Historia

Stolz

Vizille. 28 de julio de 1998.

Aún se mastica la épica.

En la jornada anterior, Marco Pantani da un vuelco en la clasificación general tras una tremenda exhibición en los kilómetros finales del Galibier, apoyado en los KELME durante el largo descenso, y rematado en la subida final a Les Deux Alpes.

Todo son elogios para el italiano. Una gesta de las que tiempo ha no se tenía constancia, con regusto a ciclismo añejo y glorioso. Resuenan los nombres de Bartali y Coppi, e Italia es un volcán de pasiones hacia su nuevo mito.

Pero, como casi siempre, existen dos caras de la moneda.

En la otra cara, un alemán, Jan Ullrich, aparece casi hundido. En una jornada de perros, le acababan de arrebatar una prenda que parecía iba a ser perenne y cuasieterna sobre su torso. Llega desfigurado a la meta, con la imagen entre la lluvia de un ídolo momentáneo caído. 9 minutos ni más ni menos le habían caído al alemán, que llegaba a meta totalmente descompuesto custodiado por sus compañeros Riis y Bolts. El descalabro en la general era manifiesto, quedaba a 6 minutos del nuevo líder e incluso alejado del podio. Un Tour al que no parecía llegar en su mejor momento, incluso con la sensación de estar algo entrado en kilos, y en el que cada ascensión daba cuenta de dicha forma. Muy alejado desde luego de la imperial imagen que había ofrecido el alemán la anterior edición de la ronda gala -y, apurando, en su primera participación-.

No faltaban las chanzas sobre su alimentación entre los más suspicaces, o directamente asimilarlo hacia alguna especie de Monstruo de las galletas -entre los colegas hablábamos de Tigretones-. Incluso no parecía nada descabellado pensar en un posible abandono…

Casi hundido.

Para la segunda jornada alpina no había gran expectación. La cosa parecía ya finiquitada. ¿Atacará nuevamente Pantani?. Era la única incógnita en principio. No había demasiado que esperar en un Tour convulso desde su inicio y al que se había dado un giro inesperado en el guion. Tampoco era una jornada que augurara nada digno de mención. Se ascendían los puertos del Macizo de la Chartreuse (la Trilogía Porte, Cucheron y Granier, y Grand Cucheron), y como punto clave de la etapa, la ascensión al Col de la Madeleine, pero relativamente alejado de la línea de llegada en Albertville.

El alemán era de la partida -no hagan caso, son rumores…-. Ya en la primera ascensión se produce la escapada del día, formada por Heulot, Teteriouk y un compañero del alemán, Rolf Aldag. Hay que intentar borrar la mala imagen de horas antes intentando buscar, al menos, un triunfo menor en forma de etapa. Detrás, calma, no hay gran movimiento y es MERCATONE quien controla las distancias con la fuga. En el tramo llano antes de la Madeleine el propio MERCATONE va subiendo el ritmo y reduciendo las distancias con la fuga. Se comienza a palpar un nuevo ataque del Pirata. Nada más comenzar la ascensión al coloso alpino, Teteriouk hace aguas, y Aldag parece pasar problemas tras Heulot. Parece difícil que la escapada pueda llegar a meta.

Los primeros de la general van tomando las posiciones delanteras. Cofidis sube el ritmo y mueve un poco el árbol y quedan ya los escogidos de la clasificación. Cuando, de repente, Ullrich se abre a un lado de la carretera, y lanza un latigazo tremendo. Sólo Pantani, Piepoli y Escartín consiguen seguir al alemán cuando todavía queda un mundo para la cima de la Madeleine. El alemán va desatado, en escasos segundos pierde comba Escartín, y posteriormente Piepoli. Se quedan solos Pantani y Ullrich. Menuda foto nos están dejando en la Madeleine.

Pantani se queda a la expectativa, durante algunos momentos incluso parece no ir demasiado cómodo, pero aguanta bien a la rueda del de Rostock. Así alcanzan a los dos escapados, realizando Aldag el trabajo de apoyo a su compañero como última labor de equipo. Unos instantes después, dan caza a Heulot, y le dejan convirtiéndose en cabeza de carrera el mágico dúo.

Detrás, tiran como pueden, impotentes ante la ofensiva de Ullrich, tratando de reducir los estragos en diferencias que va generando el alemán.

La película no cambia desde entonces, Ullrich en cabeza, y tras él, el líder Marco Pantani. Se trata de una nueva muestra de coraje de Campeón herido en su orgullo lo que está protagonizando Jan Ullrich. Ya va por 1 30″ la diferencia que saca el dúo a sus perseguidores. La película que nos aventurábamos antes de la ascensión ha saltado por los aires, ni ataque del Pirata, ni nuevo hundimiento del alemán.

Entre ambos protagonizan una pelea que nos rememora tiempos pretéritos y duelos míticos en décadas pasadas. Ni un relevo pide el alemán, ni una mirada atrás, sigue como un poseso con el objetivo de dignificar su nombre y dejar claro que lo de ayer no era algo definitivo. Espectacular estampa en un escenario sin parangón están ofreciendo a todos los aficionados. Cuando coronan la cima del coloso alpino las diferencias se cuentan en los dos minutos sobre el grupo trasero, que sufre sobremanera para no desperdiciar la ventaja que el derrumbe de Ullrich les había dado la jornada anterior.

Así se hace el descenso, y el llano previo a la llegada, no cambia el panorama, Ullrich no mira atrás. Sólo a escasos kilómetros de la cima vemos por primera vez al italiano en cabeza. Su esperada enésima galopada en solitario esta vez quedaba en una marcha a dúo.

Pancarta del último kilómetro, Pantani coge la cabeza y, en un gesto de respeto ante la reacción de coraje del alemán, lanza la llegada y le cede el triunfo parcial. Victoria de etapa para el protagonista del día, el alemán herido horas antes en su orgullo. Ullrich, aparte de ello, se vuelve a colocar tercero en la general, a escasos segundos de Julich. Parece que el segundo puesto, al menos, ya está en el bolsillo. Gran día de ciclismo, de esos que recordamos unos lustros después…

Aunque la general estaba vista para sentencia, los amantes del ciclismo teníamos una gran noticia, aparte de la gran jornada que acabábamos de presenciar.

El Panzer de Rostock había vuelto.

Escrito por: Jorge González Vives

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