Ciclistas

Sir Bradley Wiggins, el emblema del ciclismo británico

Nadie diría que uno de los más carismáticos ciclistas de las islas nacería en Gante, Bélgica, donde el ciclismo es precisamente religión. Y que esa pandemia se trasladaría con sus momentos de mayor apogeo. Es cierto que se trasladó a Inglaterra junto a su madre al poco de aterrizar en este mundo, pero la relación con su país, lejos de terminar ahí, tendría mucho de simbólico a lo largo de sus años de éxito. El mundo mod volvía a estar de moda. La rebeldía, una forma diferente de afrontar la responsabilidad. Una bandera que se echó al hombro y que le respondió con veneración y aplauso. Algo que, por cierto, no ha acontecido con su sucesor, un Chris Froome al que quizá sus raíces keniatas le han restado ese pasaporte de ‘full British’ que tanta legitimidad otorga en este país, pese a haber vencido tres veces más en el Tour de Francia y seis en grandes vueltas, si bien una de ellas le fue otorgada en los despachos por la descalificación de Juanjo Cobo. 

Fan del Arsenal, se enganchó al mundo del ciclismo con las magníficas prestaciones de Chris Boardman en los Juegos Olímpicos, donde obtuvo medallas en la pista. Aquello le llevaría a saltar a las competiciones con tan sólo 12 años, cuando participó en la London World Challenge. Una fiebre que a partir de los 16 años sería también al éxito, al primer puesto, siendo junior. Algunos años más tarde saltaría a la carretera de la mano del problemático y misterioso Linda McCartney, que desapareció a mitad de temporada dejando a todos sus integrantes compuestos y sin equipo. FDJ, Credit Agricole y Cofidis le aportaron experiencia en las mejores carreras. En 2007, luciendo los colores de este último, fracasó en la salida del Tour de Francia desde Londres. Cancellara obtuvo un amarillo que el británico había preparado con mimo. Aunque no le salió la carrera que él esperaba. 

En 2008 pasaría al High Road, donde coincidiría con Mark Cavendish por primera vez. Un conjunto potente, internacional, herederos del Telekom alemán, y que le haría coincidir con ciclistas de la talla de Rogers, Kirchen y muchos otros. Tardaría sólo un año, tras su pase a Garmin, en conquistar la expectativa del mundillo, con una cuarta plaza en París que supo a gloria. De hecho, con la descalificación postrera de Lance Armstrong, se puede considerar un tercer puesto. Ciertos es que el trazado de aquel Tour no era un recorrido tipo, con poca montaña y opciones otro perfil de ciclistas. No es menos cierto que sus rivales eran todos de campanillas y batió a todos menos a Alberto Contador, intratable incluso en guerra con su propio equipo, y Andy Schleck. 

Sky confirmó su salto a la máxima categoría tras varios amagos. El fichaje de Wiggins era clave porque a su alrededor pensaban alcanzar la cima del ciclismo. Una cima que sin duda consiguieron no sólo conquistar, sino mantener. Su primer gran año, en cambio, sería 2011. La Dauphiné pasaba a su palmarés. Todos se las prometían felices con sus prestaciones. La clavícula del británico se interpuso en su camino y tuvo que abandonar la gran ronda francesa. Algo que, por un lado, le ayudó a brillar en la Vuelta a España y confirmar que detrás de este antiguo pistard había un potencial ganador de grandes vueltas. 

Con esa esperanza se presentó en la salida de Benidorm el equipo Sky. Un desconocido Froome sustituía en la alineación inicial a Peter Kennaugh, joven promesa del ciclismo británico y segunda baza en la general. Chris sorprendió a propios y extraños con una gran subida a la Covatilla y una crono en la que superó a su propio jefe de filas. Una machada que le dio el maillot rojo. El líder era Bradley, sin reservas. Lo fue hasta la llegada del cruel Angliru. Una auténtica pared donde Froome gozó de libertad y Wiggins cedió. El ciclista de origen keniata pasaba a ser la baza en la general, aunque Cobo estaba intratable y hubo que conformarse con las segunda y tercera plaza. Wiggins ya tenía su confirmación como ciclista de grandes vueltas, pese a contar con un recorrido muy contrario a lo que a él le podía convenir. Sky ya estaba en boca de todos y el Tour del curso siguiente iba a presentar dos contrarrelojes y una montaña contenida. Brailsford y compañía se frotaban los ojos… y las manos. 

Todos recordamos ese 2012 donde cual Rey Midas ganaba todo lo que disputaba: París-Niza, Tour de Romandía, Dauphiné y hasta el Olímpico en contrarreloj, aquella competición con la que soñaba de niño. Un anhelo más que cumplido además celebrándose en Londres, la capital del Imperio del que sería Sir gracias a la magnífica temporada que firmó. No le dio, en cambio, para alzarse con el número uno del World Tour, que estaría en manos del español Joaquim ‘Purito’ Rodríguez. 

En el Tour, su Tour, derrotaría a sus rivales sin compasión en las contrarrelojes, obteniendo grandes ventajas que después serían inalcanzables en montaña. Wiggins sufrió en las escaladas, pero donde no llegaría él, lo haría su equipo, controlando a unos inquietos Vincenzo Nibali y Cadel Evans, que poco pudieron hacer ante el poderío de la fuerza. Sky tenía la situación bajo control por contar con el ¿segundo? más fuerte de la carrera: Chris Froome. Para la historia de la carrera quedará ese momento en la última ascensión del Tour, Peyragudes, donde el maillot amarillo sufría y su compañero barra rival le apretaba, marchándose en solitario para volver a parar. Una polémica que involucraría también a las esposas de ambos protagonistas intercambiando mensajes no precisamente amables en redes sociales. 

Tras un 2012 de alta gama, se esperaba lo máximo de Bradley en 2013. El invierno fue calentito, con el continuo runrún sobre la capitanía del Sky. Por ello, incentivado por ofertas económicas externas, se decidió enviar a Wiggins al Giro de Italia y a Chris Froome al Tour con la posibilidad de compartir galones y ver qué pasaba con ambos. Una situación que nunca se volvería a repetir, ya que Wiggo no volvería a la carrera que le llevó en volandas a los altares. En el Giro se estrelló, tampoco era de su interés y abandonó tempranamente. Su temporada fue bastante discreta en comparación con la magnitud del personaje y la calidad de sus piernas. Ni siquiera la plata en el Mundial de contrarreloj celebrado en Florencia le serviría de justificación. Una plata que convertiría en oro un año más tarde, en Ponferrada. 

A partir de otro año prácticamente vacío en cuanto a las grandes carreras, aunque sí que obtuvo victorias por el camino, llegó el comienzo del fin para el británico, que comenzó a gestionar su equipo, el Team Wiggins, y a darle más importancia a la pista que a la carretera. Aún así, en 2015 aún tendría tiempo de regalarse una última victoria. Iba a ser en Bélgica, una bonita forma de cerrar el círculo. Los Tres Días de La Panne le permitieron además lucir el último maillot de líder de su carrera. Dejó Sky para lucir los colores de su propia escuadra y desde entonces ha sido más célebre por sus apariciones en televisión. Sobre todo, a lomos de una moto comentando las etapas del Tour de Francia, donde además de lucir llamativas chaquetas y evitar apariciones en los momentos de lluvia (casualidad), realiza algunos comentarios atinados entre el sarcasmo y la información de primera mano por haber vivido en ese pelotón más de mil batallas. 

Un corredor peculiar que fue capaz, por cierto, de batir el récord de la hora. Un último mohicano, esa especie en extinción que son los contrarrelojistas y que fue capaz además de ajustar sus pérdidas en montaña para ganar quizá el último Tour clásico que se haya vivido. Un rara avis del ciclismo capaz de rendir apropiadamente en carretera y en otra modalidad como la pista. Un hecho que nos remontaría a tiempos muy anteriores. No es tan sencillo encontrar a ciclistas que hayan ganado un Tour de Francia y después hayan sido capaces de rendir con éxito en otra disciplina. Larga vida al Sir. 

Escrito por: Jorge Matesanz (@jorge_matesanz)
Foto: Sirotti

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