Ciclistas Profesional

Tony Martin, el capo del miedo (OPI-OMI)

El ciclista alemán pasó por ser una de las grandes estrellas del mundillo ciclista hace unos años. Unos días de plenitud donde sus prestaciones en la lucha contra el reloj le hacían uno de los corredores más valorados. En realidad, funcionaba como un reloj cualquiera contra los que luchaba. Pocos días fallaba en su terreno, con la suerte de que además en ciertas escapadas dejaba su impronta y ponía contra las cuerdas a los grupos de escapados y al propio pelotón. Exhibiciones de ese estilo fueron habituales cuando ejercía ese rol en sus equipos. 

Con el tiempo se ha ido conociendo que aquellas aventuras en solitario eran una búsqueda de una solución al miedo que le producía ir en pelotón. La imposibilidad de dejarse ir en un terreno en el que se movía como pez en el agua le llevó a buscar esas fugas imposibles que después llegaban a buen puerto o, como poco, morían en la orilla. Así le pasó camino de Cáceres, en la Vuelta, donde ese planteamiento de buscar el alejamiento de sus compañeros de paquete le llevó a protagonizar una de las escapadas más recordadas de los últimos tiempos. 

El desgaste que esa exigencia le producía le ha llevado a cambiar su rol. De líder a gregario. De contrarrelojista prácticamente imbatible a remar en favor de sprinters o contenders de la clasificación general. Muchos kilómetros se ve al teutón al frente del grupo, sin necesitar apenas un relevo de sus coequipiers. ¿Por qué? De nuevo por su miedo a rodar en pelotón. Un rodar que, como sucedió en el Tour de Francia con la famosa pancarta, en ocasiones esconde el peligro y lo muestra donde teóricamente menos se espera. Resultado: caída en cabeza de pelotón. 

Su papel dentro del gran grupo también ha sido importante, pasando a ser una especie de safety car que determina qué hacer y qué no hacer en determinadas situaciones, como ante caídas o cortes. Se tira o no se tira. Se acelera o no se acelera. Un papel que otrora ocuparía un ciclista de un corte parecido como Fabian Cancellara. Siendo uno de los corredores más experimentados del pelotón, es normal que ejerza esa influencia, si bien en ocasiones sus decisiones han sido bastante impopulares, sobre todo por parte de un aficionado que anhela movimientos, ataques, novedades. Los parones nunca gustan, sobre todo si los motivos son bastante opinables. En esas ocasiones no son culpa de Tony, sino de aquellos que siguen sus directrices, seguro que basadas en un porcentaje en respuestas a sus miedos. El porcentaje restante, como es normal, es el interés de la escuadra que defienda. 

Sobre la bicicleta, un adalid de la elegancia. La plasticidad de sus luchas contra el crono han rozado la perfección, al igual que la efectividad de sus relevos al frente del grupo. Pocos pueden rodar más rápido que él si atraviesa un buen estado de forma. Con buen rendimiento en montaña, bien podría haber disputado más clasificaciones generales, aunque con buen criterio decidió dedicarse a la especialidad en la que ha sido capaz de marcar la diferencia y convertirse en uno de los ciclistas más laureados, por ejemplo, en los Campeonatos Nacionales y del Mundo, donde conserva respectivamente nueve y cuatro medallas de oro. 

Nacido en 1985, Martin está ante sus últimos compases como ciclista profesional. Su continuidad en el Jumbo-Visma como uno de los ángeles de la guardia en el llano de sus líderes le hace seguir en vanguardia en la lucha indirecta por las victorias. Mientras Roglic, Vingegaard y compañía le tengan de su lado, tendrán mucho ganado en el control del gran grupo. En eso, sin duda, es ahora mismo una de las mayores garantías. 

Escrito por: Lucrecio Sánchez  (@Lucre_Sanchez)
Fotos: @ACampoPhoto

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