en jaque. Contador perdió fuelle en los últimos kilómetros, pero Miguel Ángel López se llevó la etapa. Incapaces en el pelotón de reducir a un auténtico kamikaze cuando tiene el día inspirado.

El segundo elemento de la etapa es el ascenso a Haza Llana, una parte de la subida final que ya fue final de etapa en 2013 que es una auténtica pared. Será ahí donde se tenga que hacer la diferencia. De ahí para arriba será la subida clásica por autopista donde los que mejor marquen un ritmo continuado, es decir, los contrarrelojistas o los escaladores con ambición, pueden hacer daño. Ese tramo será importante y se agruparán ciclistas dependiendo de las fuerzas vistas en el puerto. La tercera zona clave es la parte de la estación. Es lo más duro de la subida final y se encuentra a una altitud superior a los 2000 metros. Zona roja para muchos, hará aflorar lo mejor y lo peor de los ciclistas. La prueba del algodón, fuera las caretas.

Evenepoel va a tener un problema y es que se ha abierto la veda. Hasta la fecha todos le temían. Incluso en La Pandera un segundo antes de que Roglic intentase mover el árbol. Ya no va a tener ese halo de ‘comeniños’ y sí la imagen de débil dentro de la manada, aunque realmente no lo sea. Será una guerra de guerrillas de la que saldrá un mapa muy claro de lo que será el podio de Madrid, si Cotos y La Morcuera no lo remedían.

Escrito por Jorge Matesanz

Fotos: Unipublic / Sprint Cycling Agency / Cxcling

Una respuesta

  1. Menos mal que Enric no mató a Manolete, porque el linchamiento ya sería monstruoso

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