Historia

Treinta años del motín de Pau

Muy famosa es la etapa del Tour de Francia finalizada en Val Louron el 19 de julio de 1991. Miguel Induráin llevaba ya varios años dando más que pinceladas de sus capacidades sobre una bicicleta. Pero aquel viernes marcó un antes y después en su trayectoria. Incluso también para el ciclismo español.

Menos conocida es la etapa disputada el día anterior. Esa etapa que finalizó en Jaca, y que también se hizo famosa. Los ciclistas españoles fueron duramente criticados por no haber planteado una dura batalla y permitir que los Mottet, Richard, Leblanc… hicieran camino y llegasen destacados a la localidad oscense. Quien más palos recibió aquella tarde y durante la mañana del día siguiente fue José Miguel Echávarri, entonces director deportivo de Induráin. Un Miguel Induráin que durante aquella etapa llegaría a besar el asfalto. Las lanzas hacia Echávarri y todo el Banesto tornarían en cañas hacia las dos de la tarde del día siguiente; de ese calurosísimo viernes 19 de julio. Y es que, releyendo entrevistas de aquellos días, Echávarri tenía claro que la etapa clave y donde sus pupilos iban a poner las cartas sobre la mesa era la que finalizaba en Val Louron. Lo que ya muy pocos recuerdan es lo sucedido durante la salida de esa etapa en Pau y que iba a concluir en Jaca con la victoria de Charles Mottet. De eso trataremos en el artículo de hoy.

El martes 16 de julio se disputó una maratoniana etapa de 247 kilómetros que concluyó en Saint Herblain, en el departamento de Loire-Atlantique. Durante esa etapa se rodó a casi 47 kilómetros por hora de media. También esa etapa se hizo famosa; ¿Quién no recuerda el abandono masivo de los PDM? Ese día abandonaron Breukink, Alcalá y Sean Kelly.

El miércoles 17 no había etapa… sobre la bicicleta. La organización programó una jornada de “descanso” con traslado de toda la infraestructura del Tour a la localidad de Pau. Sin embargo, los ciclistas, según el artículo nueve del reglamento de la carrera, debían trasladarse obligatoriamente en avión. Todos los ciclistas… Durante la tarde del martes, todavía en Saint Herblain, los ciclistas Laurent Fignon y Gert Jan Theunisse solicitaron al director del Tour de Francia, Jean Marie Leblanc, una autorización especial: poder viajar en coche hasta Pau y no en el avión fletado por la organización de la Grande Boucle. Leblanc denegó el permiso. No había excepciones. Todos a volar.

El vuelo partió desde el aeropuerto de Nantes en la mañana del miércoles. Pero hay dos ciclistas que no se presentan. El suizo Urs Zimmermann, del equipo Motorola, y el también suizo del Helvetia Pascal Richard. Richard no se desplazó a Pau en coche. Había viajado previamente y en avión a Cannes a visitar a su médico. Zimmermann sí que viajó en coche hasta Pau: “Tengo miedo a los aviones y por eso he preferido ir en coche”.

Ya en Pau la organización aplica su peculiar reglamento: expulsión de carrera para Zimmermann. Advertencia para Richard. Y un día de suspensión de carrera para los directores deportivos de ambos, Kim Ochowiz y Paul Koechli. Corredores y directores afectados protestan. El médico del Motorola argumenta que su ciclista Zimmermann padece sinusitis y sufre fuertes dolores en las alturas. Pero Porte, jefe médico del Tour, replica que ni el médico ni el corredor han comunicado previamente esos problemas y el Tour se mantiene en sus sanciones. El diferente trato aplicado, advertencia para Richard y expulsión para Zimmermann, también causa perplejidad en el colectivo ciclista.

Declaraciones, polémica, tensión… y finalmente sorpresa. En la salida de la etapa de Pau los ciclistas se reúnen. Juntos y en unión deciden no tomar la salida. Ciertamente había una mar de fondo. Un caldo de cultivo previo a esta decisión tomada por el pelotón. El tema era el uso obligatorio del casco, sobre todo en aquellas etapas disputadas con muy altas temperaturas. Asunto que incluso hoy pueda originar sonrisas en los lectores, pero muy polémico en aquellos tiempos. Ese malestar reinante necesitaba un detonante. Y en Pau surgió.

Leblanc no da su brazo a torcer. Pero los ciclistas permanecen unidos sin montarse en sus bicicletas. Reivindican que Zimmermann pueda ser de la partida. Aún estando claro que ha incumplido el reglamento. Si no sale Zimmermann… el resto del pelotón tampoco. Es un auténtico desafío a la autoridad. ¿Quién manda más? ¿Los ciclistas o Leblanc? Durante cuarenta y cinco minutos el pelotón aguanta el plante. Zimmermann, por su parte, aguarda acontecimientos dentro del coche del equipo pero vestido con el culotte y el maillot. Finalmente, Leblanc accede a que Zimmermann sea de la partida… aunque de forma provisional. El “advertido” Richard, por su parte, durante el transcurso de la etapa, cogía la escapada buena. Se clasificaba segundo con el mismo tiempo que el vencedor Mottet.

Ya en Jaca, Leblanc continuaba dándole vueltas al tema. Tenía claro que debía poner orden. Pero la fuerza de los ciclistas, con su unidad de actuación, condicionaba sus ulteriores decisiones. No podía permitir que los ciclistas diesen otra vez esa imagen. En todo caso él no debía propiciarla con sus actuaciones. Debía andarse con tiento. Pero a la vez debía tomar una decisión. Finalmente permitió continuar a Zimmermann en carrera… pero expulsó definitivamente de carrera a Kim Ochowiz, su director. ¿Alguien entendía algo? En lo referido al asunto del casco, la mayoría de los ciclistas disputaron aquellas calurosísimas etapas pirenaicas sin él.

Aquel Tour llegó a París. Mientras Induráin se investía con su primer amarillo, la mente de Jean Marie Leblanc estaba ocupada en otros pensamientos. Esto es lo que pensaba: “En el caso de los cascos… la realidad es que el Tour tenía muy poco que ver con el asunto. El hacer cumplir la reglamentación de la UCI es misión de los comisarios internacionales y no de los organizadores de la carrera. Tampoco del Tour. Pero no estoy de acuerdo con la conducta de los corredores. Antes de la salida del Tour su propia asociación, la AICPro, había aceptado una tregua, un compromiso: cascos sí, pero no el integral. Luego, el boicot de los corredores ha sido como un secuestro a los organizadores. Una conducta anárquica. No fue correcto. Aunque entiendo que en algunas etapas de calor se pueden autorizar excepciones, pero siempre después del diálogo. Además, creo que los corredores y sus líderes responsables tratan demasiado a la ligera el tema de su propia seguridad”

Ya sobre el asunto de Zimmermann Leblanc opinaba lo siguiente: “Puede que la medida de suspender al suizo por no haber viajado como los demás en el avión pareciera exagerada, pero si tienes, como fue el caso para nosotros los organizadores, la sensación de que te han querido engañar, no queda otra salida que la de la dureza. Los responsables del Motorola intentaron camuflar propios errores con falsos informes médicos, y eso es algo que nosotros no podemos tolerar. En el Tour tenemos una máxima fundamental: todos son iguales ante los reglamentos. O todos viajan en coche, o todos en tren, o todos en avión. Si no se respeta esta ley existe el peligro de que los equipos ricos empiecen a utilizar helicópteros para trasladar a sus jefes de filas. Eso es algo que nunca vamos a aceptar en el Tour. Esta vez los corredores nos han “secuestrado”, pero no va a repetirse. Creo que en vez de “huelgas” y “secuestros” el pelotón tiene que elegir un portavoz antes de empezar el Tour con el que se pueda dialogar sobre todos estos asuntos”.

Cuesta entender que el caso de Zimmermann diese más que hablar que el de Pascal Richard, con escala en Cannes incluída. Pero es lo que les podemos contar.

Escrito por: Raúl Ansó Arrobarren (@ranbarren)
Foto cedida por @Miroir2Cyclisme

Publicado originalmente en Desde la Cuneta

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