Opinión

¿Se debe celebrar un segundo puesto en ciclismo? Ecos de Strade Bianche

Ha sido la Strade de Pogacar, un sol que está ensombreciendo a varias generaciones coincidentes en las puertas de entrada y de salida. Una suerte de Merckx con hambre y más visión del espectáculo que de la propia carrera. Una superioridad que asusta. Cuando ganar ha dejado de ser el objetivo para él y para sus rivales. La oposición de ideas entre buscar el legado y el resultado de boca pequeña. Cuando luchar por el segundo puesto se puede convertir en una epidemia, palabra de moda número uno, que precisamente estábamos erradicando a través de los nuevos nombres. Los ecos de una batalla, por desgracia palabra de moda número dos, que no fue tal. Tadej sedujo a sus rivales desabrochándose únicamente un botón, con un ataque tímido de respuesta aún más sonrojada por no ser tal. Se perdió en la distancia con la única oposición de un ejemplar y plausible Carlos Rodríguez (Ineos). El sterrato, el ritmo aún pre-Tour del de UAE, el conformismo y la no consciencia de que ante un líder no vale la respuesta de un gregario hicieron el resto. Siena vio al esloveno escalar su muro en solitario, degustando el entrante de una temporada que se vislumbra imperial. 

Mientras tanto, en el terreno de los mortales Valverde capta los titulares de ambos lados de los Pirineos. Meritorio primer puesto entre los vencibles, tal vez el signo de que podría haber ‘Balas’ para rato todavía. Ojalá la Piazza del Campo le envíe cierto arrepentimiento de aniquilar esta maravillosa obra que es su longeva carrera, por lo que muestra de forma denotativa y por los mensajes cifrados que manda a los desencantados que ven el cuatro asomar como primer dígito de su DNI. Primero entre un pelotón de decenas de almas que no supieron, quisieron o pudieron estar donde estuvo él. 

Reconocido el valor de lo conseguido, es turno de narrar el último gesto que celebraba el segundo puesto. El despiste como motivación para realizarlo pasó por nuestra cabeza. Sin embargo, no fue más que un deja vu de aquel Nairo Quintana que realizó el gesto de la V de victoria en la cima de Alpe d’Huez tras no conseguir ninguno de los objetivos posibles en la salida de aquella etapa. V de vendetta hubiese sido más deportivo. La vida es larga y más lo son las carreras de tres semanas. Hubiese sido una declaración que hubiese dignificado la competición ciclista, el deporte como tal. El cicloturismo es una opción muy válida y respetable, donde no hay vencedores ni vencidos. Bueno, el cicloturismo puro, no el invento híbrido que impera en la actualidad. Pero es harina de otro costal. Volviendo al caso que nos ocupa, cuando celebras tu derrota, un segundo puesto, estás mostrando de forma infalible y poco sutil cuál es tu lugar en el mundo, en el escalafón. A qué renuncias. Al menos, desde tu perspectiva. 

Son pistas de debilidad que los rivales deberían leer. El gesto es independiente de la satisfacción, como demuestra la lectura párrafo arriba. En cambio, es fácil despistarse con la concepción y defensa de lemas como aquella desafortunada frase que caló en la sociedad española: “lo importante es participar”. Al enemigo ni agua mientras estemos en contienda. No es un frase vacía, es el deporte. Es la vida. Cuando acaba, aplauso y reconocimiento. La victoria, en caso de no ser propia, ha de ser difícil para quien la desee y demuestre más condiciones para lograrla. Así se engrandecen los méritos de los campeones. Así se hace ciclismo. 

Las formas de correr también son cuestionables. Ante el superior, permisividad. Despiste. ¿Se puede dejar un metro de ventaja al campeón del Tour sin darlo todo por intentar que el caballo no se marche? Morir de una forma o de otra, mejor digno, irreverente. Al final es difícil parar a estos bólidos. Un segundo o tercer puesto poco debería aportar cuando ya has pisado ese mismo cajón. Ambición. Pogacar la tiene y pasará a la historia más que por sus victorias, por la forma de conseguirlas. Nadie recuerda a los segundones, que según la RAE es quien ocupa el puesto inferior al más importante. Sin carácter peyorativo, más bien descriptivo de una situación que creíamos adormilada. 

Escrito por Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: Sprint Cycling Agency / Movistar

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