Historia

La dura historia del Euskaltel Euskadi en 2013

Visto en perspectiva, el último año de Euskaltel en el World Tour tuvo una plantilla absolutamente increíble. Bien es cierto que algunos de esos corredores explotaron después cuando cambiaron de equipo, forzados por la desaparición de la escuadra vasca precisamente tras aquella temporada 2013. 

Se trató de un momento muy delicado por varias razones. El año comenzó torcido por el fichaje de varios corredores semi-desconocidos que sumarían puntos para conservar su posición en la máxima categoría. ¿Era necesaria dicha categoría? ¿Acaso dejaría de estar invitado a las grandes vueltas y mejores carreras por ello? Más allá del hecho de firmar corredores no formados en la cantera vasca, lo cual supuso un cambio repentino de política, se tomaron aquellas decisiones, que conllevaron la no continuidad, entre otros, de un corredor muy querido por la afición como Amets Txurruka. 

Un manifiesto firmado por varios de los mejores ciclistas históricos de la formación, así como la reacción negativa por parte de muchos aficionados, comenzaron a vislumbrar un giro desesperado ante el anuncio de Euskaltel para no continuar patrocinando al equipo profesional al finalizar 2013. Por si fuera poco, los resultados de aquella campaña no acompañaron en demasía y lo que de primeras fue un runrún, se transformó en una realidad incontestable. El equipo desapareció y algunos de sus corredores aprovecharon para despedirse del ciclismo profesional y cerrar junto al equipo una época donde el ciclismo vasco logró su máximo esplendor. 

No en victorias ni en presencia en carrera, sino en las cunetas, con una marea naranja que llegó a colapsar al Tour de Francia, cuya organización fue reacia durante un tiempo a programar etapas de fin de semana en los Pirineos debido a la excesiva afluencia de público, en su mayoría enfundados en camisetas del mismo color que el equipo al que apoyaban. La triste desaparición del equipo ayudó a que esa euforia por el Tour se relajase, aunque es inevitable que una afición pasional y amante del ciclismo siga acudiendo a ver la carrera francesa a pie de carretera. Por cercanía y porque son quienes han dado un color y un calor inolvidable a los meses de julio. 

Aquel 2013 la plantilla era muy buena. Ya no estaban Haimar Zubeldia e Ibán Mayo, que fueron sus grandes estandartes para hacer llegar al clímax a esta escuadra. Pero tenían al ya ex-campeón olímpico como gran bandera. Un Samuel Sánchez que ya no volvería a lograr los éxitos de antaño, pero que sí conservaba ese halo de gran estrella. Gran presencia en las mejores carreras, su triunfo en la Itzulia de 2012 culminó una carrera de éxito que le hizo obtener sus mejores días con el maillot del Euskaltel. 

Otros que necesitaban reverdecer laureles, pero que aún tenían un buen nivel, eran Igor Antón y Mikel Astarloza. A ellos se añadirían los hermanos Izagirre, que pasarían junto al vizcaíno a Movistar la temporada siguiente. De hecho, Ion venía de ser vencedor de una etapa en el Giro de Italia. Se vería después que era un ciclista con un potencial muy alto para dar presencia a su equipo durante todo el calendario, siendo más especialista en rondas de una semana que de tres. Ganaría brillantemente una de las etapas reina del Tour de Francia en 2016 ante Vincenzo Nibali. 

Aún muy jóvenes, Peio Bilbao y Mikel Landa, ahora peleando por podios en grandes vueltas, coincidieron en esta plantilla. Ambos unirían su destino en el Astana kazajo y posteriormente en el Bahrain. ¿Hubiesen podido conseguir los mismos resultados en la escuadra naranja? Hubiesen dado mucha consistencia al proyecto de haber logrado un nivel similar. Mikel Nieve era el que podía haberse convertido en el gran estandarte. Un ciclista de fondo, ofensivo, que sabía muy bien cómo filtrarse en esas escapadas que te llevaban a la victoria. Sabía, además, resolverlas de forma magnífica. Posteriormente un gregario de lujo en Sky y Orica, luciéndose cuando tenía la más mínima ocasión. Un escalador a la antigua, puro, que sale a relucir cuando el cuentakilómetros se dispara. 

Por su parte, también había hueco para velocistas. Lobato y Aberasturi han sido corredores muy activos que bien podían suplir la baja de Koldo Fernández de Larrea. Romain Sicard, ganador del Tour del Porvenir y a la postre uno de los más combativos del Tour o Egoi Martínez, un histórico del equipo, completaban un cuadro de ensueño con el que quizá no se elaboró un buen plan de trabajo. La presión añadida de la posible no renovación del equipo puso más palos en la rueda. El resultado, el ya conocido. Una mala temporada que se saldó con seis victorias (dos serían los nacionales de Grecia a cargo de Tamouridis) en carreras menores a excepción de la etapa de Samuel Sánchez en Dauphiné. 

En las grandes vueltas ni Samuel, ni Antón ni los demás lograron las cotas de otros años, con el equipo abocado a encontrar pocos motivos para seguir adelante. Finalmente no pudo fructificar la continuidad a través de Fernando Alonso, que intentó retomar la licencia del equipo, pero entre faltas de acuerdo y presuntas presiones internas a la UCI, los palos en la rueda fueron más fuertes que el viento a favor. 

Por suerte, parece que gente que siguió trabajando en la sombra en favor de recuperar a largo plazo un equipo histórico que ha aportado mucho al ciclismo va dando su fruto. A la participación en la próxima Vuelta a España, hay que añadir el bonito objetivo de conseguir estar presentes en la salida del Tour de Francia desde Bilbao en 2023

Escrito por: Lucrecio Sánchez (@Lucre_Sanchez)
Foto: Sirotti

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