Opinión

¿Y si prohibimos los sprints?

Lo ha vuelto a hacer. La UCI y su capacidad para meterse en charcos no deja de sorprender. Ayer se esperaba la, a priori, buena noticia de la incursión de una nueva invitación para las grandes vueltas, tras la petición de organizadores y equipos Pro Continentales. Pues bien, junto al anuncio de las normas, aparecían nuevas medidas para “reforzar la seguridad del ciclista”.

Junto a medidas lógicas y necesarias como las referentes a las vallas en carrera, o el lanzamiento de bidones por parte de los corredores; se hacía referencia a “las posiciones peligrosas sobre la bicicleta”. En este aspecto, se hacía hincapié en el hecho “sentarse sobre la barra superior del cuadro”. También será perseguida la ya clásica posición de apoyar los antebrazos sobre el manillar.

¿Qué supone esta nueva norma? En principio, sería decir adiós a las arriesgadas posturas que muchos corredores toman en los descensos para ganar velocidad. Se acaban el “bicho bola”; las patas de pollo de Froome elevándose sobre su cintura en el Tour de 2016; los espectáculos cuesta abajo de los Alaphilippe, Hirschi, Mohoric… Todas aquellas reminiscencias de “Perico” Delgado en modo fous des Pyrenées.

¿Es realmente un peligro para la seguridad del ciclista? Aquí es donde viene la polémica, pues, pese a que este comportamiento se ha extendido en el pelotón, pocos o ninguno son los accidentes registrados hasta el momento. En cambio, pensamos que la nueva medida impuesta por la UCI perjudica el espectáculo y vuelve a penalizar al ciclismo valiente y de ataque, que parece uno de los enemigos de las “cabezas pensantes” del ciclismo y de los “capos” del pelotón. Por supuesto que es una posición peligrosa y muchos pasamos momentos de pánico incluso al verlo por televisión. Pero el deportista profesional debe ser consciente de los riesgos que asume y, en situaciones como esta, sabe perfectamente cuál es el momento de tomarlos. Creemos que no necesita a “Papá UCI” diciéndole que frene si va muy rápido.

¿Cuál será la siguiente ocurrencia? ¿Prohibiremos los sprints para evitar accidentes? ¿Neutralizaremos todas las carreras en las que el pelotón tenga más de cien unidades a falta de 20 kilómetros a meta? ¿Pondremos límites de velocidad en descensos y tramos llanos? ¿Por qué no hacemos que todas las etapas sean cronoescaladas y así se acaba el lío?

Volviendo al tema que nos ocupa (disculpen la anterior reducción al absurdo), opinamos que el espíritu de la norma puede tener buena intención, pero rezuma cierto aroma a eso de «poner la venda antes de la herida», sin mucha reflexión al respecto. Quizás sería más comprensible un desarrollo más sesudo y pausado de esta medida. Por ejemplo, no sería descabellado prohibir ese tipo de posiciones específicamente dentro del pelotón o de grupos amplios. O, buscando opciones más originales, categorizar los descensos del mismo modo que se hace con las subidas o los tramos de pavés, pero basándose en el nivel de riesgo (dificultad técnica, estado del pavimento…). No es lo mismo hacer esa postura en un puerto de dos carriles y curvas abiertas, que en carretera descarnada con curvas ciegas y sin protección.

Veremos cómo se desarrollan los acontecimientos y a dónde nos lleva esta nueva idea de los regidores ciclistas. Será interesante ver cómo actúan los jueces, qué tipo de sanciones imponen y cómo reaccionan los equipos y los ciclistas. Y aclaro: digo los ciclistas, (que, por cierto, vuelven a llegar tarde) y no la CPA y sus evangelistas.

Escrito por Víctor Díaz Gavito (@VictorGavito)
Foto: @ACampoPhoto

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