Opinión

¿Sería buena una reducción de corredores por equipo?

La cuenta de la vieja ayuda en un primer momento. La lógica, además, es aplastante: a un menor número de corredores, menor será el control que un pelotón pueda ejercer sobre sí mismo. La unión hace la fuerza es un dicho que se reafirma con el de divide y vencerás. Todo debate que gire en torno al número de miembros alineados por un equipo en carrera tiene una lectura clara: tenemos un problema de combatividad. Y de ahí arrancan todos los males de un deporte que, en su vertiente profesional, vive por y para el espectáculo y minutos significativos en televisión. Las audiencias, en definitiva. 

El segundo problema viene en las soluciones. Algo se debe hacer cuando los ciclistas se conforman con un sexto puesto en una gran vuelta. Un hecho que al fin y al cabo es entendible desde un punto de vista económico e incluso laboral. Un sexto puesto ya justifica una temporada, te pone en el candelero y asciende tu nombre a la categoría de semi-estrella del ciclismo. Los portales hablan de ti y tienes motivos para generar expectativas de mantener y/o superar ese resultado durante tres o cuatro años. Lo cual te asegura un buen contrato. 

La solución de continuar ahondando en la reducción de las plantillas puede producir un efecto contrario al buscado. Si con un número menor de coequipiers estamos buscando reducir las ayudas a los líderes, sí, vamos a verles en solitario de una forma más fácil. Pero, si no hay ataques y movimiento de carrera, qué interés puede generar? 

Tampoco hay que olvidarse del hecho de perjudicar también a los equipos atacadores, que proponen más ciclismo que meramente defender. Un hándicap que puede contrarrestar el efecto que estamos intentando conseguir. Si los líderes no arriesgan lo más mínimo, poco habrá que hacer. Igual que un partido de fútbol sin goles ni ocasiones. Puedes añadir cuantos kilómetros y puertos quieras, que al final la gravedad acabará por hacer su trabajo. Pero… ¿es eso lo que buscamos? Para ese viaje no hacían falta tantas alforjas. 

Si lo que buscamos es combatividad, habrá que modificar o añadir incentivos para que los equipos busquen la primera plaza o que, en caso de no conseguirla, luchen por esos otros objetivos como la combatividad. Y no ya los equipos, que lo hacen y harán, sino los corredores más mediáticos, los que dan titulares y mueven el ciclismo más allá de los aficionados de siempre. 

Está claro que las grandes vueltas tienen un problema en esta cuestión, con los grandes nombres retrasando sus ataques y movimientos hasta que el riesgo es inferior o igual a cero. Una auténtica navaja de doble filo, con decisiones por tomar que quizá desdibujen la tradición del ciclismo, ésa que tan bien gusta de conservar en ocasiones y que de modificarla podría hacer que toda esa masa fiel se baje del carro. Un delicado aspecto que merece un debate en profundidad. 

Escrito por Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: @ACampoPhoto

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