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Vuelta España 2005: la batalla entre Heras y Menchov

El 27 de agosto de 2005 dio comienzo en Granada la 60ª edición de la Vuelta a España, con dos protagonistas claros: el bejarano Roberto Heras, ganador de tres ediciones y aspirante a batir el récord de Tony Rominger, y Denis Menchov, el ruso que se erigía como la mayor de las amenazas para el escalador salmantino en su objetivo. Y así fue, no tardando en mostrar sus armas en la contrarreloj inicial, donde el ciclista y líder del Rabobank dio el primer golpe ante el resto de candidatos.

No es que hubiera muchos, pero sí que algún célebre aspirante al podio del Tour se pasó por España en esos últimos coletazos del verano. Floyd Landis entre ellos, si bien todo quedó reducido a una disputa cara a cara entre Heras y Menchov en un mano a mano que duró prácticamente toda la carrera. El resto de favoritos, como pudieran ser Mancebo y Sastre, anduvieron lejos de tener opciones de victoria. Sólo el intento por ocupar esa tercera plaza del podio y el orden de la primera y segunda plaza fue lo que aportó salseo a la Vuelta.

Los sprints de nivel con gente como Petacchi o Hushovd se sucedieron con el australiano McGee como líder tras la clásica etapa de Córdoba con el alto de San Jerónimo encima de la ciudad. No tardó mucho en llegar la primera llegada en alto, en Valdelinares, que iba a ser un primer test serio sobre quién aspiraba a disputar en la carrera. Roberto Heras y su Liberty Seguros tenían claro que debían dar primero y así fue, con el equipo en bloque para lanzar a su líder, que cogería el todavía maillot oro en la cima. Distanció en última instancia a Menchov, aunque sólo por un puñado de segundos.

Allí se vio quién iba a ser el gran rival en su búsqueda de la cuarta victoria, la que le metía en la historia. La contrarreloj de Lloret de Mar ponía la Vuelta al rojo vivo. La famosa crono de los conos colocaba a Menchov en cabeza, con ventaja sobre un Heras que se defendió como gato panza arriba en la peor especialidad para él. El ruso afrontaba los Pirineos de oro y los viviría con bastante calma y con cierto margen de maniobra, por lo que sólo respondía a los ataques de su gran rival. Mancebo ganaba en Arcalís, en Andorra, y Laiseka en Cerler, donde Heras no era capaz de arañar ni un segundo.

Después de unos días de transición, se alcanzaba la costa cantábrica con una etapa de media montaña que regresó de tapadillo al País Vasco varias décadas después de la última ocasión, aunque fuese sólamente por unos kilómetros y de forma testimonial. La llegada al Santuario de la Bien Aparecida, en Cantabria, iba a presenciar un escenario muy curioso. Un sprint entre el colombiano Ardila y los españoles Óscar Pereiro y Samuel Sánchez. El ciclista del Lotto se confundió con las líneas del suelo y esprintó para una línea de meta que no era, con Pereiro a rueda.

Samuel Sánchez aprovechó ese desconcierto para lanzar un último empujón y llevarse la etapa real. Fue su primera victoria de entidad como profesional y aquello cambió su carrera. Ese mismo día fue decisivo para la clasificación general porque Roberto Heras, el gran aspirante, sufrió una durísima caída que le provocó una brecha en su rodilla. Puntos de sutura y un milagro que pudiese terminar la etapa sin contratiempo alguno ni pérdida de tiempo. Menchov no hizo ni ademán de atacar ni buscar ventaja de la circunstancia de su rival.

Llegaban los Lagos de Covadonga e iba a ser allí donde el ruso perdería la carrera, pese a que la historia oficial comente otra cosa. Un día en el que ganaba Eladio Jiménez, también salmantino, y en el que Heras atacaba con la rodilla aparatosamente vendada. Una, dos, tres, cuatro… innumerables las ocasiones en que lo intentó. Menchov iba muy fuerte e incluso hizo un conato de ataque que más que una arrancada era un aviso para que el español dejase de atacar. Pero de haberse marchado, de lo que parecía más que capaz en aquel movimiento, y haber obtenido ventaja, la historia de la carrera hubiese sido otra muy distinta.

Llegaba la considerada como etapa reina, también en Asturias, con llegada en Brañillín-Pajares. El clima era frío y nublado, con alguna gota de lluvia en la subida y bajada a los puertos decisivos, si bien el líquido elemento no fue el protagonista del día. La Colladiella, puerto estratégicamente situado en la etapa, iba a servir de termómetro. Liberty lanzó un ataque en bloque, con ciclistas en la escapada, al que siguió Heras, con Menchov a rueda. Aquello les dejó solos ante un descenso con cierto peligro. Heras forzó en la bajada y el ruso perdió unos metros.

En lugar de seguir insistiendo, el de Rabobank decidió esperar a un par de compañeros que venían por detrás para dar alcance al español en el llano que llevaba a los ciclistas hasta el siguiente puerto. ¿El problema? Que Liberty Seguros llevaba hasta cuatro ciclistas en la escapada, por lo que una vez enlazó Heras con ellos, volaron sobre el falso llano, ampliando la diferencia con Menchov de forma preocupante para el líder. Beloki, Vicioso, Scarponi… muy buenos ciclistas al servicio del equipo.

En la subida final, Heras tomó el mando y el resto es bien conocido. Entre el gentío de la cima y las rampas entrecortadas por la niebla, el salmantino endosó más de cinco minutos al maillot oro, que lo cedió ante el nuevo líder ya hasta el final de la carrera. Un golpe durísimo para Menchov, quien no intentó ya asaltar el primer puesto de la general. En las sierras de Madrid, Ávila y Segovia, los más activos fueron Mancebo y Sastre, peleando por el tercer puesto del podio. Pero entre los dos primeros apenas hubo lucha.

La contrarreloj final de Alcalá de Henares vivió una paradoja. Ganó Rubén Plaza brillantemente, con un segundo sobre Roberto Heras, quien se creció para acercarse al alicantino. Una forma brillante de cerrar su cuarta Vuelta, su paso a la historia. Sin embargo, ese día dio positivo y semanas después fue descalificado, otorgándole la victoria a Menchov. El ruso fue ganador durante un tiempo, ya que Heras recurrió a la justicia y le fue concedida de nuevo la victoria en la Vuelta, regresando a ser el pichichi de la carrera.

Escrito por Lucrecio Sánchez

Fotos: Sirotti

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