Opinión

Saxo Bank uniéndose a su enemigo

Cuando no puedas contra tu enemigo, únete a él.

Hacia el año 2005, con el nacimiento del circuito UCI Pro Tour, hubo personas, muy influyentes en ese momento en el ámbito del ciclismo, que intentaron cambiar aspectos fundamentales de éste. Una de esas personas que más dio la cara fue, una vez más, Manolo Saiz.

Ya que el ciclismo se sustenta sobre tres patas fundamentales, a saber, ciclistas, organizadores de carreras y equipos, lo que Saiz y quienes le apoyaban propugnaban era un reparto más equitativo de los ingresos televisivos entre esos tres actores. Como parte interesada, por supuesto, Saiz abogaba porque los equipos recibieran más compensaciones que las que percibían hasta entonces. Manolo Saiz acabó sus días en la élite del ciclismo internacional de la forma que ya sabemos. Y aprovechando que el Pisuerga por entonces también pasaba por Valladolid, esa demanda, que podía ser justa y muy razonada, acabó siendo casi olvidada.

Pero la llama de esta lucha no se apagó del todo. El controvertido cervecero y financiero ruso Oleg Tinkov (curioso que casi todos quienes pretenden dar un meneo a las estructuras del ciclismo acaben con el calificativo de “controvertidos” pegado a sus frentes) continuó, a su manera, con estas reivindicaciones, una década más tarde.

Tinkov, aficionado al ciclismo y, sobre todo, megamillonario, se dio el capricho de crear su propio equipo profesional de ciclismo, que fue cambiando de denominación con el transcurso de los años. Saxo Bank, por su parte, era un banco danés que llegó al ciclismo de la mano del antiguo equipo CSC. Saxo Bank y Oleg Tinkov acabaron uniendo sus caminos en cuanto a formación deportiva ciclista en 2012. Como bien recordará la afición, en esta escuadra llegaron a formar simultánemente corredores de la talla de Alberto Contador y Peter Sagan.

Conforme Tinkov iba conociendo los entresijos del ciclismo profesional mundial, menos le gustaba aquel entramado. O, por lo menos, percibía que aquella forma de organizarse no era la más adecuada para sus intereses como propietario de una escuadra profesional del nivel de la suya, y de todo el desembolso económico que ella exigía. Hasta qué punto aquello que no le gustaría, que Tinkov estuvo dispuesto a boicotear la disputa del mismísimo Tour de Francia de 2016. Para ello, Tinkov pedía unidad entre los equipos. Unidad para forzar a los organizadores de carreras a cambiar la gestión del ciclismo y convertirlo en un negocio rentable para todos los agentes en él implicados.

Aquella unidad, una vez más, no se llegó a dar. Y al poco tiempo, Oleg Tinkov anunció que la de 2016 sería la última de su equipo en el circuito profesional: “Me voy porque me he dado cuenta de que nadie quiere ayudarme a cambiar el modelo de negocio de este deporte. En estos últimos años he intentado pelear contra ASO, la organizadora del Tour, y contra la UCI. He intentado encontrar vías de ingreso en los derechos de televisión, en la venta de merchandising, en la venta de entradas… Pero nadie me ha apoyado de verdad ni se ha puesto de mi lado. Me he sentido como Don Quijote”. Y concluyó: “Pero, si a nadie le importa esto, ¿por qué debería importarme a mí? ¡Que les den por culo!”

Antes de eso, Oleg Tinkov había sido uno de los instigadores de un lobby denominado “Velon”, Lo hizo, una vez que el empresario ruso ya había comprobado que la antigua asociación internacional de equipos profesionales, la AIGCP, no servía para defender sus intereses, precisamente porque no había unidad en ella cara a defender los intereses de esos equipos. Porque aunque fuese un apasionado del ciclismo, Tinkov era ante todo un capitalista que buscaba un retorno a sus inversiones en este deporte. Su inversión no había sido hecha sólo por amor al arte: “Mi juguete también debe resultar rentable”.

Ya antes de constituirse, la principal reclamación de Velon hacia los organizadores era el denominado “revenue sharing”: el acceso a un trozo de la tarta de los derechos televisivos. Mientras RCS Sport escuchó e incluso cooperó a cambio de una mejor participación en sus carreras (Giro de Italia), ASO se mantuvo firme en su posición. La UCI, por su parte, se colocó perfectamente de perfil.

A día de hoy, siguen siendo los organizadores de las carreras quienes comercializan los derechos televisivos de sus pruebas. No comparten sus beneficios ni con las federaciones de sus países ni con los ciclistas y equipos que en esas carreras participan. Cuentan también con la inversión de los lugares que acogen la salida, el paso, o la meta de la prueba. Así que, muchos patrocinadores han decidido asociarse a los organizadores de pruebas para difundir su imagen

Hace unos días, en un artículo de Marcos Pereda, podíamos leer que la entrada del agente Jorge Mendes en el ciclismo podría reportar sustanciales mejoras en los derechos de imagen de los ciclistas.

¿Qué hay de los equipos? ¿No van a mejorar sus retornos respecto a lo invertido, siendo quienes ponen a los ciclistas en las carreteras? El pasado viernes 26 de marzo pudimos comprobar que el antiguo E3 Harelbeke había pasado a denominarse oficialmente “E3 Saxo Bank Classic”. De lo cual, en mi opinión se pueden extraer dos principales conclusiones:

La primera es que, tras su paso por el ciclismo, no es que al banco danés no le interese el ciclismo. Al contrario; la experiencia debió ser positiva. Si no, no volvería.

Y la segunda y más importante: que Saxo ha decidido seguir en el ciclismo, pero no en el bando de los equipos, sino en el bando de los organizadores. De sus enemigos a la hora de las negociaciones en los tiempos de Tinkov. Seguramente habrán echado números y viendo el panorama y la cantidad de dinero que estaban dispuestos a invertir, les sale más rentable ir del lado de los organizadores de carreras que volver al lado de las escuadras ciclistas. Las en este momento grandes ninguneadas de este negocio.

Escrito por: Raúl Ansó Arrobarren (@ranbarren)
Foto: @ACampoPhoto

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