Carreras Historia

Strade Bianche, una ensoñación hecha carrera

Colinas, praderas verdes sorteadas por una serie de caminos blancos, llamados aquí carreteras. El ciclista zigzaguea vagante entre la belleza y el esfuerzo, todos recompensados por llegar a una línea de meta cada vez menos lejana. El aroma a primavera sin serlo, el gusto por el buen ciclismo que aún no ha llegado al cénit de la temporada. Hay ganas, hay terreno, hay ciclistas, hay anhelos. 

Las grandes clásicas no han comenzado. Las otrora pequeñas han dado pasos de gigante para situarse en el gusto del público y en el calendario de los ilustres. Un cruce de caminos que deriva en una carrera profesional singular, romántica al tiempo que conectada a la realidad y sin un sólo pero que llevarse a la boca. La carrera perfecta, el momento ideal. 

Tras celebrarse como marcha retro con bicicletas de antaño y espíritu melancólico de grandes gestas hechas sobre los granos de tierra, hoy día una realidad del calendario más selecto y con cada vez mejores actores, los cuales deleitan con un vaivén de aventuras dignas de ser narradas con toda suerte de detalles. Desde la tiranía de Cancellara a la suficiencia belga, las estrellas colgantes sobre las piedras protagonizan desde sus inicios la antesala de la primavera ciclista. 

2014, Strade Bianche, Lucignano d’Asso

Italia en todo su esplendor, Siena y su Piazza del Campo relucientes y la Toscana recibiendo uno a uno a los participantes de una prueba de otra época, épica (nunca dos términos tan similares se ubicaron tan cerca del otro en lo semántico) y cuyos héroes son fotografiados como viajantes en el tiempo. Ese sabor a batalla sin cesar, clase y gusto. Eso es la Strade Bianche. Magia. Arte. Puro Renacimiento ciclista. El día en el que los aficionados, aún con la temporada naciente, se garantizan un trofeo que llevarse a la vista. 

Foto: Sirotti
Texto: Lucrecio Sánchez

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