Opinión Ciclistas

Sobre Roglic

Primoz Roglic ha hecho de la Vuelta su particular madriguera, en la que lamerse las heridas y olvidar el pasado. En 2019 llegó a la Vuelta tras disputar un Giro en el que Carapaz y los juegos mentales de Nibali se le atragantaron. Tampoco su equipo (y especialmente sus directores) estuvieron a la altura. En 2020, la necesidad de pasar página era más acuciante, después del descalabro final de La Planche de les Belles Filles. En ambos casos encontró en la Vuelta el remedio para sus males. La Vuelta parece contar con los ingredientes idóneos para el esloveno: finales explosivos, altos porcentajes, bonificaciones…

En la Vuelta es el nuevo Rominger. Pero no todo ha sido un paseo triunfal. El dominio de Roglic siempre parece pender de un hilo. Al igual que una ráfaga de viento lateral puede desestabilizar a un saltador de esquí, también el viento se ha cruzado en su camino. El viento y… Movistar. No hace falta más que recordar las etapas de Guadalajara y de Toledo de la edición de 2019, las auténticas etapas decisivas. En la primera, el equipo de Roglic quedó desarbolado por una acción conjunta de Deceuninck-Quick Step y Sunweb, a la que se unió más tarde Movistar. Gilbert ganó la etapa, Quintana se coló en el corte bueno con su habitual don para la buena colocación y Roglic salvó los muebles de milagro. 

Pero en la etapa de Toledo, los vientos trajeron consigo aires de polémica. En el paso por Escalona se produjo una caída, en la que se vieron implicados Roglic y Miguel Ángel López. Tony Martin, cómo no, fue de los más perjudicados. 
Por delante, Movistar comenzó su ofensiva, para muchos cuestionable, cuanto menos oportunista. La decisión de los jueces fue la de no parar los coches, de forma que Roglic, en unas imágenes algo escandalosas, aprovechó el rebufo de su coche de equipo para entrar. La polémica estaba servida: Movistar ataca al líder caído y Roglic aprovecha la estela de su coche para reenganchar. El rumor del vendaval no se detuvo ahí. Algunos periodistas se cebaron, de forma un tanto infantil, en la actitud fría del esloveno con la prensa.

En 2020 las cosas parecieron cambiar. Roglic se tomó la Vuelta como una cura personal, ganando todas las etapas que tuvo a tiro. Sin embargo, la diferencia con sus rivales era exigua, lo que le puso en un aprieto en el último día se rio, en la Covatilla, en una subida expuesta al viento. Richard Carapaz, bastante aislado, lanzó su esperado ataque. Roglic contó con la ayuda de Hofstede, y cuando este se apartó, aparecieron inexplicablemente Mas y Soler a achicar agua. Roglic habría salvado la clasificación igualmente, pero la imagen de Movistar tirando para coger al “prófugo” Carapaz ahí quedaba, para la posteridad y para el documental de Netflix. 

En 2021 Roglic intentará su tercer asalto triunfal en la Vuelta, después de un Tour que no ha salido como esperaba y unos JJOO en los que se ha repuesto con su admirable capacidad para mirar hacia delante. Tendrá que evitar caídas e intentar ir arropado en los días de viento. Y evitar que las tácticas erráticas de Movistar se crucen de nuevo en su camino.

Escrito por: Ignacio Capilla (@AlpinoGliaccia)
Foto: @ACampoPhoto
Incluido en el nº5 de High Cycling (especial Vuelta)

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